"Corría el año 1918. Fue un domingo de septiembre por la tarde cuando comenzó todo. El cielo veía rota su monotonía azul por una blanca y solitaria nube suspendida sobre la ermita de Burgohondo. El verano aún tenía algunas jornadas que ofrecer y el pueblo de Ochate, ajeno a los avatares de la gran guerra europea y a las carnicerías de las trincheras, vivía las horas de la luz tranquila, los minutos dorados que restaban hasta el toque de oraciones..."
Elías Rubio Marcos.
"El año de la gripe y otros relatos burgaleses"
Llegamos a Ochate para comprobar tal como es en la actualidad. El vacío inexorable que se produce con el tiempo es difícil de rellenar, en lo que respecta a las construcciones que aparecen en ruinas. Pero gracias a escritores como Elías Rubio Marcos y su libro: "Burgos, los pueblos del silencio" es posible el milagro de devolverles la vida, ir llenándoles de recuerdos, de esa memoria colectiva que si no se reescribe, se perderá. No es igual caminar entre ruinas que nada nos dicen, en apariencia, que hacerlo con las palabras de quien conoce a fondo los despoblados de esta bellísima provincia.
Quise imaginar que accedía a Ochate desde la cercana Imíruri.
Aunque solo caminamos un trecho, nos ayudó a intuir, la única forma que conozco, un poco lo que sentían los que regresaban a su pueblo tras jornadas de laboreo, pastoreo...o para visitar la ermita de Burgondo que tanta devoción tuvo entre los pueblos de alrededor.
En Wikipedia leemos que en 2024 existían 104 pueblos deshabitados en la provincia, incluían algunos que fueron despoblados en la Edad Media. Llama poderosamente la atención que en el condado de Treviño, existieran los siguientes:
Arceina, Arna (deshabitado en 1770), Atazabal, Berguisona (en el siglo XIII), Bustia, Caricedo (mediados del siglo XX), Doso, Faido (en 1828), Franco de Yuso, Galbarin, Granado (siglo XIII), Gueruca, Gurbandiz, Lezana, Meana, Nunuri, Piedrahíta, Pociela, San Martín, San Vicente, Sebastián, Taraita, Uralde, Uríbarri, Uzquiano de Suso, Valderrutia, Zahar.
Un total de 27.
Septiembre toma su recta final y sigue llevando agua el arroyo Goveloste.
Tras una empinada cuesta llegamos al pueblo. Llegar y salir se confunden a diario. Idéntica entrada para regresar, la misma para escapar, para despedirse, quizás con la esperanza de regresar alguna vez. Esta impronta que se transmite de padres a hijos, como las tradiciones, en algunos despoblados ha permitido que vuelva a tener ocupantes. Se llama nostalgia y crea una marca indeleble que no se puede borrar.

Ochate es uno de los pueblos malditos de España. Imagino que será de noche, como en tantos otros lugares despoblados, cuando los ruidos asustan. Siempre pongo la comparación entre ver una película de terror con o sin música. Lo cierto es que existe bastante información acerca del avistamiento de ovnis y otros fenómenos paranormales. Para mí lo siniestro son las "pinturas" que dejan quienes no respetan nada. Esa torre que resiste, eso sí que es un misterio, y que debería ser respetada, como cada pueblo que hemos ido viendo salvajemente agredido por quienes ni saben de arte ni sienten respeto por lo que no es suyo.
Siempre es triste este manido tema.
Pasemos a conocer lo que Elías Rubio nos cuenta en su libro, un imprescindible en nuestra biblioteca.
"Mediado el siglo XVIII y según consta en el Catastro de Ensenada, Ochate era un lugar de señorío bajo el dominio del conde de Treviño. En lo eclesiástico estaba dentro de la diócesis de Calahorra.
Era por entonces, como lo fue siempre, un caserío insignificante, contaba con tan solo cuatro casas habitables. En ellas vivían tres vecinos y una viuda, más el pastor del ganado mayor, cada uno de ellos con varios hijos, sumando un total de veintidós almas.
Tan exiguo vecindario se ocupaba en el labrantío de sus tierras de secano (trigo blanco, valenciano y comuña, y cebada, avena, alholvas, habas y arvejas), manteniendo también una porción de ganado (vacas, novillos, ovejas, machos, bueyes y cerdas de cría)
Aquí es prioritario explicar determinados términos, lo hago por mí; luego, por ustedes.
La comuña es trigo mezclado con centeno. La alholva es una leguminosa conocida también como fenogreco.
Las arvejas son otro tipo de leguminosas más comunes por otras zonas de España.
Pasados cien años, el caserío aumentó hasta siete casas y siete vecinos, con un total de veintiséis almas (Diccionario de Madoz).
Presidía tan importante urbe el esbelto campanario de la iglesia románica de San Miguel, el mismo que todavía hoy anuncia a todos los vientos que un día existió en este lugar el pueblo de Ochate.
Aunque en un principio cuando llegas a un pueblo deshabitado, como éste en concreto, te llevas una enorme desilusión, por lo poco que queda, lo cierto es que todo es cuestión de caminar, siempre lo es, para ir "desenterrando" lo que la vegetación ha ido incorporando a su territorio. Además está más limpio de lo habitual, puedes acercarte a cualquier ruina. Obviamente aquí hay ganadería, de ahí la valla.
Lo que si lamentamos fue el no poder subir hasta la ermita de Burgohondo. Recordando después la relación tan estrecha que tuvo, por ejemplo, con San Vicentejo, al que le dediqué una entrada. Una pena que no la viéramos como la cercana necrópolis, no siempre es posible abarcar el universo de las piedras talladas.
Las dos siguientes imágenes nos ayudarán a situarnos con respecto a lo que fue y a lo que queda de la ermita.
Grupo Alpha: "Las voces de la ermita de Burgondo"
MonumentalNet.
Aunque ya se encontraba abandonado, todavía en 1935 quedaban en el pueblo tres casas en pie, al igual que la iglesia. No quedaban entonces, en cambio, vecinos naturales de Ochate, solo alguna familia de pastores, llegados de no se sabe donde, ocuparon por espacio de pocos años el pueblo. "La fiebre del 17" (expresión recogida en Treviño y que se refiere a la Gripe Española que asoló el mundo en 1917-1918), debió hacer estragos entre la población de esta aldea y, seguramente por su causa, las 26 almas que Madoz ubica en ella hacia 1850, quedaron reducidas a tan solo tres en 1925.
Bastantes años después de que Ochate quedara totalmente despoblado su iglesia se quemó. En 1967, no obstante, quedaba todavía su soberbia portada, y fue entonces cuando, con la colaboración del vecindario de los pueblos próximos, fue bajada a Uzquiano en un tractor, con las piedras numeradas y envueltas en paja.
Hasta el interior de la torre ha sido masacrada.
Sin palabras.
En un artículo leo que las piedras de su iglesia fueron a parar a Imíruri. Y como ya han leído, su bellísima portada románica está en la iglesia de Uzquiano. Son almas que ocupan otros lugares para seguir "viviendo".
Una imagen para el recuerdo, la iglesia de San Miguel.(Fotografía del blog: De otro tiempo)
Su portada románica. Imagen de Románico Digital.
Aconsejo lean la detallada descripción que hacen de ella. Ochate siempre fue un pueblo pequeño, así que llama la atención que la portada de su iglesia tenga esta exquisita riqueza ornamental.
La lejana despoblación y el escaso vecindario que siempre tuvo Ochate, hace prácticamente imposible traer aquí alguna noticia que desprenda calor humano.
Se apaga también el calor en los núcleos que rodean el pueblo, de tal forma, que el mismo San Vicentejo solo cuenta ya con un vecino viviendo de continuo; Imíruri tiene dos, Ajarte uno, y Uzquiano, tres.
Se comprenderá por ello lo complicado de seguir el rastro de la vida en Ochate, y que las noticias obtenidas sean pocas y confusas.
Parece solo seguro que los últimos vecinos que moraron en este pueblo fueron los Ramírez, Moraza y Elorza.
Esta última familia fue quien, mediados los años treinta, cerró el ciclo de Ochate; después de ella llegó otra de pastores, Fermín y Felipa, pero esa es otra historia.
Observamos sus recios muros, de piedra seca, qué gran arte, que persisten a pesar de los crudos inviernos, del lacerante verano.
Lanzas que apuntan a cada piedra con certeza, un tira y afloja entre lo que siembras y lo que realmente cosechas.
Más tarde, el escritor cita que probablemente la fiesta patronal fuese el día de San Miguel, 29 de septiembre.
Pero las que sí son recordadas son las de su ermita, aunque con advocación de la Asunción, se le conoce también como ermita de Borgondo.
"Nada menos que tres veces al año, los días de la Asunción, La Ascensión y el sábado siguiente a esta, se subía a este santuario tardo-gótico, hoy desgraciadamente arruinado y repleto de pintadas bárbaras"
"Burgos, los pueblos del silencio"
"Y mientras aquello ocurría, la noche iba dejándose caer sobre Ochate. A lo lejos, hacia el sur, las cumbres del valle Tenebrón en primer término, y más atrás las de la sierra de Toloño, eran ya siluetas a punto de desaparecer. El condado había entrado en el dominio de las sombras..."
Elías Rubio Marcos.
"El año de la gripe y otros relatos burgaleses"
Fotografía de Ochate en el blog que Elías tiene "abierto al mundo": "Memorias de Burgos"
ANEXOS:
Los caminos:
A Ajarte, Aguillo y senda, Mendiola, Vitoria, Imíruri y senda, Saraso. Ya ven, muchos más caminos para entrar y salir pero, también, para quedarse.
Mucho núcleos pequeños vieron como su población disminuía cuando sus caminos perdieron la importancia que tenían, a saber, el trasiego de gentes y sus mercancías. Así también ocurrió con Ochate.
Estos preciosos mapas llamados Minutas cartográficas no solo nos revelan la hábil mano de quien los hizo, nos aportan datos valiosos como las casas.
Ochate tal como es.
Imprescindibles:
Los libros de Elías Rubio Marcos y su blog. Si quieren recorrer Burgos, como Dios manda, deben hacer parada en ellos.
Septiembre del 2025.