"Hace tres milenios, en un país donde ardían las arenas y los videntes abundaban, sintiendo pasar el tiempo como pasan las nubes por el cielo, las sombras en invierno o la broza en la corriente del río, un patriarca comprendió que nada a nuestro alrededor es inmutable, que la invariabilidad de las cosas es una ilusión impuesta por nuestra condición efímera, que las montañas se desmoronan, las rocas cambian de lugar, las aguas desgastan las piedras, al polvo se lo lleva el aguacero y las avalanchas rellenan las fosas y los mares"
Julio Álvarez Rubio.
"Babia y Luna"
El año pasado mi hijo se empeñó en que le acompañara en un nuevo viaje. Tanto él como yo desconocíamos que sería el último, (concebido como lo que fue en otras ocasiones en los que pudimos compartir largas travesías). En el transcurso de esos diez días intensos, (porque todo fue así, aprovechando las horas del día hasta el límite, desde que amanecía hasta el anochecer, sin descanso, sin tregua, solo media hora de asalto a algún restaurante), vimos "medio mundo" mientras la otra mitad nos aguardaba en los estantes de mi biblioteca. Eché de menos esos bocadillos al aire libre, encaramada a algún risco, con la excelsa pantalla de unas montañas moldeadas por milenios de erosión, a solas, ellas y yo, como acostumbraba a viajar a menudo.
Precisamente en esta ruta supe que ya no habría continuidad. La escogí la noche anterior, trazado fácil, sin apenas pendientes y poco más de 10 km en total, ¿no iba a ser capaz de hacerla?
-Vas muy lenta, mamá-me decía mi hijo.
-Es que me gusta detenerme a contemplar el paisaje-le contestaba.
Esa fue la tónica en todo el recorrido. Luego piensas en que viajar sola es lo más factible, a tu ritmo, sin interrumpir a los demás. Pero él, con su paciencia infinita, me esperaba. Así son los hijos, por lo menos el mío. En mi caso fue él quien me enseñó a hacer algunas trepadas. -Pon aquí las manos. No mires hacia abajo. Y él fue quien un buen día me dijo aquello de tu puedes viajar sola, dándome la confianza que desconocía tener. Cuánto le debo.
Así que este verano, cuando sentía como tantos otros años la necesidad de planear un viaje, lo hago a resguardo de inclemencias, fuera de los peligros de las carreteras, desde mi casa, con un libro maravilloso que lleva conmigo unos cuantos años. Cuando me preguntan a dónde iré, les contesto que me voy a "Babia y Luna" con Julio Álvarez Rubio. Es la tercera vez que leo este libro. Una lectura que te transporta directamente cerca de Peña Ubiña, a la que nunca subí y a los recónditos pueblecitos que, encajonados entre montañas, voy marcando en un plano que he colocado a modo de cuadro en el salón. Este año viajo desde y en casa. No me planteo el futuro, ¿para qué?
No hay que buscar medida a lo que ya no puedes hacer, mide lo que hiciste y si aún no te has decidido, no pierdas el tiempo.
Me he permitido la libertad de "adueñarme" de textos que aparecen en su libro, bellísimo libro, que aunque describa a Babia y a Luna es posible hacerlos extensivos a otras comarcas de León. Así que mientras el camino de Wamba discurre por el término de Puebla de Lillo, sus palabras quedarán selladas a los pastizales, a los meandros ahora secos, a esa fila abrupta, sin orden ni concierto de montañas que te secuestran la pena mientras las admiras. Somos pequeños ante tanta naturaleza. León te lo entrega todo.
"El punto de partida del recorrido se encuentra en las cercanías del llamado Puente de Wamba, por medio del cual la carretera salva, en una curva cerrada, la cárcava por la que fluye el arroyo Los Fornos hacia el río de Isoba...
(En negrita lean, a mi par, lo que dice el folleto).
En este lugar, se toma una pista de tierra que sale de la carretera en dirección al arroyo.
Camino de Wamba. PR-LE 46:
-TIPO DE RECORRIDO: lineal.
-PUNTO DE PARTIDA: Puente de Wamba (San Isidro)
-PUNTO DE LLEGADA: Collada del Acebal.
-LONGITUD: 5,3 km (ida)
-DURACIÓN: 1 h. 30 min. (ida)
-DESNIVEL: 260 m.
-TIPO DE CAMINO: pista de tierra.
-USO RECOMENDADO: peatonal y cicloturista.
-DIFICULTAD: baja.
-ÉPOCA RECOMENDADA: verano.
-SERVICIOS: en San Isidro, en la Venta de San Isidro y en Isoba hay establecimientos hosteleros que ofrecen restauración y/o alojamiento; muy cerca del punto de inicio de la ruta está el área recreativa de El Praíco, de la que parte la senda PR-LE 26 al Lago Ausente.
-APUNTES: no se encuentran fuentes a lo largo de la ruta, aunque en el collado del Acebal nace un arroyo; al ser un recorrido de alta montaña conviene llevar ropa de abrigo y utilizar un protector solar adecuado; entre otoño y primavera la ruta puede estar total o parcialmente cubierta de nieve.
-MÁS INFORMACIÓN: Casa del parque Torreón de Puebla de Lillo (987 731 091) y Valle del Porma (987 731 333)"
Con nombre de rey visigodo, el Camino de Wamba era una de las rutas históricas que salvaban la Cordillera Cantábrica comunicando la meseta castellana con el centro de Asturias. En este caso constituía un trazado alternativo al itinerario más importante y concurrido que cruzaba por el Puerto de San Isidro.
Las semillas del agracejo aún no estaban disponibles para recolectar.
Inmediatamente comienza una subida entre piornos, dejando a la derecha una hilera de antiguos invernales. La pendiente termina al salir a una majada en la que aún se puede ver una caseta abandonada.
Aquí me detuve porque vi un serbal de los cazadores, un árbol majestuoso.
Y aquí, tras volver a leer lo que dice este folleto que con tanto acierto crean para los parques de León, me permito aconsejarles que los adquieran en las casas de los parques y a la vez disfruten de todo lo que les enseñan estos lugares tan perfectamente habilitados.
En la cercana Puebla de Lillo encontrarán la del Torreón y la del Valle de Porma y en el pueblo de Lario, Valdeburón. Las tres casas del parque las conozco de anteriores visitas. Es el primer encuentro que deben hacer, las presentaciones, un lujo de espacios. Antes de predisponerse a caminar.
Porque al final la vida son los caminos que emprendimos. No los que dejamos de hacer.
Habíamos dejado atrás la cadena montañosa que deslumbra en el puerto de San Isidro. Y tras los piornos, comenzábamos a ver la que nos aguardaba.
El horizonte se iba colmando de montañas. Comenzaban a arrebujarse.
Desde este punto sigue un tramo llano, que discurre algo elevado sobre el cauce del arroyo de Los Fornos por una zona de monte bajo de brezo con enebro rastrero. El arroyo se cruza un poco más adelante, cuando el camino abandona la Vega Los Fornos por medio de un corto repecho que le permite superar la divisoria con el Valle Los Pozos.
Ya se habrán dado cuenta de que, si bien en un principio trataba de caminar a la par que Wamba, no llevo el ritmo de lo que nos explica el folleto. Voy, como se suele decir, a mi aire. Solo trato de que sepan lo que se encontrarán.
Evocador trazado que muestra su antigüedad.
"...Wamba, monarca visigodo que reinó entre los años 672 y 680, sucesor del rey Recesvinto, y en cuyo reinado tuvo que sofocar distintas rebeliones que se producían en el norte de la cordillera cantábrica. Los historiadores consideran posible que este paso de montaña fuese utilizado por sus tropas para acceder a alguna de las zonas donde combatiría alguna de esas revueltas..."
Vicente García y Marce Fernández.
La Nueva Crónica.
"...caminos o veredas por donde transitaban ganaderos, feriantes, arrieros con sus bestias de carga, trajineros con sus fardos al hombro y viajeros a pie con sus diversas motivaciones..."
Julio Álvarez Rubio.
Al otro lado se avista una magnífica campera surcada por los retorcidos e inverosímiles meandros de un arroyo. Esta corriente, que llega a secarse en el verano, cruza bajo nuestro camino para ir a morir en una sima a los pies de la loma que le cierra el paso hacia el cercano cauce del arroyo de la Aliviada.
"...las muelas del hielo antiguo y la constancia del agua labraron, entre los estratos alineados de noroeste a sudeste, una sucesión de vallejos contiguos, más bien ondulaciones, por donde suben caminos y senderos de pendiente piadosa bordeando prados y atravesando pastizales hasta alcanzar parajes cercanos de gran belleza"
Julio Álvarez Rubio.
"Este lugar merece ser visitado en todas las estaciones: cuando los espinos y agracejos motean de rojo la campera otoñada, cuando la nieve evoca los tiempos de la gran glaciación o en los meses brillantes del deshielo verde. También en verano, aunque entonces conviene elegir los extremos del día que realzan los perfiles y alargan las sombras o, mejor todavía, las noches fantásticas cuando la luz lunática espabila los duendes en la sierra..."
Julio Álvarez Rubio.
Retomando la marcha, sigue un nuevo tramo de subida que va girando progresivamente hacia el este dando vista a la cabecera del arroyo de la Aliviada. Un Zig-zag final lleva al estrecho paso del Acebal, que establece el límite con Asturias.
Estamos en Caso, quien nos iba a decir que tras aquel verano que pasamos en el Parque de Redes, donde hallamos nuestro primer "lugar en el mundo", volveríamos a vernos las caras para, de nuevo, dejarnos sobrecoger.
Al otro lado del collado existe un refugio bien cuidado en una cabecera que abre la vista hacia los valles y cordales del Parque Natural de Redes. El Camino de Wamba seguía desde aquí faldeando sobre el Monte Redes para bajar por la Felguerina y Caleao hacia el valle del Nalón, donde establecía contacto con otras rutas más transitadas hacia la costa y el centro de Asturias"
Folleto.
Estar en León o estar en Asturias, qué mas da. Sentirse ahijado de ambas, compartir su territorio, sus veredas, sus accidentes geográficos y soñar de nuevo, en mi caso, que regreso al montañismo.
Y es que tener tan cerca la montaña te alarga la existencia. Y las cicatrices dejan de doler.
No es mi camino, es el de todos. Nos vamos para luego regresar. Avanzamos para después retroceder y, mientras tanto, el paisaje se abre como nunca lo había hecho antes. Te lo hace creer mientras lo estás contemplando, luego quedará esa huella aparcada en la memoria y ese eterno deseo de volver.
La simbiosis entre estas provincias es de una magnitud apabullante.
Encuentro en google un blog: Rubén Wanderlust y una entrada: "San Isidro- Camino de Wamba-Peña del Viento"
Todo excepcional. Porque nombra todas las elevaciones que ve desde la cima de la Peña del Viento. Siempre me ha resultado admirable que alguien sepa cuál es el nombre de cada montaña. Lean:
"Peña Los Fornos, Pico Cascayón, Pico Valmartín, Pico Torres, las montañas de San Isidro, con el Pico Toneo, Pico Agujas, Pico Cuerna y Pico Redondo, las citadas Peña Requejines y Peña Ausente, las agrestes caras norte de Peña La Rapaína y Peña La Rapaona, las montañas de Vegarada, el macizo de Ubiña, Peña Ten, Pico Tiatordos, los Picos de Europa, con Torre Santa asomando hermosa..."
Sin palabras.
Ahora envidio a todas las rapaces que trato de catalogar en la tierra donde habito. Con sus alas para proyectarme hasta lo más recóndito de Brañagallones, sin su miedo venciendo mi vértigo.
Y es que precisamente aquí sucedió lo imprevisto. Cuando crees que vas a poder seguir te frena el vértigo, te encarcela y ya no puedes continuar. Una imagen vale más que mil palabras, observen la pendiente. Y aquí me quedé sentada, como pude, sin poder moverme. Con la de veces que he estado en peligro y a solas y sin embargo tuvo que sucederme aquí y con mi hijo. El siguió en busca del Lago Ubales, que es de origen glaciar y que se encuentra a 1.620 m. Ya inmerso en el Parque de Redes y regalando unos kilómetros más al senderista.
Lo vi alejarse y me vino el recuerdo de aquella ascensión que hizo con apenas 14 años, el solo, al pico Mentiras en nuestro Jaén. Una vía nueva, un sendero sin señalizar y una espera tan larga como una noche de insomnio. Cuando descendió lo encontré maltrecho, como si se hubiera enzarzado en una pelea con el pico, pero tan feliz que ya nunca dejó de ascender montañas.
O te vence el miedo o te adopta el monte.
Y mientras tanto, quien subscribe estas letras, hacía un detenido barrido por cada montaña, por cada cresta, por cada ladera, como si a mi vez estuviese ahí abajo adentrándome en los caminos de Asturias.
Y sentí rabia y dolor porque en otras circunstancias, en años anteriores, hubiera sido capaz de seguir esa vereda. Sin agotarme, sin temor a nada.
Pero esta vereda seguía ganándome la partida y me inmovilizaba a su estrechura.
Les cuento todo esto porque así sucedió y porque ni sé cuánto tiempo tardé en volverle a ver, caminando sin miedo con esa agilidad que le caracteriza.
Y porque fue esa alegría de saber que volvería a verlo, que no lo perdería, cosas de madre, y con una nueva mirada ya llena de expectativas como si mi sueño fuese a emprender el vuelo, como si fuera uno de los milanos que suelo admirar, me imaginé sobrevolando este paraíso.
Sobrevolando...
Continúo...
A su llegada me contó lo que me había perdido. Yo no le hablé de lo que había ganado pero a mí no me importaba, quizás era la primera vez que había contemplado con tanta nitidez y con tanto tiempo vuestras crestas, montañas mías.
Y sin embargo el quiso cederme algunas imágenes, las que verán a continuación, para que entendiera lo que me había perdido.
Sus fotografías. Gracias, hijo mío.
Ya de regreso fotografié el quitameriendas o azafrán silvestre.
Me detuve de nuevo en la collada del Acebal con una pena infinita, porque había perdido mi última oportunidad de adentrarme en Redes por este bellísimo paso.
A la vuelta, las vacas miraban con curiosidad, se ve que están mas que acostumbradas a las visitas.
"...en cada generación de todas las familias del pueblo hubo alguien que gastó su vida en el cuidado de rebaños empezando como zagal y subiendo peldaños en la carrera: sobrao, persona, ayudador, compañero y ramadán hasta llegar a mayoral"
Junio Álvarez Rubio.
Hay ciertos pasajes en los libros que alumbran nuestros caminos, que fabrican sueños, que imprimen sentimiento y abrigan el deseo de que todo cambie a mejor o por lo menos detenga el empuje de los años.
"En general, los nombres fueron motivados por cosas, circunstancias o sucesos olvidados hace mucho en el trastero de los siglos. Son infinidad los que tienen su origen en lenguas arcaicas. Con el tiempo, todos se deforman y acaban extraviando su sentido. Para evitar ese quebranto está la etimología popular, ciencia antiquísima, ocurrente y atrevida que renueva los nombres, reinventa sus significado y así redime lugares condenados a desaparecer de los mapas"
Julio Álvarez Rubio.
27 de Septiembre del 2025.
Dedicado a todos los escritores que consiguen con sus libros, como Julio, mantener la ilusión y hurgar en la esperanza.