domingo, 3 de junio de 2018

ASCENSIÓN AL CAMBRÓN DESDE EL BELLOTAR. ALBACETE.




Qué importa que el tiempo se disipe, que a nuestro alrededor quiera crecer la confusión, que el temor se deposite en nuestros rincones del alma, qué importa...
Así como despejar nuestra mente pueda parecer confuso no creo que sea suficiente cruzarse de brazos. Es ahí donde se llega a la montaña, por lo menos a mí me ayuda, me imprime esa nota que es capaz de aislarme de todo, de todos.
Esa mañana no iba allí precisamente, pero la rotundidez de su imagen me detuvo. Antes, hace unos años, había hecho las ascensión desde Onsares en Jaén, ahora lo intentaría desde El Bellotar.
No entraña ninguna dificultad salvo el vértigo omnipresente sobre todo en el camino de subida pero nada que pueda acabar con el entusiasmo, sí que elegí en teoría mal el día, estaba nublado pero éso no me hizo que me echase atrás, no iba en busca de grandes panorámicas solo quería estar a solas y que mejor que ahí arriba, pero ocurrió esa casualidad que a veces me persigue y que me permitió que a la llegada el cielo se abriera y diera paso, como si de un telón se tratase, al mejor teatro del mundo, la platea vacía, solitaria, pero el escenario completo.
Lugares hermosos hay en el mundo pero no los añoro, no colecciono ascensiones, ni bosques, ni ruinas, solo quiero sentirme a gusto en ellos aunque algunos los haya visitado ya más de una docena de veces.
Encontrar nuestro lugar en el mundo no puede ser tan difícil, si no nos alcanza antes el aciago final, por lo menos no desfallezcamos en su búsqueda.
Voy ligera de equipaje...Solo así concibo el camino. Y dejo abierta una doble lectura de lo aquí escrito, de cómo veo la montaña.
Me dejo acompañar por Unamuno. He tomado la costumbre de llevarme a los clásicos conmigo, una no debe jamás separarse de los conocimientos que le dejaron sus maestros.






No podemos evitar el aguardar hasta el último minuto, ¿no quieres subir a la cima?.





Podremos soñar con una imagen pero no con cientos de ellas.
Una montaña es como un inacabado prisma irregular.





La montaña no nos desvela su identidad debido a sus múltiples caras, juega con nosotros, registra nuestros pasos y desde arriba nos aguarda.





De alguna manera me alejo de mí misma, la montaña hace ya que me llamó, no respondí, lo fui dejando como se dejan tantas cuestiones.
Una mirada hacia atrás para retroceder hasta el inicio, una mirada rápida, El Bellotar a la derecha, el Poyo de Abajo en el centro, el Pollo Plumar a la izquierda, el mundo desde aquí arriba. Y mirándonos, frente a frente, La Sarga y el Padrón .
Llegar hasta aquí debe recordarnos que obviaremos un primer desvío a la izquierda, en un segundo cruce seguiremos hacia la izquierda buscando la ladera de la montaña, a fuerza de equivocarme, de avanzar y retroceder, voy dando con la montaña.




Los dioses siempre hacen pequeños regalos más que suficientes.
La fuente Muñeca.





No se necesitan grandes infraestructuras para que mane una fuente.





Aquí me cruzo con el indicador del PR-A 173 que une el área recreativa Dehesa del Oso (Jaén) con la cumbre del Cambrón. Estoy en el Collado de Las Lagunillas.






La senda, como siempre serpenteante, cruza monte de pinos laricios, encinas y quejigos.





A propósito, puede que me lo parezca, la montaña, símil de eternidad, vuelve a engañarme mostrándose tan distinta, así no podré nunca acabar de nombrarla.





Me detengo a estudiar los rincones de la Piedra del Agujero...





Y desde este otero me asomo a la aldea de Onsares (Jaén).






Pero también veo El Yelmo (1.809 m), inconfundible por encima de todos y el castillo de Segura de la Sierra y el Navalperal (1.618 m)...





Durante todo el camino, en ascenso salvo alguna tregua pactada que ofrece, los
árboles, en su mayoría quejigos, adoptan esos curiosos estilismos de arrogancia casi humana.






Una pausa más en el camino para adentrarme en este paraje donde habitan piedras desgarradas a la montaña entre hiedras, encinas, quejigos y alguna aislada peonía.




Enormes quejigos que participan del ruedo de piedras que conforman generosos corrales para el ganado.




Aquí habitan las sentencias que caen desde la cumbre, aquí se detienen y moran su limbo.




"Los besos que vienen riendo, luego se van llorando, y con ellos se va la vida, que nunca más volverá"

Unamuno.






Tras una aciaga mañana, confusa de primavera, con clausura a cielos abiertos, por fin se decide en el momento justo...a sonreir.





"Hasta que una persona no llora de verdad no se sabe si tiene un alma o no"

Unamuno.






El respeto se desgasta, salvo que estés ante la montaña.





Las montañas ya despiertan...




Me dejo distraer por este pino cuyas raíces en forma de araña o tienen la intención de huir o de apresarme.






Esta biblioteca de piedras a la que no alcanzo, es un compendio de interminables lustros, un agasajo de eternidades.





Iniciémonos en el verdadero camino...





Dejemos que sea la montaña la que hable...





No hay cárceles, ni rejas, ni impaciencias.




Si ellos no se retiran...yo tampoco.





El Padroncillo (1.586 m.)
Hasta ahora todas las montañas que cito forman parte de mi modesto diario de ascensiones.






El vértigo es el que llama al miedo pero le hago oídos sordos.





Mientras El Padroncillo se escora a la derecha, entre él y el macizo de La Sarga (1.769) y el Padrón (1.741 m), despunta la cuerda de las Almenaras con su máxima altitud en los 1.796 m.
El único al que no pude acceder por la derrota infringida por un fuerte aguacero en mayo.





Gracias a que el cansancio es inestable, continúo emitiendo pasos y acariciando, sin llegar a agarrarme, a la baranda.






Solo quiero infundir ese sentimiento de duro ascenso pero a la vez gratificante.





La seguridad la trabaja la escalera, los peldaños se cierran como pasajes ya leídos de un apasionante viaje.





El viaje toca a su fin. Éso mismo pensaba cuando cerraba cualquier novela de Julio Verne. Y éso mismo me inclinaba a buscar sueños en otros libros.




Y tras unos años, aquí estoy de nuevo.
Con una frase de Fray Luis de León, que unos siglos más tarde repetiría Unamuno, me dejo habitar por el calar.
"Como decíamos ayer..."






Y el Calar del Mundo se propaga en kilómetros intensos.
Y esta grata visión me hace evocar la ascensión al pico Argel (1.690 m).




"No ves que me he pasado la vida soñando"

Unamuno.






Me acerco siempre a las dolinas, esos verdes prados de inquietante paso, que brillan en los calares.




Al fondo ya se ven las casetas de fogueros.




Y las nubes que se hacen llamar montañas y las montañas que se aventuran a ser nubes.





La Sagra ( 2.383 m.) la más alta de todas, cuánto desasosiego me causaste.
Es curioso que os compartiera a ti y a mi hijo y ambos estéis ahora tan lejos.




Las sierras de Cazorla y las Villas, un plan perfecto si tuviese otra vida.





Y el Calar de la Sima y esa nostalgia de sentirlo tan cerca.




Un perfecto abrigo de pastores, refugio ante imprevistas tormentas...




...y de soledades al margen de quién vivió la soledad primero.




Me encuentro que a menudo, con más frecuencia de la que yo quisiera, me sobreponen circunstancias banales, así que cuando tengo encuentros como éste, al instante se me borran de este mapa interno las desazones y los conjuros. Las penas se deshacen fosilizadas como las piedras de este lapiaz. Me pregunto cómo puede derrotarte una imagen tan rotunda como ésta, la Sarga y el Padrón, y hacerte reiniciar la imparable rueda de los aciertos y los desvelos.





Siempre se me hace incómodo el decir que un determinado enclave pertenece a dos provincias, máxime cuando me da igual, como a la montaña.
Aquí podemos ver un antiguo refugio sobre el que está el vértice geodésico (1.552 m.) y la caseta de vigilancia de incendios. Ahora mismo estoy en mi Jaén, pero dentro de un buen rato estaré en mi Albacete. 
Algún día todo será un parque natural con igualdad de posibilidades. Es solo una bella utopía.





Desde aquí se divisan, entre otros: Siles y su pantano, el Bucentaina, el Navalperal, El Yelmo, La Sagra, el Banderillas...Es decir, el mundo.





Las ruinas invocan su estado en cualquier rincón por apartado que parezca.





"Cuando se muere alguien que nos sueña, se muere una parte de nosotros"

Unamuno.





Cuánto pesan los recuerdos aquí arriba.




Reconozco que estoy acostumbrando mal a mi paraguas, pero a él no le importa lo más mínimo afrontar el riesgo.







Un oficio realmente intenso el de los vigilantes de incendios, los guardianes del bosque.





"Con maderas de recuerdos armamos las esperanzas"


Unamuno.






De nuevo fuera límites donde Jaén se une a Ciudad Real, la montaña y el bosque se funden entre abrazos.




Y continúan abrazándose esta vez a Albacete.




Aquí me entrego a la evidencia de no saber nombrarte.




"Se viaja no para buscar el destino sino para huir de donde se parte"

Unamuno.




Me voy despidiendo de la montaña.




Atravieso gran parte del calar para acceder hacia ese límite indeleble con Albacete.





La caseta de vigilancia asomada hacia ese precipicio inmenso de valles y cortados.





Desde aquí obtengo una magnífica panorámica del camino realizado, de derecha a izquierda, El Bellotar donde aparqué, El Poyo de Abajo y la cortijada del Pollo Plumar, lugar que aún no he visitado.




El valle del Guadalimar y al fondo el Calar del Mundo.





"Hay que buscar la verdad y no la razón de las cosas. Y la verdad se busca con humildad"

Unamuno.





"Piensa el sentimiento, siente el pensamiento;
que tus cantos tengan nidos en la tierra,
y que cuando en vuelo a los cielos suban
tras las nubes no se pierdan..."

Unamuno.




Desde aquí entiendo las formas de esta bellísima montaña, desde aquí el vuelo es solo cuestión de evocadoras imágenes.





La tarde se va cerrando, lleva rato avisándome de que pronto apagará la sed de la tierra.
Encuentro ese desvío de caminos que al principio pasé por alto, a pesar de estar bien señalizados, pero la montaña me tenía abstraída. A la derecha hacia la caseta de Albacete y a la izquierda, a la de Jaén.




Ahora a compartir de nuevo el pulso, a batirse en retirada.
Comprendido el lenguaje de la montaña, la calma ya está restaurada.




Un recuerdo a esa vegetación que resiste en cualquier montaña.





Comienza a llover.
Solo nosotros tenemos fecha de caducidad, la montaña no entiende de preámbulos.




"El hombre está pereciendo. Eso puede ser, y si es la nada lo que nos espera, actuemos de modo que sea un destino injusto"

Unamuno.





Algo tiene la presura que te envuelve con la ensoñación de que los quejigos nunca han dejado de ser humanos.




En El Bellotar me dijeron que observara a la peña como con los años se va cubriendo con el avance imparable de los pinos.
Parecen asaltar con infinita paciencia esta fortaleza inexpugnable.




El romero ya ha florecido, cerca hay colmenas. De los pinos se continua extrayendo resina.
Es necesario seguir mirando al pasado, no deben despoblarse estas aldeas, sería imperdonable.




A esta entrada podría haberla titulado como: "Las diversas caras del Cambrón"





"¿Qué es la vanidad sino el anhelo de sobrevivir?"

Unamuno.




Me acerco al Poyo de Abajo, preciosa aldea anexa al Bellotar, ambas pertenecen a Villaverde del Guadalimar.





Junto al arroyo de La Vaqueriza las ovejas descansan.




"Sembrad la parte viva de vosotros mismos en el surco de la vida"

Unamuno.




Con lo que me cuesta separarme de los lugares que me salen al paso y que entran a formar parte de la versificación de los caminos, me dejo llevar por una senda que en sentido ascendente me propone contemplar lindes de preciosos lirios.





Quiero ver de cerca El Pollo Plumar y confirmar que, los que allí vivieron, cada mañana se levantaban con la imagen del Cambrón enfrente.






Una gran charca de riego hoy vacía pero no así los campos que la rodean, olivares bien cuidados.




Sigo inclinándome hacia la balanza de los sentimientos cuando irrumpo en esos lugares donde el tiempo se detuvo.




La vincapervinca siempre aparece en estos lugares, como si cada flor fuese el alma de un antiguo habitante.




Tras el cautiverio de una blanca ventana aguardan los más recelosos recuerdos.





Recordé que con trozos de memoria se recomponen las huellas.




Y volví a recordar que a donde vamos nadie podrá impedir que soñemos.





Chopos, nogueras, paraísos, olivas, pinos...El edén es un jardín vagabundo de emplazamientos.





Se mantiene la traza del viejo horno...




Y un jardín de lilas violetas, de vincapervinca, de entrañables helechos, de hiedra rampante...




Y un limpio manantial con el que alguien mantiene su amado campo.




Pero me quedo con los helechos, con la noguera, con los muros de piedra...




...Y con las mañanas con vistas a la peña.





Desando el camino.





De nuevo los lirios me detienen.






En el Poyo de Abajo reina el silencio.




Un gato me pide mi merienda.




La tarde es apacible. Tarde de paseo. Mientras tanto me pregunto de dónde viene tanta agua.




Siguiendo el cauce llego hasta el viejo lavadero.




"Cada nuevo amigo que ganamos en la carrera de la vida nos perfecciona y enriquece más aún por lo que de nosotros mismos nos descubre, que por lo que de él mismo nos da"

Unamuno.





Poderoso hechizo el del agua escapando...




...al igual que las flores que embellecen los rincones.




Mira que no saber tu nombre.




Para que quede constancia de la gran envergadura de la noguera, aquí mi paraguas vuelve a coger protagonismo.




El arroyo de las Vaquerizas irá a engrandecer al río Guadalimar.




Son las 16 horas, parece mentira que esta mañana a éso de las 8.45 h. comenzara este mismo camino pero acompañada de Celia, amable señora que vive en  El Bellotar. Ella daba su paseo diario, coincidimos un buen tramo, me habló de cuando en estas aldeas vivían más de cien personas, de los pocos habitantes que quedan, de que cuesta vivir de la ganadería, de los nogales, de las colmenas...pero ella nunca se marchará, porque como este lugar hay pocos.
Parece ilusorio que ahora, esta tarde,  hasta aquí me siga el gato, se detenga en la noguera, a su manera me despida. Debe pasarle como a mí, que vamos paseando en soledad y cuando encontramos a alguien nos encariñamos, con esa inocencia que en algún lugar del corazón late con la misma cadencia que, impagablemente,  nos depararon nuestros progenitores. Nos hicieron confiados, humildes, responsables...pero el tiempo va agostando las mieses y a veces no podemos cosechar.





Ya en El Bellotar vuelvo a entregarme al sutil ejercicio de adivinar de dónde viene el agua.




A vislumbrar desde la carretera otras cortijadas cercanas.




A planear sobre los tejados.




A buscar la fuente del pueblo.




A contemplar ese ligero caudal que nunca se corta.




Tras charlar con un anciano, me dice que allí arriba, en la carretera, podré ver el manantial del que se surte el pueblo.




Generoso como la acogida de sus gentes.




En el próximo fin de semana, me dice, celebrarán la fiesta de la Virgen de Fátima.






No puedo esquivar la mirada del Cambrón, desde cualquier rincón me asaltan sus diversas siluetas.


Mayo 2018.



"Vuelve hacia atrás la vista caminante, verás lo que te queda de camino"

Unamuno.



Por si alguna vez lee ésto Celia...



Esta entrada quiero dedicársela a Cristi por su cumpleaños, me pidió rutas por la sierra, aquí tiene una de las más hermosas.








10 comentarios:

  1. Muchas gracias por dedicarme esta entrada tan bonita, me ha gustado mucho. En cuanto pueda la haré, nos das tanta información sobre las rutas que todo resultará familiar al realizarla. Por cierto, unas fotos preciosas, no podían faltar las de tu paraguas. No sabia que esta ruta pasaba por las dos provincias, Jaen y Albacete. Muchas gracias por tanto. Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Qué hoy tengas un gran día, aunque sé, con certeza, que a todos los días les sacas lo mejor que tienen. Un abrazo.

      Eliminar
  2. Nuevamente accedo a tu blog con la sensación de quién lo descubre por primera vez y queda cautivado ante la belleza de sus imágenes y sus textos. La libertad la vamos atrapando a pedazos, aún a sabiendas que lamentablemente, nunca podremos obtener su inmensidad, a menos que ascendamos a alguna montaña y nos dejemos llevar por las diversas sensaciones que nos produce. Nadie mejor que tú para mostrarnos la libertad en plenitud, a través de estos viajes, de ascensiones como esta, hacia el Cambrón, un lugar que marca con su imponente presencia los diferentes espacios que sumados, nos acercan a la comprensión de nosotros mismos y que cambian a veces la percepción que tenemos de lo cotidiano. Calares, valles, y las pequeñas aldeas que configuran el paisaje, aúnan sus bellas formas para hacernos sentir la sensación de que seremos libres cuando seamos conscientes de nuestras limitaciones, pero también de que no debemos dejar que éstas nos impongan su ley. La bella melancolía que denotan tus textos, entremezclados con los de Unamuno, no hace otra cosa que refrescarnos como el agua de ese manantial que abastece de vida a El Bellotar. Un fuerte abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hay una cita de Alessandro Gogna que resume lo que aquí he intentado explicar: "El camino hacia la cima es, como la marcha hacia uno mismo, una ruta en solitario". En una ascensión no solo mides tus fuerzas externas, también las internas, es ahí donde los límites se desvanecen, donde pasas a conocerte desde fuera y a desligarte de tantas miserias que desoxigenan nuestra vida diaria. Ya te he comentado en más de una ocasión que deberías subir alguna montaña, comienza por la que más cerca tengas, obtén la panorámica de tu pueblo y siéntate un buen rato, verás como ganas en percepciones antes desconocidas.
      Solo puedo añadir que tus comentarios son una lección de auténtica y sabia escritura de aquel que sabe y entiende de sensibilidades. Muchas gracias amigo.

      Eliminar
  3. Otra entrada más para el recuerdo Rosa,muy bonita esas montañas con esos manatial de agua tan cristalina y pura nunca mejor dicho dedicada a Cristina por su cumpleaños, preciosas fotografias y escritura,como todas las que haces un abrazo.


    Cristina felicidades, por aquí también un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias Paqui, esta montaña la veo a diario desde mi terraza y le tengo un cariño especial, la primera vez la subí con mi hijo y de alguna manera repito pasos que me recoloquen junto a su memoria, regresar es como intentar coger al vuelo esos recuerdos que si no se alimentan, acaban perdiéndose. Un abrazo.

      Eliminar
  4. Esa mole calcárea que nos describes me recuerda a tantas de mi Burgos... Lara, Carazo, Valnera... Me imagino lo que sientes cuando subes, cuando has llegado a la cumbre y cuando bajas, porque también yo lo he experimentado en muchas ocasiones. Pero fíjate, Rosa Cruz, aun comprendiendo tu afán por caminar sola con tu paraguas, quizá en un afán de encontrarte contigo misma, de que nadie te distraiga de la poesía que ves y sientes, pienso en los que necesitan compartir la belleza de cada momento. Aún con todo, quizá tengas razón, quizá sea necesaria la soledad para describir con bellas palabras como tú haces.

    Gracias por el nuevo recorrido poético que nos atrapa.

    Un abrazo


    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. En el Parque de Redes en Asturias hay una ruta, como todas, espectacular que se llama de Brañagallones, una vez que te sitúas en la majada y contemplas las montañas que te rodean, lo primero que piensas es que si el cielo existe, lo que estás viendo debe ser lo más parecido. Allí ascendí mi primera montaña, a medias en realidad, mientras veía como mi hijo corría hacia la cima, yo le seguía preocupada olvidando mi vértigo. Cuando quise darme cuenta estaba tan arriba y él tan contento que en ese momento entendí que en la vida hay que arriesgar pero también no lamentarse por lo que no se haya hecho antes. De vuelta, ya en mi Jaén, tomamos el relevo con esas montañas que han estado ahí desde siempre en el horizonte, a las que veías inalcanzables y sin embargo todo era una cuestión de sabia decisión. Desde que mi hijo se marchó hace ya tiempo he vuelto a hacer locuras, las que no hice de joven, hermosas locuras que te hacen tocar ese cielo a solas que solo se consigue en una montaña. Muchas gracias por su comentario. Un saludo.

      Eliminar
  5. Preciosa ruta. Gracias por hacernos ver con tus palabras e instantáneas el poder de la realidad, la naturaleza.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Preciosa y fácil de hacer, anótala como pendiente Antonio, aunque sea una vez en la vida haz de hacerla, porque forma parte de ese horizonte de montañas que se ven desde tu provincia y tan cerca de tu casa. Un abrazo.

      Eliminar