sábado, 3 de junio de 2017

POR LOS BAÑOS DE PERETE- VILLAMANRIQUE- CIUDAD REAL.

Ayer me acerqué como tantas otras veces por los baños de Perete quería comprobar como se comportaba esta primavera tan seca con esas ruinas a las que tantas veces he intentado dar testimonio y he ido aparcando por falta de tiempo o por descuido. Cada estación nos sorprende por un colorido que la define, sin embargo ahora parecía ser julio más que mayo. Mientras paseaba, acompañada por la incomprensión que me da la tristeza de ver un paraje que tuvo que ser hermoso y que ahora se muestra medio oculto por un muro de ailantos, olmos, encinas, álamos negros, higueras, rosales silvestres y alguna retama en flor, que conforman ese tapial vegetal que protege su bien más preciado, la memoria, ahora vacía como la piscina, como la fuente, como las habitaciones...inexpugnables como un castillo roquero, pensaba que sería toda una aventura intentar adentrarse en ese espacio que cohabita con el olvido, pretender llenarlo de nuevo con algarabía de voces, con chapoteos en el agua, con la blanca textura de las paredes hoy desprovistas de su límpia fachada...,la larga lista de proyectos recuperados al pasado me parecía inviable.
Tenía pendiente un compromiso con varios amigos y era hacer una entrada sobre Perete. Mientras paseo decido que debo desligar el campo seco de la inalterable belleza de las alturas, allí donde crecen muy despacio las encinas que serán las únicas que por su edad puedan hablarme del pasado de estos baños, el cielo sigue azul, las nubes igualmente manejan los destinos del que se adentra en sus formas pero el campo acusa la falta de agua desesperadamente.
De vuelta a casa busco las fotografías de marzo del 2015 donde hice una excursión con tres buenos amigos que me descubrieron el estrecho de Perete. Y como quiero que la naturaleza no salga desmejorada sino rehabilitada por los colores que cada estación le tiñe, hago algo inusual, entremezclo fotografías de estas dos visitas y donde los árboles, desconocidos, aparecen con la impronta de las primeras hojas, más tarde tras verlos revestidos me devolverán sus nombres; donde el suelo es un tapiz hermoso y verde luego se me presentará esquivo y huraño, como advirtiéndome que pisar en terreno desvalido puede aumentar la tristeza de lo que esconde.
Recuerdo que cuando llegué a esta provincia se instaló conmigo una incierta depresión, la que te entrega la pérdida de tu paisaje familiar, aquí o te abrumas o te condueles, adaptarse no es fácil, pero aprendes con el tiempo a valorar las pequeñas cosas y es entonces que los colores van intensificándose, cogiendo matices que acaban por ganar territorio en tu criterio, hay espacios que resultan majestuosos, aquí ves que no hay límites,  asimilas que será tu mirada perdida la que salga en busca de algo que sobresalga. A esta Castilla hay que darle tiempo, como al vino viejo son los años los que le dan la valía, memorizas que no se mira al conjunto sino al detalle y que la historia es el mejor de los aliados, que sus gentes son amables, que hay pájaros que vuelan y cantan como en otros lugares y que un reguero puede ser para ti un arroyo. Ves molinos entre tierras rojas, viñas que crecen fuertes, olivas que dan un aceite estupendo, al agua la cuidas y mimas y te embarcas en esa aventura de detener su pérdida y acabas formando parte del paisaje porque lo importante es quererlo y acabas reconociendo que se deja querer.
Inicio este viaje en compañía de los que van a mi lado y de aquellos que desde sus hogares me prestaron su tiempo para hacerme ver y valorar lo que fue Perete.





Comienzo la andadura frente a la iglesia de San Andrés, una de las más bellas del Campo de Montiel.



Hoy no camino sola,  me acompañan tres amigos de Villamanrique, Antonio, Juani y Mari, van a enseñarme el camino tradicional que cogían los villorreños para acercarse a los baños. A la salida del pueblo, paralelo al que te lleva a Montizón, se toma el camino de la Orilla.



Nos desviamos a la izquierda para, entre olivas y encinas, en poco menos de media hora entrar en...



"Le decíamos el palomar, pero no recuerdo haber visto este cortijo nunca habitado"




Pero no, la memoria se fortalece cuando los recuerdos afloran gracias a distintas personas.
Aquí vivió Mª Señor "la del parador", la dueña de Perete.



"Entre el palomar y los baños tenía mi padre la huerta. Sembraba pepinos, tomates, patatas...
Criábamos gallinas y alguna cabra para la leche. El pan teníamos que traerlo del pueblo, íbamos con la borrica" me dice Antonina.




Hoy los bebederos vacíos recogen la escasa agua de lluvia, la vida transcurre sin pausa mostrando guiños a los que visitamos este lugar. Intentar forzar la máquina que crea sueños o que devuelve los recuerdos es complicado cuando solo haces de espectador y no pretendes acercarte a los actores. Intento pues, subir al escenario.



"Este era el edificio de los baños, contaba con cuatro habitaciones con una bañera cada una, tres habitáculos con uso para vivienda, una cocina común y dos vestidores, uno frente al otro"





Antonina continúa: "Mi abuelo se llamaba Pascual "el peretero" y luego pasó este oficio a ser de mi padre, Tomás Campos Manzano y allí junto a mi madre María Torija Velazquez vivíamos los tres. Pero no en la casa de baños sino en un edificio que ahora no existe donde compartíamos habitaciones con alquilados. La gente era muy amable con nosotros y cuando partían nos regalaban garbanzos, rosquillas..."



"Aquí montaba los domingos la señora Inocencia su altar. Venía de Infantes,  colocaba sobre unas losas una imagen que traía y oficiaba misa igual que el sacerdote y nos daba la comunión"




"Se criaban cerdos gracias a las bellotas de las encinas. Qué matanzas hacía Mª Señor y qué buena cocinera era"




"Eran las encinas y la gran alameda que había junto al camino las que nos proporcionaban sombra, dando cobijo a todos los que quisieran descansar bajo sus ramas"




Hoy la vista se pierde entre paredes que parecen querer derramar lágrimas de hierro, un brutal desmantelamiento sumerge en dudas la funcionalidad de cada estancia.



Habitaciones limpias, desocupadas a medias en las que se calcinan a fuego lento las huellas de lo ajado.



Ventanas para ver la soledad desde el otro lado.
Ventanas abiertas para escuchar a los que hablan.



"Bañarse en la piscina era más barato que en las bañeras, creo que costaba unas tres pesetas. Mayormente eran hombres los que disfrutaban de estas aguas. 
Eran los años 50, yo era una niña y mi bañador era de tela de arpillera hasta los pies, salvo la parte superior del pecho que era de lona, tenía manga corta con botones para poder abrirlo y cuello a la caja. Con los años nos fuimos modernizando, a mi hermana se lo confeccioné yo, era de tela y con pantalón corto"




Cuentan que los baños eran aromatizados con romero, hinojo, retama...



Por suerte no se pueden llevar los recuerdos, pesan en demasía. Se pueden extraviar las palabras que se dicen pero siempre quedará el eco.



"La piscina se limpiaba una vez por semana, imagínate el herrumbre que quedaba, como cieno, eso sí,  tenía propiedades curativas para las heridas y las picaduras de insectos"




"La caldera se calentaba con leña, había que llenarla a cubos directamente de la piscina. 
Por detrás había un horno en el que asábamos las ricas patatas del hortal y las cebollas"




"Cada habitación tenía una ventana. Los niños y no tan niños se asomaban por si pillaban algo"




"Eran tres las viviendas disponibles en el pabellón de abajo, con una cocina en común"



"De este pozo que hay junto a la piscina se sacaba el agua cuando escaseaba"




"Los baños se abrían de junio a septiembre, no completando el mes. Pero los bañeros vivían allí de continuo. Fuera de temporada si querías pasar un fin de semana o algún día suelto se te alquilaba, te preparaban la comida y allí disfrutabas de lo lindo, eso sí,  pero ya no podías bañarte."




Miro al frente y me pregunto qué árboles serán los que ahora intentan taparme la vista hacia el pabellón de arriba. Me doy la vuelta, creo oir que intentan llamar mi atención, no te me despistes, me susurran.



"Eran cuatro las habitaciones que tenían bañera. Creo recordar que el tiempo de ocupación era una media hora. Se vaciaban y limpiaban con el agua del pozo grande que era más limpia, como es lógico para cada persona, parece increíble que hubiese tanta agua.
Los baños te los dabas nones, es decir, no podías contratar días pares, no me acuerdo el porqué"




"Desde la caldera pasaba el agua a una pila y de ahí directamente por tuberías se llenaban con grifos las bañeras, que en un principio eran de piedra y que con los años se cambiaron pasando a ser de porcelana. Recuerdo como lavaba la ropa en las de piedra que se quedaron fuera para ese uso"-me cuenta Paca.




"Aunque yo iba a lavar, fuera de Perete,  a las canteras, ponía una losa y allí sí que conseguía que la ropa se quedase blanca"




"De los tres manantiales que cuenta Perete es éste el que tiene el agua más clara"




Me asomo buscando el agua y la veo reflejada en este pozo y en el otro, el arroyo también lleva.
Hablar de una fuente y no citar las fuentes o documentos en que se basa la información histórica sobre estos baños haría que esta entrada quedase a medias.
La primera vez que se menciona Perete, como lugar no como balneario, es en el año 1740 en la Encomienda de Montizón.
El Cardenal Lorenzana en sus "Descripciones" del 1788 dice que la fuente tiene bastante herrumbre pero es delicada y que como produce buenos efectos es bebida por gentes de toda la comarca.
Miñano en su "Diccionario geográfico-estadístico de España y Portugal" (1826-1829), escribe sobre Villamanrique:"...sus aguas muy dulces, especialmente las de una fuente que llaman de Perete, situada al S. y a una corta distancia, las que tomadas en baños surten maravillosos efectos"
Madoz en su Diccionario del 1845 dice que la fuente de Perete, de aguas minerales es reconocida como muy útil contra la obesidad y las llagas.
Será ya en el siglo XX  cuando se clasifiquen como aguas ferruginosas y muy bicarbonatadas con múltiples efectos sobre la salud pero sobretodo para reumatismo. 
El máximo esplendor de los baños será en el siglo XIX.
Su cierre se produce a principios de los años 70.
A pesar de todas las referencias sigo sin saber en qué año se construye este singular balneario.
Opino que cada lugar que veo no está acabado, ni hundido mientras perdure en la memoria de las personas o en las páginas de un libro.




"Aquí era donde la gente venida de muchos pueblos se reunían para comer al aire libre. Incluso algunos que no alquilaban habitaciones se quedaban a pasar la noche al fresco, porque aquí el verano era benévolo con los bañistas. La alameda, las higueras,...contribuían a proporcionar frescor al ambiente.
Sí que a veces se celebraban bailes, recuerdo a Pepe Jimenez y los hermanos Coronado con el acordeón y las guitarras"



"De donde más venían eran de Cózar, se quedaban toda la temporada. También de la Torre de Juan Abad y de fuera de Ciudad Real"




"Recuerdo que venían forasteros vendiendo fruta y cazadores para que les compraran las palomas. Porque de verduras estábamos bien surtidos gracias a las que cultivaba el bañero en la hermosa huerta, nos las vendía. Nosotros traíamos el resto de viandas, hasta los pollos venían con nosotros en cajones, los soltábamos y no había miedo de perderlos, cada uno sabía cual era el suyo... Pasábamos unos días magníficos"-me dice Paca.




Ahora escapo, es la magia de la fotografía, por el camino que va hacia mi Andalucía.



Han pasado dos años o quizás demasiados. Escapo para apresar los rayos que rasgan las nubes.



Debo mostrar como era el pabellón de arriba desde la carretera, necesito contar las ventanas, imaginarme el patio al atardecer donde hoy crecen en el centro varios ailantos,  parecen jugar al corro los muros con ellos.



Escapan mis pasos en busca de una buena perspectiva pero vuelvo a pensar que he equivocado la fecha de nuestra cita, aunque el tiempo me mostrará otros días, otras primaveras.



Para ser objetivos basta con disparar la cámara buscando ese ángulo que me confirme que este edificio debió ser la cuadra.



Retrocedo para adentrarme ahora en las peñas que hay justo enfrente, para aprender hay que saber mirar y cuánto me falta aún.



Pero siempre acude a mi lado esa imagen nostálgica en la que la naturaleza esquiva a los ojos, se muestra palpitante a escondidas, ocultándose tras las encinas, desde aquí veo la magnitud del estrecho de Perete.



Y una vez que desciendo y bajo de nuevo por el camino,  hago esa lista de árboles que me acompañan en mi silencio, solo roto por cantos de pájaros. A la derecha una higuera y el ailanto que invade los terrenos con demasiada facilidad. Hay olivas, vetustas encinas y sobretodo muchos olmos y algunos buenos ejemplares de chopos o álamos negros.




Y me hago sendero para conocer el trasiego de gentes variopintas, de los bañistas, de comerciantes, de arrieros, de paseantes en busca de ese agua que ahora ya no cae.



Y este pabellón de arriba, vacío y seco, amueblado de vegetación, destinado al consumo de la intemperie, al demoledor destino que espera a aquello que pierde su función.
Pero los recuerdos son y serán los que mantengan vivos para siempre estos lugares.



Me cuenta Paca: "Nosotros éramos nueve de familia, mi padre alquilaba aquí dos habitaciones. 
 Las estancias estaban vacías, tenías que traerte del pueblo todo, incluídas las camas en los carros. Le llamábamos "el patio" a este edificio. Con el alquiler iba incluída la leña"



Me detengo a contemplar sus muros de distinta construcción que el balneario.
Me detiene la vista tras su ventana, el poder que otorga la imaginación cuando te narran con maestría hechos del pasado.



"Por las noches cada familia salíamos a cenar al fresco, poníamos nuestra mesa y compartíamos juegos y charlas. El patio tenía columnas y en ellas jugábamos a "las lumbres" que consistían en que al grito de "a la de tres" teníamos que cambiar de posición y el que se quedase sin columna perdía. Otros echaban partidas con las cartas.
Nos iluminábamos con carburos.
También se cantaba. Recuerdo una anécdota, llegaron unos franceses con un radio cassette y me grabaron, yo nunca había visto nada igual y cuando reprodujeron mi voz nos quedamos todos maravillados, era una niña y aquello me sorprendió mucho"



"Si no recuerdo mal, en este pabellón de arriba que todo eran viviendas para alquilar había un total de doce habitaciones, solo las de las esquinas tenían una estantería. El patio estaba empedrado y el suelo de las habitaciones era de cemento. Sí que recuerdo lo bonitas que eran las rejas de las ventanas y la escalera para acceder a la puerta"





"El patio era rectangular y grande. La cocina, con dos chimeneas y un gran poyo de piedra, estaba al otro lado del edificio justo enfrente de la puerta de entrada, te quemabas como estuviesen dos cocinando a la vez"



"El último en acostarse tenía que echar los cerrojos a la gran puerta"




Hoy ya no queda  nadie que eche el cierre a tus puertas y ventanas.




Entre un chopo y el pabellón de arriba duerme escondida la fuente de Perete.



"Manaba el agua de un trozo de cañonera de rueda de carro.
Tenías que beberla inmediatamente, como tardases resultaba de mal sabor, corría como un dedo y medio de caudal"
Marzo 2015.




Me preguntáis si mana la fuente. A finales de mayo del 2017, no. Pero en las distintas visitas que le he hecho a este paraje puedo afirmar que nunca he visto el agua, debe estar lodada.



Siento que a menudo equivoco la visita a los lugares, ahora deberé esperar al otoño para seguir fotografiando como el paso del tiempo va dejando huella entre las ruinas, como los árboles se desnudan, salvo las encinas, como susurran los vientos cuando se deslizan por este valle y se aprietan para vencer el estrecho que se abre hacia la dehesa.



Solo los juegos de luces saben de fiestas y baños, de sueños y amores, de reencuentros y de pérdidas.



"Sí que me acuerdo que el último bañero fue Baltasar Armero Campos"



"Mª Señor, la dueña, no paraba de trabajar, nunca he visto una mujer igual, lo mismo la veías llenando la caldera que cocinando, que atendiendo a las gentes. Ella era una bellísima persona, incansable. Quién no la recuerda además llevando "El Parador", fonda que existió en el pueblo o preparando banquetes de boda"




"Ya cerrados los baños, recuerdo que de Valencia venían con unos niños enfermos y ella les preparaba los baños con esa dedicación que siempre mantuvo"




Los juegos de luces y sombras siguen dando contenido a esta historia, conforme me alejo, qué importa en que fecha, vuelven los ecos a besar la tierra, se mezclan con ella y no quieren despegar el vuelo. La tierra no solo acoge despojos, también sentimientos.



Cuando la luz vuelve a tornarse fuerte, despliega su esplendor en el colorido de este desfiladero que abraza al arroyo de Perete.



Me cuenta Antonina: "En épocas de lluvias íbamos al estrecho a beber agua de un manantial que allí nacía"




Agradezco a Antonio Maldonado García el que nos descubriera este bello y breve estrecho en el cual nos vimos atrapados sin saber salir. Lo que nos hizo volver a ser niños y buscar una salida trepando entre las piedras.




No nos importó porque mientras andábamos medio perdidos, pude apreciar que la naturaleza se esconde en cualquier rincón con delicadas armas que siempre sorprenden.



Ahora que repaso estas imágenes, que disfruto de ese escaso caudal que en tiempos pasados debió ser más extenso, pienso que la fotografía no solo te trae recuerdos, te permite volver a caminar porque hoy sería una aventura, solo puedo llegar con la mirada desde arriba, imposible adentrarse.



Aquí no es válido decir lo de que "todos los caminos conducen a Roma", aquí se dirigen a Montizón. Será magia, será atracción pero siempre que comienzo una ruta por Villamanrique acabo viendo el castillo.





Año 1971.

Mira que damos vueltas para escudriñar el interior de las cosas, no permitamos que pasen desapercibidas a nuestro lado. Comencé por preguntar a mi amigo Antonio Maldonado García por sus recuerdos de esos fines de semana en Perete al aire libre, luego hablé con Antonina Campos, entrañable abuelita, que vivió allí con sus padres algunos años, más tarde fue Francisca Jimenez, mi  querida Paca, que acompañada de su cuñada Mª Angeles García, la risa más contagiosa de Villamanrique, me abrió su casa y el cajón de los recuerdos para que pudiese situarme con ella en aquellas habitaciones que albergaron a su familia en la quincena de vacaciones. Por último Pepi Rubio, con la emoción desbordada por el recuerdo de su suegra, me hizo conocer a la verdadera protagonista, a la hacedora de estos baños, a una mujer emprendedora, valiente, única que hizo posible que tantas gentes venidas de tantos pueblos y  algunas ciudades pudiesen disfrutar de estos baños y compartir y entrelazar esas vidas que ahora se distancian y antes eran como una piña, donde la unión era la argamasa de muros fuertes. El recuerdo trae  no solo aprendizaje, moderación, esa solemnidad que contienen los asuntos sencillos, ahora damos importancia a cosas banales , antes los valores eran el fundamento de la vida, ahora son humo. Ahora nos dejamos envolver por zarzas que nos impiden el paso y retrocedemos esquivando lo que no sabemos resguardar, la memoria. Quede para siempre, si esta palabra existe, el recuerdo a esa mujer valiente que con la mención de sus actos, de su tesón, pienso y lamento el no haberla conocido,  a Mª del Señor Velez Jimenez.

Un abrazo a todos los que me han ayudado, gracias por abrirme vuestro corazón.
Un recuerdo para Baltasar, recientemente fallecido, en algunas ocasiones me mencionó aquellos años en Perete.


Aunque demasiado joven para haber disfrutado de estos baños, aprovecho el día de hoy para felicitar a mi amiga Cristina en su cumpleaños, qué suerte tienes de tener esa gran familia a tu lado. Se te presenta un largo camino lleno de buenas oportunidades,  tu alegría y ganas de trabajar permitirán que todas las puertas se abran a tu paso.


Marzo 2015 y mayo 2017.







16 comentarios:

  1. Nuevamente sorprendido por este viaje tan bello como cercano, pero también desconocido para mi por los baños de Perete. No podía imaginar que en Villamanrique existiera este balneario que cubrió toda una época en este vecino pueblo. Ha sido una aventura nueva recorrer estos baños, e imaginar la algarabía que produce la vida en ellos. El paso de las gentes ha dejado en estos habitáculos, hoy derruidos, el eco de sus voces, que parecen resonar en el espacio, cuando los baños estaban en su humilde esplendor. La piscina, dormida entre sus propios restos y la maleza, parece querer reivindicar su contribución al disfrute de aquellos que, tiempo atrás, tuvieron la suerte de relajarse en sus aguas. Y María del Señor, alma mater de los baños, parece trajinar de un lado a otro, asegurándose de que todo está perfecto, y de que sus huéspedes se encuentran a gusto entre la paz que ofrecen las paredes de este edificio. En los baños de Perete, el tiempo ha pasado, pero entre sus ruinas, podemos encontrar sin dificultad el ánimo de aquellas almas que un día los habitaron y disfrutaron de ellos. Preciosos textos acompañando a unas fotografías hermosas. Genial la idea de mezclar dos primaveras, tan en contraste, pero igualmente bellas. Enhorabuena por este magnífico reportaje y gracias por descubrirnos estos lugares. Un abrazo.

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    1. Sin haber visitado estos baños los has descrito a la perfección. Cuando vengas para Villamanrique puedes aparcar muy cerca de ellos y ya que el camino continúa transitable, te invito a que pasees entre estas ruinas, bien protegidas por olmos y ailantos. Ahora es imposible entrar en ellas pero lo que importa es esa senda y esa fuente, puede pasar desapercibida, que está junto a un gran chopo a la derecha y esas enormes encinas, cuatro, que alivian del calor con su frondosa copa. Pero, si me permites, yo elegiría diciembre o principios de marzo, cuando he comprobado que el paisaje es mucho más hermoso.
      Recorrer varias veces estas ruinas me ha aportado el apreciar detalles que se ocultan en una primera visita pero lo más importante, lo que ha dado sentido a todas estas excursiones, ha sido el testimonio de estas encantadoras personas y el conocer que allí estuvo detrás de todo esa extraordinaria mujer, Mª Señor. Qué tarde llegamos a veces para conocernos.
      Gracias por tu deslumbrante comentario. Un abrazo.

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  2. Muchas gracias por tu entrada Rosa. Gracias a ti conocemos la historia tan bonita de sitios como los baños de perete. Eres una gran persona y amiga, no sabemos cómo agradecerte todo lo que cada día haces por nosotros. Un gran abrazo.

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    1. Vosotros me correspondéis con vuestro cariño y amistad, eso es lo que importa, el sentimiento es mutuo.
      No es a mí a quien tenéis que agradecer el devolverle a Perete algo de su esplendor, hacerlo a Antonina, a Paca, a tu padre y a tantos otros que se ofrecen a rememorar el pasado para que los demás disfrutemos escuchándoles. Un abrazo.

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  3. Enhorabuena por tu reportaje e investigación y gracias por compartirlo junto a tus sabias reflexiones y hermosas fotografías. Es curiosa la sensación de tener algo tan cerca como estos restos y desconocerlos hasta ahora.

    Un fuerte abrazo.

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    1. Villamanrique es una caja de sorpresas, tiene tantos rincones hermosos, tantos caminos por los que aventurarse. Sin duda es uno de los pueblos más generosos, en todos los sentidos, del Campo de Montiel. Gracias. Un abrazo.

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  4. Hola Rosa, una vez más una persona de fuera de preocupa de nuestro patrimonio más que los propios villorreños quizás porque está tan cerca no lo valoramos, parajes como el pozo sin suelo y otros más que casi nadie los visita, gracias Rosa por traernos recuerdos​ de la niñez y un poco más zagalotes, a veces no es preciso ir muy lejos para encontrar parajes parajes​ admirable​s, un abrazo.j

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    1. Ahora que nombras el "pozo sin suelo" he recordado que este año olvidé acercarme para fotografiar la cascada. Y puedes añadir los molinos, el paraje de San Isidro, toscas negras, el adentrarse en Sierra Morena,...y ese bellísimo castillo de Montizón y el enclave que le rodea, espectacular. Me queda mucho por recorrer, espero que me vayas indicando lugares nuevos. Gracias por deleitarme con tus recuerdos. Un abrazo.

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  5. Rosa, copio y pego de un artículo sobre Perete escrito hace varios años por mi "compañero del alma" (ya fallecido)Carlos Villar Esparza, estos párrafos: "Un llanto nostálgico estremece al viajero en esa paz tan nuestra, la de las llanuras manchegas que eternizan sagradas soledades. Sólo se altera por la esporádica visita de ocasionales curiosos como nosotros que se llegan a estos parajes, o por la pausada y cansina llegada de ancianos, que fieles a la herencia de sus ancestros, se llegan a estos parajes a llenar de esperanza algunas botellejas o garrafillas -un cuartillo- con el agua que mana lenta, casi dolorosamente de las entrañas de la tierra, por la fuente que tamiza de suave terciopelo rojizo el remanso de su cauce al nacer.
    Explota vigorosa la mañana, tejiendo con finos hilos dorados, que acarician sus labios de oro las hojas de los árboles que musitan en mudos soliloquios recuerdos de ausencias, y que esconden entre sus sombras las encaladas edificaciones de los baños.
    Ausencias desvanecidas en el tiempo, el espacio, y dentro de poco la memoria de los hombres".

    Un gran abrazo,
    José María Lozano.

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    1. A veces me inclino a dejar comentarios sin contestar debido a que rebosan de esa naturaleza de las palabras que nos desvelan a los que solo somos meros trascriptores de lo que nos rodea. Es curioso que, con tu comentario, me traigas a otra persona a la que llego tarde para conocer. Aciertas con ese deber de amigo hacia Carlos con un bellísimo epílogo para cerrar la temporada de estos baños, porque se clausuran en cierta medida las tradiciones orales cuando el autor que tan sabiamente las recogía fallece. Se marchó el hombre que se abrazaba a la memoria como un niño a las faldas de su madre, tanto amor le ponía que animo a quien nunca le haya leído que lo haga para que comprendan el motivo por el cual ni debemos dejar de escuchar ni debemos permitir que lo que a nuestro lado se hunde acabe siendo un montón de piedras sin nombre. Hay memoria en cada rincón que nos encontramos y gentes que nos esperan con los brazos abiertos para contarnos lo que vivieron. Nada mejor para describir las ausencias en Perete que los párrafos de un gran hombre. Gracias José Mº, gracias Vega. Un abrazo.

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  6. Juan Venancio Cirilo9 de junio de 2017, 16:55

    Sencillamente..... ¡DELICIOSO!

    Con una facilidad asombrosa has conseguido que retrocedamos en el tiempo hasta los años 50. Con tu exquisita narración y una buena dosis de imaginación podemos ver perfectamente los baños de Perete en funcionamiento.

    Un abrazo de un seguidor incondicional de tu diario de viajes.

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  7. Muchas gracias pero el mérito no es mío, es de estas mujeres, gente maravillosa, que se volcaron en regalarme sus recuerdos. Yo solo hice escuchar y el trabajo de campo, el resto de palabras salen solas cuando tras varias visitas a un lugar abandonado las sensaciones fluyen como el agua que ya no corre. Un cordial saludo.

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    1. Que bonito Rosa, sacar todos los recuerdos,de perete y lo bien que lo as explicado mejor dicho redactado eres fabulosa sigue escribiendo y lo mismo le digo Antonio que se osda fenomenal un saludo.

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    2. Gracias a ti Paqui, si todo esto ha servido para poder sacar los recuerdos de vuestro Perete, pués me doy por satisfecha. Mira todo lo que pueden decirnos aún unas ruinas, solo hay que dejar que aquellos que las conocieron nos cuenten sus momentos vividos en ellas. La satisfacción es más grande cuando se rememora con cariño lo que permanece en nuestro recuerdo con la nostalgia de lo que fue. Un abrazo amiga.

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  8. Si en cada entrada tuya´vivo contigo, sensaciones, imágenes, y todo lo que me transmite esa vehemencia con la
    que describes cada paraje que visitas y nos muestras; en esta ocasión , además, me he sentido parte del paisaje y las imágenes se superponen y multiplican en mi mente queriendo sobresalir unas por encima de las otras para alcanzar el podio, en importancia .
    Pero como importantes y entrañables son todas ,solo te contaré mi corta vivencia de los baños de Perete.
    En mi infancia y primera juventud, para ir a los baños ,tenias que estar enfermo o tener una economía muy saneada y como no era mi caso, pues no pude ir hasta los quince años que me invitó una familia de Cózar que tenia una hija de mi edad.
    Me lo pasé genial con la convivencia en esa casa y las noches tan llenas de estrellas y de vida. La descripción que haces lo clava.
    Pero nada comparado con las historias que me contaba mi abuelo .El tubo reuma desde muy joven y el y algunos amigos todos con hijos pequeños, iban cada año nueve dias a darse la sesión de baños impares; mi abuelo era músico y el baile estaba asegurado cada noche. Pero como todo cansa; una noche pensaron cambiar el repertorio y con el pretexto de ir a recoger los animales que andaban sueltos ,cogieron cartones, y palos y las escopetas que siempre iban con ellos por si salia un conejo, y se fueron .Tardaron un poco y las mujeres ya estaban preocupadas cuando empezaron a oir disparos y una especie de ruido de tambores así como gritos de ¡Guerra guerra guerra....! Muchas veces he imaginado la escena, y no me hubiera gustado estar allí.
    Cuando llegaron encontraron a mujeres y niños llorando y gritando encerrados todos en la misma habitación y les costó convencerlos para que salieran. Esto ocurría en los años veinte
    Contaba también que en el estrecho, donde las rocas , se rodaron escenas de una película con caballos ,no sé si hay constancia de ello .
    Y volviendo a ni época ; El recuerdo del tio Tomás me llega muy hondo porque era una persona tan entrañable y buena que lo recuerdo muchas veces sin haber un motivo .
    ¡Buen trabajo y gracias por despertar tan bonitos recuerdos!

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    1. Cuando escribo nunca pierdo la ilusión que alguien se acerque a este blog para compartir sus vivencias, así que doblemente me alegro por este emotivo encuentro con las tuyas y porque vengan de tí, una buena amiga, una gran persona.
      Muchísimas gracias. Ahora tus palabras son parte fundamental de esta entrada.

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