domingo, 7 de mayo de 2017

PRIMAVERA EN LOS HUECOS DE BAÑARES. JAÉN.

En cada primavera amanece una nueva flor, ésa que solo descubro cada vez que paseo por Los Huecos. Un árbol desconocido, un nuevo arroyo que surge tras los deshielos del calar. Hasta las montañas adquieren un color distinto, ese tono cambiante de cada estación, incluso de cada hora del día.
Se nota bastante que no ha llovido lo necesario, el verde intenso de los prados ahora parece más mustio. Aún así la vida continúa con su ciclo, solo que más vacía. Cuesta maginar que aquí vivieron tantas familias, desperdigadas entre tantas cortijadas y que aún sigue viviendo una persona, el último, y espero que tenga relevo. Debería ocurrir que nunca se pierdan las raíces, ésas que nos mantienen unidas a la tierra y a la familia, generación tras generación , alguien tiene que dar testimonio de lo que aquí aconteció, alguien que lo vivió. La tierra no muere si uno parte pero las casas sí. Veo cerezos, fresnos, pinos, arces granadinos, robles, nogueras, encinas...,veo un zorro, una cierva, serpientes..,oigo siempre durante este largo recorrido el cantar de diversos pájaros, solo reconozco al atardecer el del cuco, veo volar buitres, oigo y disfruto con los arroyos, bebo agua de las fuentes, me enamoran  los lirios en flor y  las genistas, la jara, el romero, el tomillo... Las cerezas y las ciruelas van creciendo. Los perros de Morillas me ladran y su sonido se multiplica con un eco fuerte gracias a las paredes de la montaña que tiene al lado,  pero las casas se hunden irremisiblemente como si la tierra a la que estuvieron tan unida quisiera engullirlas para hacer de ellas un compost único. Pero aún hay trazas de que las ovejas van limpiando el campo y el agua que irrumpe por canales antes secos. Me maravillan las enormes encinas, los formidables fresnos, las potentes nogueras...las eras limpias de parvas. Me asomo a las cortijadas y entre sus muros destacan grandes palos caídos como afilados lápices en desuso,  brilla ese azul de las paredes entre el blanco de algunas fachadas. Resisten los muros recios, bien trabajados, las hormas, los canales, los lavaderos...resisten pero sin memoria, ellos la tienen solo que yo no puedo obtenerla, necesito conocer porque observar es mi oficio, necesito encontrar a alguien que me hable como transcurría la vida aquí, alguien que se ilusione al describírmelo,  que  le brillen los ojos y que con cada palabra vaya creando el milagro de devolver el recuerdo de donde nunca debería haberse ido. Tenemos, todos, buenos y malos recuerdos, los almacenamos y los dejamos ahí escondidos, sin salida puede que se pierdan como esos tejados que no se reparan, pero hay que darles salida, dejar que vuelen libres, solo así se le podrá dar una segunda oportunidad a lo que guardamos. Existe la posibilidad de que alguien con la suficiente nostalgia y buen corazón sea capaz de abrirse camino entre tanta maleza y pintar de nuevo las fachadas, y cultivar las huertas y soñar el unico sueño que es posible,  el ser feliz con lo que le rodea.
Me preguntaba en la anterior entrada sobre los Huecos qué imagen tendría en primavera, es lo que entrego ahora.
Seguiré con el tiempo escribiendo sobre esta zona por varias razones,  porque me siento a gusto aquí, porque hay mucho territorio por explorar, porque puede que no haya lugar tan extenso y tan repartido que compartiera una única escuela, una ermita, un cementerio, unas fiestas,  armonía y unión entre tanta dispersión. Hoy en día parece impensable pero no hay duda que lo que aquí se describe existió y quiero ir dándole voz a cada uno de estos núcleos, con paciencia, con tiempo, con multiples paseos. Cada vez que voy descubro algo nuevo, me vuelvo con una nostalgia acrecentada por lo que imagino, por lo que escucho, por lo que es. No es posible entenderlo si no se camina por aquí con todos los sentidos abiertos, sin duda se trata de un lugar donde el tiempo se ha detenido.
Doy paso a las flores, protagonistas de la primavera, algunas enmudecerán hasta que sepa nombrarlas pero sobretodo cedo la palabra al único habitante de este extenso territorio, el único que con su  hospitalidad y amabilidad hará que regrese una vez más a los Huecos, porque tiene mucho que contarme, gracias Francisco Javier. Me quedo con una frase tuya que decía más o menos que seguías alli por continuar con el legado familiar, porque a tu padre aquello le gustaba aún más que a ti y  que vivir en soledad, entre este anfiteatro de montañas, con tus animales, tu huerto, tus frutales, tus recuerdos es lo que te hace feliz.




Si pienso en Segura de la Sierra como uno de los pueblos más bellos de España, no cabe duda que uno de los motivos es su esbelta silueta.




En esta primavera no podían faltar las flores y en este recorrido menos.



Ni el agua, ahora que los arroyos es cuando van más cargados.



Las flores se encargan de salir en primer plano, dejando atrás a los imponentes farallones que me indican que estoy llegando a Los Huecos.



Y los helechos antes de que sequen por las altas temperaturas del expectante verano.



Se van escapando las nubes de esa forma tan elegante...




...abriéndose, rasgando el cielo, cuarteándolo.




Morillas hace un guiño al sol, se despereza y recibe la luz de un nuevo día.



Primavera de genista en flor. Un intenso toque de amarillo entre tanto verdor.



Morillas de Abajo. Hoy tengo que acceder a ti. En otras ocasiones no vi con claridad el camino. Ahora ni me lo pienso, campo a través es la única forma.



Desde abajo, veo lo que veíais, admiro vuestra decisión de elegir este lugar como residencia.







Pareces todo tejados que ya no están, con vistas hacia el calar de la Sima.



Hago recuento de tu arboleda y entre todos destacan los chopos y los cerezos y alguna parra.



Se me detienen los sentidos cuando encuentro un lavadero y aquí es excepcional, fluye el agua de tu caño y además te acompaña un arroyo. Qué más se puede pedir.



Si el agua pudiese decirme quién se reflejó en ella.



Levanto la mirada y asoman viviendas encaladas. Parece que en cualquier momento alguien con pasos sigilosos se acerca con un cántaro...



...o quizás un niño, con su mano pequeña, intentará apartar los amentos del chopo.



La vida se detiene cuando las cuadras se quedan sin mulas...



...las calles se van llenando de piedras y palos caídos, de hierba y zarzas.



Y las ventanas se quedan entreabiertas como mi asombro...



...cuando veo que cada lugar que visito me entrega algo inesperado.



O esta vivienda que parece deshacerse como un ovillo.



Cómo recibes el sol calzada sobre tus bancales.



Cerezos, parra, lirios y genista quieren quitarme la vista hacia el Castellón.



Y me quedo con tus vistas, con tu acertada ubicación, con ese juego de subidas y bajadas a través de bancales que sujetan tus casas a medio encalar.



Y con los iris o lirios morados y su perfume y vistosidad.



De vuelta a la pista, oigo agua caer...



...la oquedad que pude admirar en invierno, es ahora un continuo tintineo, una lluvia incesante.



Sigo sin saber tu nombre. Te doy la vuelta completa, estás en uso para el ganado.



La era del siguiente cortijo se abre al campo como si de una pista de aterrizaje para golondrinas se tratase.



La tiná de Morillas. O puede que tu nombre sea otro. Tiempo al tiempo.



Genista, hiniesta o retama de tintoreros...Cómo os gusta a las flores vestiros con hermosos nombres.



Prado de Juan Ruiz ya está a mi alcance.



La fuente del Rinconcillo será la que rellene mi botella.



La antesala a Prado siempre será su era. No me canso de fotografiarla.



Me he prometido no entrar a la aldea, si lo hago, no podré continuar mi camino. Solo me acerco a esta enorme noguera que comparte, con armonía,  espacio con un cerezo. Qué poco nos parecemos a las plantas.



No recordaba que siguiendo la pista me encontraría con el PR-174 que te lleva hasta la cima del Mentiras de 1.897 m. de altitud. Sendero que algún día intentaré hacer pués además de pasar por bancales de cultivo y una fuente, debe tener unas vistas espléndidas hacia Los Huecos de Bañares.



Entre el verde más brillante de los fresnos asoma el cerro de Los Frailes, omnipresente en casi toda la ruta.



Una preciosa estampa de Prado.



Los Frailes van cambiando su aspecto. Quizás sea parte fundamental de este recorrido el ver cómo una montaña se va transformando conforme te acercas a ella.



En este rincón veré entre bastantes fresnos uno enorme, que debido a cómo le incidía la luz, no me es posible mostrar en toda su envergadura.



Primera imagen que veo de la cortijada del Collado de La Fuente, la única habitada de continuo en toda la zona.



Jara en flor que siempre irá unida a la elaboración de miel.



El cortijo del Centenal, a la derecha de la pista, bien visible, sobretodo por las enormes encinas que parecen guardianes de sus muros. La del fondo es imponente.


Al darle la vuelta en busca de su fachada principal me encuentro que está totalmente invadido por el ailanto, árbol que posee esa habilidad.



Las ventanas lo encuadran.



Solo se libran las cuadras.



Voy al encuentro de la enorme encina, formidable.




Sus ramas se extienden como brazos de un gigante.



 Me despido del cortijo, me cuesta su visita, jaras, genistas y ailantos la hacen casi imposible.



Un último detalle, ese amor que parecen sentir la encina y el muro, ambos resisten porque se apoyan.



Desciendo el camino, una última instantánea del Centenal. Increíble su ubicación, sobre una plataforma.




He conseguido llegar al Collado de la Fuente. Me parece un sueño.



Un ciruelo junto a nogueras, cerezos, encinas y hortales conforman esta naturaleza tan bien cuidada por Javier.
Este amable pastor será mi anfitrión durante el tiempo que dure mi visita a su idílico entorno.
Se nota palpablemente que ama todo lo que le rodea, que el campo y sus animales le atan a esta tierra de una forma especial, la de aquél que se siente libre y feliz con lo que tiene, la de aquél que no quiere partir de los Huecos porque sigue con el legado de su padre. Y como éste, continuará aquí porque no hay mayor grandeza que sentirse a gusto con lo poco que tienes, sabiendo que no necesitas más. 
Si estuviésemos a la deriva, iríamos soltando objetos que en ese momento pensaríamos que son prescindibles. Él hace tiempo que sabe lo que necesita, lo tiene muy claro. 



"Esta era la escuela, iríamos más de veinte niños. Los de Los Centenarejos y Arroyo Seco eran los que lo tenían más complicado, más de una hora y media los últimos. 
Por esa puerta con escalinata entraba el maestro a su casa, a la derecha tenía la cuadra para la caballería.
La puerta que ves de frente era la entrada a la escuela.
Recuerdo a Dª Isabel, cuando se casó en Cañada Chica se trasladó la escuela allí. Hasta que llegó Dª Encarnita que estuvo aquí durante un año, con su partida se cerró para siempre nuestra escuela. Nos trasladaron internos a Segura de la Sierra."



"Aquí ves nuestro campo de fútbol, hacíamos campeonatos, recuerdo cuando jugaban los de Los Huecos contra los de Gontar. Se puede observar que los límites del campo lo forman hileras de pinos y encinas que ahora están más escasos pero antes lo cubrían todo. Puedes ver aún las piedras que servían de asiento. También teníamos tres boleras, aquí mismo se puede observar la piedra donde se colocaban los mingos. Era una manera muy entretenida de pasar el tiempo, jugando a los bolos serranos o a la brisca en las casas."




"Abajo está el molino del Rubial, era harinero. Junto a él pasa el camino que servía de unión para todos los cortijos de Los Huecos, desde Morillas hasta Los Centenarejos. Y sin puentes para poder atravesar el arroyo de La Espinea. Imagínate cuando venía crecido se llevaba por delante las caballerías. Más abajo existió un puente que se derrumbó por una crecida.
Mi familia tenía olivas en las Juntas de Miller, cuánto esfuerzo para llegar hasta allí, para moler la aceituna se llevaba a la almazara de Los Besiges, que también está abandonado, como todo lo que nos rodea. Cuánto trabajo tenía mi padre para tener que remontar el collado para ir a arreglar los olivares."




"Al fondo, entre los chopos ves Morillas, el primer cortijo que marca el inicio de Los Huecos de Bañares. Acaba con Los Centenarejos que ya conoces y entre medias, más cerca de éste se encuentra el lugar donde nací, Cañada Chica."




"Allí a lo lejos, entre bancales, están Las Lagunillas. Entre Loma Rasa, la montaña de la izquierda y el Puntal de la Espinea, a la derecha, está la senda que llega a Cabeza la Mora y Cañada Seca"




"Hay muchos cortijos desperdigados por el monte, el Horcajuelo, la Erica, el Ercantal, la Tejera de Arriba, la Tejera de Abajo, Las Espineas..."



"Pero este lugar es único, mira las montañas que le rodean. Aquí no solo hubo escuela, también tienda de ultramarinos, fragua. Vivían seis familias en concordia. Teníamos cuatro hornos de pan, solo uno estaba en el exterior. No tuvimos nunca luz eléctrica pero nunca nos faltó el agua.  La pista de La Molata, el campo de fútbol que has visto, era el centro más importante de todos Los Huecos, no veas la gente que se juntaba aquí. A excepción de cuando se celebraban las fiestas en honor a nuestro patrón, San Isidro..."




"...yo nací justo el día de San Isidro, el 15 de mayo, en Cañada Chica, en la casa de arriba. Rufina, nuestra querida parturienta, a la que quiero como si fuese mi madre, atendía todos los partos de Los Huecos, me cubrió y me llevó a la casa de abajo para lavarme. En ese momento se celebraba el baile y ella me pasó por entre medias de los allí reunidos. Dicen que por eso me gusta  tanto bailar y puede que esa sea la razón. Por nacer en tan señalada fecha,  el cura me bautizó al día siguiente, el fue el que me puso por nombre Francisco Javier. 
Lo cierto es que las fiestas en Cañada Chica eran magníficas, no solo por la gente que allí se reunía, eran dos días intensos, emotivos, irrepetibles. El cura, ya fuera el de Yeste o el de Segura se quedaba con nosotros. Y además venía de vez en cuando a oficiar misa a la derruida ermita que me has dicho que ya conoces. Me apena recordar como está mi Cañada, con lo que fue.
También se celebraban fiestas el día de la Cruz, en cada cortijada se ponía al menos una"




"¿Ves ese triángulo verde que hay allá arriba en la oquedad?. Pués era nuestro reloj, según incidiera el sol, podíamos descansar de las tareas del campo o iniciarlas.  Imagínate qué tiempos tan difíciles que hasta arriba en el calar había eras que aún se pueden ver. Desde Cañada hay una senda que te lleva arriba."




"Arriba, en el Miravete, subíamos a jugar a una piedra desde Cañada, cuando eramos niños"




"Se vivía de la ganadería, ovejas, cabras, gallinas y cerdos. Gracias a las bellotas de las abundantes encinas sacábamos para la matanza y un jamón magnífico.
El hortal se sigue railando, es decir, se deja que las ovejas lo estercolen y así se enriquece sobremanera la tierra, da unos buenos tomates, judías, todo lo que se quiera. También cultibábamos trigo, cebada. Te habrás fijado que cada cortijo tenía su era.
Se elaboraba el vino y el aguardiente en las casas. En fin, éramos autosuficientes y felices"




"La fuente lavadero la rompieron cuando hicieron la pista, era preciosa"



Me marcho tras despedirme de Javier, sé que no volveré a encontrar a alguien igual, capaz de vivir su sueño entre tanta soledad, eso sí, bien acompañado por sus animales, sus huertas, sus frutales...arropado por sus montañas. Autosuficiente y con ganas de seguir adelante.



Ahora más adelante tomo un desvío a la derecha que me lleva hasta el Toconal, el cortijo que está más cerca de Los Frailes.



Su alberca hoy vacía.



Sus casas encaladas.



Entre frutales y olmos...



...al abrigo de miradas indiscretas.



En un buen estado de conservación.



Me acerco buscando el origen del murmullo del agua.



Con dificultad accedo al lavadero. Lástima que se encuentre así.




Sigo el curso de las canalizaciones que drenaban el agua sobrante a una cárcava hoy vacía.




De vuelta a la pista, me volveré a introducir por otro sendero, esta vez a la izquierda que me llevará hasta aquí...



...donde una bonita era me quiere indicar que cerca debe existir otro cortijo.



Una vez más aparecen encinas majestuosas.



Una senda medio perdida en descenso...



...me lleva hasta lo que creo debe ser el cortijo de La Cañada.



Más abajo se vislumbran restos a los que no puedo acceder.



Regreso a Prado y entro solo para ver...



...su arroyo.



Y la fuente. Javier me dijo que probablemente habría reventado en invierno.



Al salir me acuerdo de este rincón donde imagino y así lo corroboro que los lirios en flor comparten su espacio con las acacias. 



Y me despido contando montañas, iluminadas con las últimas horas de luz del día.



Con Morillas y sus perros ladrándome de nuevo.



Con el calar de la Sima al fondo.



El Castellón como fortaleza inexpugnable.



Y las flores de cuyo nombre no puedo acordarme...



...de los arces granadinos que forman bosquetes con encanto.




De lo difícil que debe ser acceder a tu cima.















De las primaveras que se visten de ellas mismas.



Y de las peonías silvestres o rosas de monte. Qué mejor regalo para entregar hoy en el "Día de la madre".

  

6 de mayo 2017.



Mi agradecimiento a Francisco Javier Gonzalez Lopez, sin ti ésto no habría sido posible. Esta entrada tiene una doble finalidad, como recuerdo de tu admirable memoria y como felicitación a tus dos madres, Mariana y Rufina.




12 comentarios:

  1. Se dice que para ser feliz: “hay que tener buena salud y mala memoria”. En Francisco Javier este dicho no se cumple, pues tiene buena salud, buena memoria y además es feliz, ya que tengo la suerte de conocerlo y sé a ciencia cierta que lo es, eso sí, le gusta un baile más que “rascarse en un grano”, expresión un poco basta, pero que todo el mundo la entiende. La razón ya te la ha dado él.

    De todo lo que has narrado y fotografiado con mucho sentimiento y alegría, poco te puedo decir, bueno una cosa sí, yo le he puesto olor a la prados y a las flores; sonido a los pájaros y a la calidez del sol del mes de mayo en ese lugar tan idílico que son los Huecos de Bañares.

    Enhorabuena por esta nueva presentación que nos has regalado … estás con “tus Huecos” como una “zagalona con zapatos nuevos en el Domingo de Ramos”.

    Sigue así, mucha gente que te sigue, te lo agradece.

    Un abrazo. Miguel Mesa

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    1. Gracias Miguel por ese punto tan alegre que solo tu sabes dar a los comentarios. Para mí, Los Huecos de Bañares, se han convertido en algo esencial en esta odisea por tierras jienenses, creo que hasta cuando intento hacer otra excursión distinta, como por Pontones, ni el coche me obedece y se gira para Segura como si allí estuviese mi hogar. No me importaría perderme, en el buen sentido de la palabra, por aquella extensa zona. Cada vez que voy me doy cuenta que avanzo poco, que hay tanto dónde aprender, tanto por contemplar, que por esa razón regreso a mis Huecos una y otra vez.
      El sábado fuí con la idea preconcebida de acercarme hasta la ermita de la Sierra del Agua o hacia Las Camaricas o subir de nuevo al Espino, esas eran las opciones desde donde había aparcado el coche, pero seguí el camino a donde me conducían mis pasos, era irremediable y tuve la suerte de encontrar a Javier. Así que entenderás que tengo que regresar. Gracias por tus indicaciones, tus consejos y por ser el inductor de toda esta maravillosa historia que no tenía más remedio que encontrar. Un abrazo.

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  2. Si no te conociera, no creería lo que veo, trabajar tanto y cuando descansas hacer las rutas que haces incansablemente, admirando los paisajes y luego colgandolos en el blog para que los demás veamos paisajes inimaginables,Gracias por ser así.

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    1. Antonio, como me conoces bien, sabes que no me canso de caminar, que ésto que hago lo necesito para poder continuar con esa lucha diaria y desconectarme de todo en esos momentos precisos. Fíjate que el sábado comencé a caminar a las 8.30 h. y cuando regresé al coche habían transcurrido más de 11 horas y ni me había dado cuenta. Es sencillamente lo que necesito, no estar pendiente de nada, ni del tiempo, ni de lo que sucede hacia fuera, solo quiero disfrutar en mis paseos, como he dicho en otras ocasiones, ir de vacío y volver cargada de sensaciones nuevas.
      Un abrazo para vosotros.

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  3. Si estuviésemos en siglos pasados y no tuviésemos coches, ni cámaras digitales ni mapas ni todas esas zarandajas de hoy día, serías la perfecta juglar que nos reunirías a todos al calor de una lumbre o al frescor de una alameda para detallarnos de pe a pa tus incansables caminatas por esos mundos allende las montañas de nuestro entorno. Conoceríamos los caminos, los árboles, las cortijadas, las flores, las gentes de lejanos lugares gracias a tus relatos. Seriamos unos perfectos viajeros sin viajar.

    Que bonito tu encuentro con el pastor!! Seguro que no haría falta casi ni que le preguntaras, sus recuerdos salían de su boca por si solos y aún se lamentaría cuando te hubieras ido de no haberte contado más cosas que le hubieran venido a la memoria.
    Javier sabía en su fuero interno que un día iba a aparecer una persona que iba a llegar un poco más allá de lo que lo habían hecho otras personas. Iba a buscar conversación, se iba a interesar por su situación, iba a compartir y lo que es más importante, iba a escuchar emotivos relatos del pasado que casi nadie había querido perder unos minutos en oír.
    Tu te marchaste exultante por la vivencia que habías tenido pero seguro que él se quedaría tanto o más contento. Había compartido un tiempo con una persona que venía con distintas miras a las que lo habrán hecho la mayoría de los senderistas que por allí hayan pasado.
    Para ti fue un día especial por tener a quien escuchar. Para él también fue un día especial por tener a quien contar.
    Disfrutaste con lo que caminaste, con lo que viste, con lo que oíste. Pasaste aunque sea de refilón por una de tus aldeas fetiche.
    ¡Que más se puede pedir para alcanzar el clímax ese día!
    Rosa ¡¡fantástica entrada!!
    Un cordial saludo.

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    1. He esperado a contestarte precisamente hoy, porque sabía que tendría que volver por Los Huecos de Bañares para intentar acabar lo que comencé allá por diciembre del 2014, cómo pasa el tiempo. Entre aquella fecha y el domingo pasado han trascurrido varias visitas, he perdido la cuenta de las veces que he regresado allí. Y en cuanto pueda estaré de nuevo caminando entre calares y grandes encinas, intentando localizar los cortijos que aún no conozco y sobretodo quisiera hacer el camino que los unía, me introduzco por senderos que se van perdiendo, algunos con sus muros en pie, conozco las eras, las fuentes...Y no me canso de agradecer a Javier que me de a conocer a sus gentes a través de sus recuerdos. Pero de todo ésto tú ya sabes bastante más que yo y por éso te agradezco que me entiendas.
      Solo un apunte, no pasé de refilón por Prado de Juan Ruiz, me resulta imposible, siempre entro en ella o directamente por la era o por abajo, por los bancales, siempre hay algo que me dejo, algo nuevo. Para ir a las demás tengo que pasar junto a Prado, son dos horas y media de recorrido desde donde aparco el coche. Si en su lugar estuviese La Taina, el Toconal o la preciosa Cañada Chica, haría lo mismo. Pasar junto a ellas sin entrar es como encontrarse con un amigo y no estrecharle la mano. Gracias por tu bellísimo comentario. Un cordial saludo.

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  4. Tus bellas descripciones no dejan de asombrarme y de mostrarme retazos de sitios como los Huecos, en la Sierra de Segura, que son tan cercanos como desconocidos para mi. El año pasado visité Segura de la Sierra y aluciné ante su espigada belleza. Hoy nos muestras una parte de esta Sierra, con sus cortijadas como Morillas de Abajo y toda clase de flores que adornan una primavera que precipita al verano. Fuentes, lavaderos y ventanas, nos dan indicios de la vida vivida. Los lirios y las genistas, que vigilan tus pasos, exaltan aún más la belleza del camino. Además de las excelentes fotografías, que exponen lo magnífico de estos parajes, contigo aprendemos que las anteriormente mencionadas genistas, se llaman también hiniestas o retama de tintoreros. Me deleito al contemplar una gigantesca encina, que se alza poderosa en la soledad del campo y como no, me deleito también con las vívidos recuerdos de Javier, que nos cuenta de una forma tan sencilla como hermosa, los días pasados. Enhorabuena por esta, como siempre, excelente y bella entrada. Un abrazo.

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    1. Ya que conoces este precioso pueblo es fácil entender que todo lo que le rodea queda a su misma altura. Estamos acostumbrados a quedarnos con lo más llamativo y es cierto que ya no solo por su castillo, su iglesia, sus baños árabes y sus calles, merece la pena un largo paseo. Pero si atraviesas el pueblo con el coche y sales a esa estrecha carretera, te conducirá a lugares que ni te imaginas. Puedes visitar sus pequeñas aldeas, La Hueta y sus cascadas, Moralejos, Río Madera...,ascender a sus montañas como el Yelmo, el Navalperal, el Espino...y puedes perderte en Los Huecos que para mi es uno de los parajes más impresionantes que he visto nunca, auna espectacularidad con esa soledad que tanto me gusta y qué mejor que caminar y disfrutar de ella por esta amplia zona donde cohabitan bosques, cortijadas, montañas y arroyos. No pido más.
      Muchas gracias por tu precioso comentario, siempre acabas derrotándome con tus palabras. Gracias amigo.

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  5. Preciosa la ruta que nos va desmenuzando Francisco Javier, acicalada con ese sentimiento tan profundo y verdadero. Enhorabuena serrano!! y gracias por llevarnos al corazón de nuestra Sierra. Saludos.

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    1. Gracias por su comentario. Este reportaje no podría haberlo hecho sin la grata conversación y buena memoria de Javier. Un saludo.

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  6. Uno puede pensar que todas las rutas son parecidas. Tal vez así lo sea en apariencia, pero cada lugar tiene impregnados momentos de antaño que se intuyen a cada paso. Un abrazo.

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    1. Es cierto, nunca una ruta es parecida aunque la hagas mil veces. Cambia el paisaje, cambiamos nosotros...Pero la ilusión siempre es la misma. Un abrazo.

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