lunes, 15 de mayo de 2017

DE MORILLAS ( JAÉN) A PLAÑEL ( ALBACETE).

Siempre he pensado que las encinas nos engañan, en realidad no son árboles, son personas, sus troncos que se agarran con potentes raíces al suelo representan a aquellos que se negaron a abandonar su tierra; las ramas, los que regresan a veces a recordar;  los frutos caídos, los que nunca retornaron.  Eso es lo que imagino tras largas horas de paseo a solas por la inmensidad de estos Huecos de Bañares. Entro en ellos de vacío y me vengo cargada de añoranzas, de lo que fueron y aún estoy intentando comprender.
Sin embargo ahora es distinto, algo ha cambiado en mi forma de percibir estos añosos lugares. Antes tenía que dejar volar la imaginación y como cuando era niña, reconstruir estos mundos particulares con la fuerza del cariño, con ese apego que siento hacia lo que en ruinas resiste con ese sentimentalismo que me sugieren.  Quizás no tendría sentido lo que hasta entonces había hecho, una pequeña aportación en forma de testimonio fotográfico, así me lo encuentro, así lo véis. Pero ocurre que hallar testimonios humanos, de ésos que con las palabras de su emoción reencontrada son capaces de levantar muros, de celebrar fiestas y bautizos, de devolver al árbol todas y cada una de sus partes...,esos son los que cimentan de nuevo las paredes derrotadas con la memoria de los recuerdos. Porque la charla bajo un ciruelo, atenta a lo narrado por dos de los que allí habitaron es para mí la mejor forma de reconstruir el pasado.
El tiempo vuela sin que nos demos cuenta, el tiempo que nos hace envejecer, que nos saluda de lejos porque creemos que en la distancia no nos alcanzará el equívoco de la despedida. De alguna manera seguimos en la tierra, como tronco,  como rama...pero algunos son también semilla, su palabra germina hoy en esta entrada y permite que se vuelvan a celebrar las reconocidas y añoradas fiestas de San Isidro en Cañada Chica y de eso hace ya muchos años. Ayer sentada bajo una enorme encina mis ojos recorrían las eras, los muros, se estrechaban por los huecos que cerraban éstos y los bancales henchidos de carrascas.  Era la única visitante de ese espacio que en otro tiempo era ocupado por voces de jolgorio y alegría, porque lo veo inmenso y silencioso y debió ser único, irrepetible. Solo el calar de la Sima como telón de fondo de aquellos sonidos que resonaban contra sus paredes podría devolvernos el eco de una música que hoy cuesta imaginar. Dicen que lo que se dijo, se cantó, se susurró...queda para siempre. Demos una vuelta por Cañada Chica, en algún lugar se esconden.




Hoy por fin puedo presentar en toda su extensión esta pista que une Jaén con Albacete, que me permito iniciar en Morillas, la entrada a Los Huecos de Bañares. Y que en un recorrido, a veces a la inversa y con dos viajes distintos en el tiempo,  me hace completar este largo recorrido que sin coche de apoyo ni con suficientes horas de día sería imposible realizar, más si cabe si se intenta visitar todas las cortijadas que se acercan al camino, puesto que las que están alejadas, medio escondidas por un mar de pinos entremezclados por encinas, daría para más visitas.  



Una suerte de viajes que con el tiempo quisiera completar, puesto que aún los más aislados tenían su sendero que permitía comunicarse todos por un mismo camino, que aún no he podido recorrer.



Aún me pregunto si es necesario acabar de ver un lugar tan amplio de miras, tan increíblemente hermoso.



Esta larga pista se hizo cuando ya apenas quedaban habitantes.



Antes sus gentes con las caballerías recorrían tortuosos caminos que hoy nos resultaría imposible de comprender cómo era su día a día.



Hoy las fuentes están canalizadas.



Pero las eras están vacías de sueños y mieses.



Las flores abrazan los restos de madera que ya sin uso es parte de la tierra que enmudece.



Calles desoladas que caen a plomo por el silencio impuesto.



Árboles que se dejan abrazar por parras huérfanas de asideros.



Pero las jaras siguen siendo besadas por las abejas.



O es mi imaginación o las encinas se me vuelven cuchicheando tras mi paso.



Son las montañas que conforman este valle, que regado por varios riachuelos,  imprimen profundidad a un barranco que dará aire e impulso al arroyo de la Espinea.



Valles fértiles que ayudan a prosperar al Collao de la Fuente.



Primavera en flor recién regada por las últimas lluvias de mayo.



Encinas y viviendas que cohabitan con cariño.




Si escalar fuera mi afición...



...no me podrían bajar de tus cumbres.



"Aún quedan restos de las eras donde subíamos a trillar. Difícil era el camino, imagínate cómo sería descender con las mulas".




Este enorme charco es el que me brinda la idea de hacer este viaje a la inversa. Hoy no habrá vuelta al inicio mucho antes de llegar a Morillas, hoy me permito continuar camino hacia Plañel.



Las ovejas de Javier pacen tranquilas en la inmensidad de este valle, de fondo el Collao.



El calar parece contemplarlas como un gran mastín a su cuidado.



"La de la izquierda era la tienda de la aldea, aquí vendía Benedicto. Los últimos dueños fueron Gregorio y Fuensanta. Tenían de todo, comestibles como mermeladas caseras, conservas y dulce de tomate, la meloja hecha con calabaza,  verduras, huevos...incluso se vendían hilos. Bebidas como la mistela, el aguardiente, el vino. 
¿Qué no sabes lo que eran las ciruelas empapeladas? Recién recogidas se envolvían en papel de periódico, no veas cuanto tiempo se conservavan así y lo buenas que estaban. Como los pimientos verdes que se enterraban en paja.
Cuando dejó de celebrarse San Isidro en Cañada Chica, se hizo unos años aquí. Recuerdo que se ponían los puestos en la puerta"




Lola descansa ajena a nuestras conversaciones.



Me maravilla el empedrado de la aldea y lo bien que se conserva.




"En esta artesa, que hoy ves del revés pués se usa de banco, me metía para machacar la uva"- me cuenta Javier.



"La fragua se hundió, aquí se herraban los animales, se hacían útiles para el campo, los cucharones, las sartenes, las trébedes, los clavos...y se restañaban los cacharros de la cocina"



"Aquí teníamos nuestro columpio de niños"




Me indican como acercarme a los cortijos de La Erica y a Las Tejeras, he de llegar al barranco y podré verlas.



Consigo llegar a La Erica apenas visible por el mar de pinos.



Aún conserva el horno en perfectas condiciones.



Como todos los cortijos, tiene un enclave especial.



Sin embargo no podré llegar a Las Tejeras...



...tendré a la vista sus frutales, sus ruinas, pero dudaré a la hora de tener que ascender por el empinado barranco. 
Además tengo pendientes otras cortijadas que están cercanas a éstas, en otra ocasión será.



Continúo mi camino pensando que pocas cortijadas tienen un entorno tan espectacular.



El cortijo de Rueda rehabilitado.



Con ésta es la segunda vez que visito La Taina, imposible olvidar las enormes encinas que la arropan.




Se presenta dividida en dos núcleos por la pista. Esta es la de arriba, sus encinas son de mayor envergadura.
"Aquí vivieron Aurelio y Claudio, Liberato Martinez, Angel Martinez y Juana Lozano con sus respectivas familias"



Siempre me impresiona la solidez de su emplazamiento, parecen pequeñas fortalezas que a veces cuesta trepar hasta ellas. Me cuesta imaginar a los ancianos accediendo a sus casas, es obvio pensar que estarían bien adaptados o más sanos que ahora.



La bonita fuente lavadero.



Y el detalle para apoyar el cántaro o el cubo.



Hace tiempo que no corre el agua y el arroyo fluye lejos.



El ailanto también siente predilección por esta bonita cortijada.



Abajo, más ruinas...



...acompañadas por las encinas...



...son como estilizadas danzantes que intentan escapar del baile con sus raíces sobresaliendo de la tierra.



Adoro las encinas, no solo por su sombra permanente, su altura y envergadura...



...también por el hecho de que eran la base y sustento de muchas familias, las bellotas para criar los cerdos, su madera para combustión y para fabricar utensilios.



Qué bonita la Taina y su circo de montañas. 



Y ahora que estoy llegando a Cañada Chica, como si fuese un habitante más de alguna de las cortijadas de Los Huecos que quiere llegar a la romería, me viene a la memoria que solo en una ocasión he asistido a un acto festivo de esta índole y fue precisamente para San Isidro...



...hoy día 15 de mayo se celebra en muchos lugares esta afamada romería.



Las eras y al fondo la ermita de San Isidro. Ellas y yo a solas.



Me siento cerca de ti, te necesito para recomponer viejas historias, removamos al silencio, saquémosle fuera y pongamos nombre a sus gentes...



"En Cañada Chica vivían las familias de Gregorio Pérez, las de Antonio Gonzalez, Celedonia y Germán, Teodoro y Amada, Matías y Mariana y Gregorio Gonzalez que fue el que se casó con la maestra Dª Isabel"




"No había fiestas como las de San Isidro que reuniesen a tanta gente, acudían de todas las cortijadas de Los Huecos hasta de Plañel, Alcantarilla... Se ponían muchos puestos, de dulces, turrones, bebidas, platos, cerámica, útiles de ferretería..."




"Había dos pistas de baile, por delante de las casas de arriba y de las de abajo. Se celebraban a la vez, venían con guitarras y un acordeón.
Se hacían concursos de biale, se jugaba a la brisca...
Duraban dos días. Por la noche se alumbraban con candiles y faroles.
las piezas eran pasodobles, mazurcas, jotas andaluzas, malagueñas, sevillanas..."




"Para allanar las pista de baile traían mucha arena que mojaban y así tapaban las piedras.
Entre los huecos de las casas se colocaban arcos de sabina adornados de flores"





"Imagínate los viajes que tenían que hacer los de los puestos para poder ir trayendo cargas de comestibles o de cerveza que era lo que más se consumía. Aunque también se bebía aguardiente que se obtenía aquí gracias al alambique"




"Siempre se invitaba a la Guardia Civil, recuerdo al cabo Rodriguez. Junto con el cura, se quedaban en casas para dormir y comer.
También acudía Socrates, el fotógrafo, desde Siles"




"Al fondo en el Miravete, en ese hueco que ves está el candil, una piedra con esa forma de la que mana un hilillo de agua, hasta allí subíamos de niños a jugar"





"Se engalanaba la ermita, la portada con una sábana blanca y flores como lirios, lilas y rosas.
El olor en el interior era espléndido.
El día 15 por la tarde era la procesión, daban una vuelta por la aldea y regresaban al templo"



"Se sacaban la imagen del santo y de la Virgen. Les hacían arcos con flores"




"Se pujaba a la salida y a la llegada de la ermita. El que ganaba, elegía a las cuatro personas que llevarían las andas"



"Las fiestas duraban dos días, el 14 y el 15. Ya que venía el cura se aprovechaba la ocasión para celebrar también comuniones y bodas. Y hasta bautizos, como el de Javier"




"Un recuerdo especial para mi tía Juana Lozano que asistía como cocinera a todos los actos, sobretodo bodas, iba hasta a la Peguera. Y a Predestinación, la modista de la aldea, cosía los trajes a las novias, era muy hábil"



Enmudecen los ecos del pasado, de la fiesta, como si las luces del día devolvieran a todos y a cada uno de ellos a su lugar de origen...



Busco el cementerio, en la segunda vuelta me lo encuentro, protegido por elevados pinos.



Algunos se quedaron aquí, en la tierra que los vió nacer.



Prosigo mi camino, el agua me acompaña con un estruendo que me hace sentir menos sola.



Cojo un desvío a la derecha, primero me encontraré con una tiná en ruinas.



A la izquierda, siguiendo el curso del arroyo, La Espinea de Abajo, la que tiene más cerca el agua y las montañas.



Ahora recreándome en tus ruinas, me doy cuenta que olvidé preguntar por tu pasado.



En ti he visto restos de cables y el agua fluye tan cerca de tus muros...



...que no comprendo el porqué te quedaste desamparada.



Disfrutas de unas vistas soberbias y de unas ruinas como afligidas.



El vandalismo hizo estragos con tus entrañas.



Un delicioso camino entre encinares me acerca al río, prefiero llamarlo así, de La Espinea. Fíjate, además lleva tu nombre.



No encuentro como sortearlo, así que postergo esta iniciativa para otra ocasión, al otro lado hay otro cortijo. Y no lejos de aquí,  Las Lagunillas.



Entre grandes piedras y bien anclados los muros, las encinas os sostienen.



Abajo, un horno. Qué cerca tenían el murmullo del agua. Remembranza de pan y baño.




Me despido y cojo el camino contrario, el que me acercaría al molino del Rubial, pero hoy anda el agua crecida y con la intención de impedirme el paso. ¿Será por que quieras que regrese?



Asciendo hacia la pista, voy a adentrarme en la zona más abrupta de Los Huecos, allí donde habitan el vértigo y los buitres.



Si no me equivoco al fondo debería intuirse esa pista que cogían los niños de Royoseco para acceder a la escuela, los arrieros que quisieran llegar hasta la Peguera, el padre de Javier para arreglar los olivares.



Me asomo entre el asombro de un niño que teme a un gigante.




Y es justo aquí cuando la subida se te queda en la garganta sin hálito que te corresponda cuando...



...ves Los Centenarejos y su imposible ubicación.




En Los Centenarejos y en La Espinea cuidaban olivares, en ninguna cortijada más.
Cuidaban tierras en otras zonas.



Una pista a la derecha me lleva entre encinas y pinos a esta bellísima cortijada.



"Aquí vivían las familias de Prudencio, Luis, Vidal y León"




Cuesta entender de qué vivirían aquí, aparte de los olivos y la ganadería.



En este lugar lo primero que te viene a la mente es que si tropiezas caerás al vacío.
Pero te deleitas con las vistas con cierto temblor que se reafirma cuando te vas acercando a los límites de los canteros.



Y sin embargo he oído que hasta en los lugares más inaccesibles cultivaban.



Y frente a frente Royoseco.




Vértigo es la palabra del inicio. Me voy ganando su confianza. Acabaré sentándome en el filo de esta mole para comer algo mientras pienso en lo complicado que debió ser vivir aquí.



Una bonita calle, casi limpia de escombros.



Al menos una de las pocas puertas que resisten, un logro.




Contrafuertes para ganar la batalla a la tierra inclinada.



Hoy no se sabe construir así o quizás no se quiera.




La fuente abrevadero junto a las eras.



Una vez en la pista una última mirada hacia este lugar increíble.



La siguiente sorpresa es un lavadero, según consta con fecha del año 1965, en la pista a la izquierda, casi enfrente, una balsa.



Obstruído en la boca, mana por una grieta. Musgo y sándalo lo decoran.



Precioso, un buen lugar para detenerse.




Mientras me alejo, sé que me despido de Los Huecos de Bañares. En algún punto entraré en la provincia de Albacete, por suerte no hay carteles que lo indiquen, ambas provincias comparten naturaleza, sus gentes, sus vivencias...para qué poner  límites.



Ya muy cerca de La Alcantarilla (Albacete) me encuentro con esta cortijada abandonada.



Más tarde sabré que se llama La Umbría de Marín.



Entre hortales y granados duermen sus casas vacías.



Paredes de piedra encaladas, resto de cableado, una parra que daría buena sombra en verano...



Se divide en dos núcleos, a ambos lados de la pista.



Ya veo la última casa de La Alcantarilla de Arriba, al fondo, la inmensidad de montañas que comparten las dos provincias.



Un bello emplazamiento para este pequeño pueblo de tan solo 11 habitantes.



Descendiendo me encuentro con la noguera "tumbá" junto al arroyo que baja caudaloso. De la izquierda parte una preciosa ruta a la "cueva del agua", la cual visité, una excursión con algo de desnivel, muy recomendable.



El calar de la Sima, imponente.




Regreso por la ruta 10 que une La Donal, Plañel y Alcantarilla, circular de unos 7 km que aconsejo hacer, como tantas otras que tiene Yeste y alrededores, muy bien señalizadas.



Y acabo en mi plaza de Plañel, lugar de encuentro con Antonio y Julián, muy buena gente.



Plañel y su maravillosa ubicación.


15 de mayo 2017.


Es como indiqué al principio una ruta a la inversa. Desde este pueblo albaceteño  accedí en marzo hasta Cañada Chica. Ahora en mayo desde el cortijo de Navaespino (Jaén),llegué nuevamente hasta Cañada Chica, se trataba de una necesidad imperiosa, se acercaba San Isidro, quería revivir con los recuerdos de aquellos que he ido encontrando en mi camino las fiestas que se celebraron hasta los años 70.
La suerte que deviene en memoria que despierta, me llegó de la mano de personas afables que he tenido la inmensa suerte de conocer, como Antonio Rodriguez nacido en Cañada pero que vive en Plañel, Julián Garcia de este mismo pueblo pero habitual visitante de estas fiestas, ambos en mi visita a su pueblo ya me hablaron de esta gran romería.  Prífilo nacido en La Taína, buen conocedor de la aldea y su encantadora esposa Ramona y como no, Javier nacido en Cañada Chica, con su inagotable memoria va dándole forma no solo a su aldea sino a las demás de Los Huecos, sin sus palabras hoy seguirían vacías, solo intento plasmar lo que oigo, el mérito es solo de ellos.


Va dedicado a todos los que un día como hoy se reunían en esta fiesta para compartir y celebrar esa unión de la que hoy solo queda un ligero velo, como las nubes que me acompañan en mi camino, aparecen y más tarde se liberan, escapándose a ese rincón donde habitan los sueños de aquellos que tuvieron algo en común, la sabiduría para hacer de sus trabajosas vidas un empeño diario, la ilusión por sacar adelante una familia y como no, esa fiesta que quizás algún día, como ocurre en otros lugares, pueda regresar para reencontrar a los que partieron.

Y para acabar esta larguísima entrada...¡Feliz cumpleaños Javier!.