sábado, 10 de enero de 2026

BÁRCENA MAYOR ENTRE PIEDRAS Y FLORES (CANTABRIA)

 



"¿Me preguntas por qué compro arroz y flores? Compro arroz para vivir y flores para tener algo por lo que vivir"

Confucio.




Añoramos lo que vimos en algún lejano día del año pasado. Añoramos las oportunidades que perdimos, porque cada vez que visitas un lugar que te estremece, ese lugar se queda con algo tuyo, ¿acaso no somos piezas de un enorme rompecabezas que es la propia vida? Y así perdemos retazos de nuestra trayectoria pasada cuando no acertamos a decidirnos. Cumplido el plazo no hay vueltas atrás.

Siempre añoraré Cantabria, por eso hallarán ustedes en las páginas de este diario viajero tantas reseñas a esta provincia. Si ahora tuviera que elegir dónde irme a vivir sería en algún recóndito pueblecito de la geografía cántabra, lo tengo claro.

Continúo, a su vez, presentándoles localidades con escasos habitantes, con la particularidad de que éste en especial está catalogado con varios "galardones": "pueblo bonito de España", "conjunto histórico-artístico", "premio pueblo de Cantabria 2025".

Madoz escribió que tenía 100 casas y 400 almas. 

En 2024 contaba con 57 habitantes de los cuales 7 vivían diseminados.

Bárcena Mayor representa un retorno al pasado, con una salvedad, solo hay que conseguir aislarse del vaivén de visitantes, aunque nosotros también lo somos, pero buscamos esa soledad que impera en las poblaciones pequeñas y que a veces cuesta alcanzarla cuando te sumerges en un pueblo tan sumamente reconocido.

Hoy me acompaña un panel que a la entrada refleja y explica la vida de esta población, mejor ayuda no se puede pedir. El maravilloso texto es de Carmen Fernández Gómez.

Visitemos este pequeño lugar donde la piedras y las flores conviven en armonía. 





"Érase una vez...
Una pequeña aldea de casas de piedra labrada, largos balcones de madera y tejados de teja, escondida en un singular paraje rodeada de bosques, ríos y manantiales e imponentes montañas.



Sus calles enlosadas, estrechas y serpenteantes unían hermosas hileras de casitas y cuadras, con plazas, lavaderos y bebederos. Por ellas la suave brisa fresca de aire puro removía y mezclaba con arte de maestro perfumista el aroma a flores, hierba y bosque, al tiempo que traía el murmullo de las pequeñas cascadas que el río formaba a su paso.

Con cada estación su imagen cambiaba sin alterar ni un ápice su singularidad y su encanto.




En invierno un manto de nieve cubría el pueblo y las montañas, mientras un silencio sin eco se apoderaba de sus calles y un intenso olor a leña y hollín manaba de las chimeneas...

Por San José golondrinas y vencejos anunciaban con sus cantos y chillidos la llegada de la primavera mientras hacendosas colgaban sus nidos de barro bajo las solanas, en las socarrenas y en los aleros...

(Socarrena es el hueco entre maderos o vigas)



Con la llegada del verano el olor a hierba seca y el murmullo del agua tomaba las calles y cada noche se cubría del fresco con un denso abrigo de estrellas.




"No porque arranques sus hojas a una flor, cogerás su hermosura"

Tagore.



Entrado septiembre una luz cálida anaranjada se apoderaba de todo, las sombras se alargaban y el olor a tierra mojada anunciaba la llegada del otoño...El cielo poco a poco adquiría un color gris plomizo mientras las nubes descendían ladera abajo y la lluvia se hacía protagonista.

"Aún recuerdo como hace mucho, mucho tiempo, cuando los bosques llegaban hasta el río y estas tierras nunca habían sido cultivadas, llegaron mis primeros hijos a través de las montañas, cansados, hambrientos y despojados de todo, en busca de un lugar para vivir en paz...




Vinieron hasta aquí por caminos milenarios y pronto se dieron cuenta de que yo les podía ofrecer todo aquello que necesitaban, aunque no sin esfuerzo. Muchos de ellos decidieron regresar a tierras castellanas. Hoy día hay quién los llama Foramontanos...Otros decidieron quedarse para seguir construyendo su hogar. Generación tras generación y armados de sus manos, su fuerza y de los más rudimentarios utensilios, comenzaron a cultivar las vegas, aprendieron a sacar partido al bosque del que obtenían frutos, caza, leña y madera, crearon zonas de pasto para su ganado, criaron grandes cabañas de vacas fuertes y recias, construyeron sus primeras casas y sus primeros templos...y así, poco a poco, me fueron moldeando y dando forma.




Aprendieron a desarrollar grandes destrezas y oficios, adquiriendo fama y reconocimiento. Aprovechando las nobles y variadas maderas que disponían se convirtieron en grandes artistas y artesanos. Surgieron famosos ebanistas y artesanos que, con su singular estilo, crearon desde los más sencillos utensilios hasta grandes camas señoriales.

Cada primavera llenaban sus carros de rastrillos, mangos, bieldos, astas, jermosos, cevillas y vadillos y se iban por toda Castilla a vender tan preciada mercancía. A esta práctica lo llamaron la Garauja.

( Bieldo: Instrumento para aventar. Jermoso: no lo he hallado. Cevilla es una parihuela. Vadillo es una azada triangular)



En julio del 2024 se inauguró el Centro de Interpretación de las Lavanderas.
Qué mejor lugar que un lavadero.



Se halla en la Plaza del Corral de las Ovejas.



Estas singulares esculturas son del artista cántabro Francisco Querol.



Pero la vida era dura y mis hijos pasaban necesidades, así que los más valientes decidieron dejarme para probar fortuna en otras tierras lejanas. Muchos de ellos llegaron hasta el Nuevo Mundo cuando aquel aún se estaba construyendo. Fueron auténticos pioneros.




Con su trabajo e ingenio fueron capaces de hacer grandes y pequeñas fortunas pero nunca me olvidaron...Una madre es una madre...

Algunos regresaron enriquecidos y con sus ganancias me embellecieron construyendo casas señoriales, ampliando las cabañas ganaderas, reconstruyendo templos, engalanando y acicalando casas, etc...

Otros nunca volvieron pero tampoco olvidaron a sus hermanos, a los que les enviaron riquezas con las que me rehicieron tal como soy hoy.



La llegada de nuevos cultivos como la patata o el maíz salvaron del hambre a muchos de mis hijos, pero también supuso una profunda transformación. Mis casas se llenaron de solanas en las que secar panojas, cebollas y ajos, en mis desvanes ya no solo reposaban manzanas, castañas y nueces, sino que además se llenaron de patatas.




"Hay dos flores en la flor. Una se volvió hacia nosotros, la otra hacia el infinito"

Fabrizio Caramagna.




Las condiciones de vida mejoraron mucho en aquellos años. Fueron los siglos de Oro de estas aldeas y sin duda los más fértiles.

Tuve muchos más hijos y para poder darles casa y cuadra a todos tuve que crecer. Se construyeron y reedificaron nuevas casas, más grandes, más sólidas, más hermosas y más señoriales. Sus fachadas, aleros y balcones se decoraron con singulares tallas. Se reedificaron templos más grandes y crecieron los prados y las huertas.




¿Cuántas veces debería pasear por tus calles para advertir los detalles que delatan tu antigüedad?



Estela en la iglesia de Santa María del siglo XVII.

Madoz nos contaba que además existía una ermita dedicada á Santiago, en el centro del pueblo, y á la salida de él en dirección del campo un humilladero construido hace pocos años por los vecinos. Con la advocación de Nuestra Señora del Carmen, en el cual se celebra misa el día 16 de julio; por la parte de oriente en las Brañas llamadas del Moral, existe otro con la de Asunción de Nuestra Señora, que es del valle de Iguña, á donde concurren con sus párrocos los habitantes de este y los del pueblo que se describe á oír la misa que se dice por voto el día 15 de agosto"




Sin embargo en la vida para aprender a reconocer y disfrutar de los momentos felices es necesario vivir momentos tristes. Llegó el S. XX, Cambalache...Mis hijos y los hijos de mis hijos se fueron yendo, las ciudades y las villas les ofrecían una vida que yo ya no les podía dar.
Poco a poco me fui quedando sola. La melancolía y la tristeza se apoderó de mí y quedé sumida en un profundo letargo...Mis casas se cerraron, las cuadras se abandonaron, las calles se desdibujaron y los caminos se perdieron...



Las zarzas, los saucos y los fresnos ocuparon muchas huertas...Se dejaron de oír chirriar carros por las callejas y el golpear de tarugos contra las piedras.

Todo era silencio. Me volví fría, húmeda y gris. Los años se hicieron lustros...Se paró el tiempo.

Pensé como les había ocurrido a otras aldeas que ese era mi fin, que desaparececería...



Al viajero a Cantabria siempre le sorprenderá que por recóndito, que por pequeño que sea un pueblo, siempre hallará flores.




"Con la libertad, las flores, los libros y la luna, ¿quién no sería perfectamente feliz?"

Oscar Wilde.




Hallaremos flores cuidadas al extremo, como en este caso, la alegría de la casa como llamamos en mi pueblo a la Impatiens walleriana. O veremos hortensias o geranios, igualmente de un variado colorido. Petunias, begonias, dalias...Las flores, ya lo ven ustedes, armonizan con la piedra labrada. Son reseñas que infieren en nuestra curiosidad.





Todo era silencio. Me volví fría, húmeda y gris. Los años se hicieron lustros...Se paró el tiempo.




Pero un día sin saber cómo ni de qué manera se fijaron en mí. Vieron que era especial y diferente.





El viajero debe seguir caminando por otros pequeños pueblos para hallar aún al maíz secándose en las solanas.



Comenzó a venir gente. Querían conocer mi historia...me reconstruyeron, me arreglaron y me engalanaron. Muchas casas se convirtieron en restaurantes y de las chimeneas volvió a salir humo. Otros sonidos muy distintos llegaron a mis callejas y a mis portales llegaron tiendas de recuerdos...¡Me hice famosa! Algunos de mis hijos regresaron y con ellos otros a los que adopté como tales. 

Recuperé la alegría y la sonrisa.



Sin embargo sentía que parte de mi identidad se había ido llegando a tener la sensación de ser la responsable de esa perdida.




"Ningún ejemplo de arte por el arte como la flor"

Ramón Gómez de la Serna.




Bárcena Mayor no olvida lo que fue, aquí pueden contemplar los restos de un horno en una vieja casa, parado en el tiempo, testigo del pasado.





Pero aún estoy a tiempo. Aun puedo utilizar mi fama para transmitir a todo el mundo cual ha sido mi historia y la de otras muchas aldeas que están cayendo en el olvido.

Soy Bárcena Mayor y quiero que mi voz hable y cuente mi historia y la de todas aquellas aldeas que al no ser tan populares o tan hermosas no están siendo escuchadas ni cuidadas..."

Carmen Fernández Gómez.




Es curioso que cerca de esta fotografía, en un alero, descubrí a un petirrojo zascandileando, o así me lo pareció, es su forma de acercarse a los humanos.




Con la sensación de que muy poco ha sido lo que nos llevamos en este corto recorrido, nos vamos despacio, sin prisa, sin tan siquiera atrevernos a romper el silencio que se alcanza en algunas calles, solo roto por nuestros pasos, por el canto de algún pájaro. Arriba las nubes juegan a ser dioses, algunas rapaces nos hacen sentirnos pequeños,  sin valor, ¿quién pudiera volar? Mientras tanto el pueblo abraza un sueño y recita sus propios versos.




ANEXOS:

Razones para quedarse unos días. Unas cuantas rutas.

Senderos y caminos de Los Tojos:

-De Bárcena Mayor a Ozcaba: Dificultad media. distancia: 9.3 km.

-De Correpoco a Llendemozó: Dificultad baja. 3,5 km. De 1 a 2 horas.

-De Bárcena Mayor al Alto de Fuentes: Dificultad alta. 16,5 km. Unas 6 horas.

-De Bárcena Mayor a Los Tojos: Dificultad baja,  6,7 km. De 2 a 3 horas.

-Bárcena Mayor- Sendero fuente Clara: Dificultad baja.  7,5 km.  2,5 horas.

-Saja a Los Tojos: Dificultad baja. 8,8 km. Unas 2 horas.

-El Tojo al Cueto de la Frechilla: Dificultad media. 7,5 km. Unas 4 horas.

-Río Cambilla: Dificultad baja. 3 km. Unas 2 horas...



Esta entrada está dedicada a Charo García porque no entiende la vida sin flores.


Septiembre del 2025.




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