domingo, 30 de julio de 2017

POR LOS MOLINOS DE SAN CARLOS DEL VALLE. CIUDAD REAL

Un viaje a través del tiempo es lo que intentaré reflejar hoy aquí. Una visita en agosto del 2015, en uno de esos días donde inventas ángeles que dejan perder el amarillo de su pan de oro para esparcirlo por los campos devastados en verano.
Todo comenzó con una excursión para ver los molinos de San Carlos del Valle. Pero antes, una parada obligatoria en su bellísima plaza para recabar ángulos que detallaran su exquisita arquitectura, obra que es hoy Bien de Interés Cultural. Más tarde un recorrido por el deterioro imparable de los molinos de este pueblo en la margen del río Azuer, para acabar con el cementerio viejo de Pozo de la Serna, maltrecho por el tiempo. Una segunda visita a su recinto trascurridos 9 años, la anterior fue en abril del 2004,  me enseña que el paisaje intenta absorber su fábrica para integrarlo en el amarillo de la muerte. No es suficiente que un cementerio albergue muertos, él en si debe formar parte de ellos. Me pregunto qué quedará de él cuando trascurran unos años más.
Siempre he querido saber cuál fue la causa por la que los molinos dejaron de ser útiles y encontré la respuesta. Pensemos que el grano y su molienda siempre han sido fundamentales para la subsistencia del hombre. En 1857 en España estaban matriculados 20.119 molinos, de los cuales 106 estaban en Ciudad Real, pero no existía aún ninguna fábrica harinera en Castilla la Mancha, sí en otras zonas. Llega la guerra civil, se crea el Servicio Nacional del Trigo (SNT), los agricultores debían vender su producción a este organismo en exclusiva. En el 39, con el racionamiento, los estraperlistas consiguen que algunos funcionen de forma clandestina.  En el 40 se cierran temporalmente los molinos. Hasta que en el 52 se abren de nuevo. Pero 12 años de abandono pasan factura. Algunos llegaron a moler hasta los años 70 pero las fábricas de harina ya estaban en auge, este fue su fin. El resto es lo que vemos ahora, abandono y expolio. Muy pocos fueron recuperados en fincas o como centros de interpretación.
Y acabo intentando excavar hasta los cimientos de ese pequeño cementerio, donde habita el olvido. En mi segunda visita pareció que tras el amarillo manchego se esconde esa desolación que infunde tristeza, que hace que sus ruinas intenten desvanecerse tras una amarillo sol, tras una mies de igual tonalidad, tras la marchita y apagada tierra desoída por el agua. El tapial casa bien con este amarillo del paisaje que irrumpe en las conciencias con la desazón del abandono,  pero también la esperanza acude bajo la forma de un día gris que intenta encumbrar entre espejismos desérticos la idea de ser una antigua imagen de un lugar tantas veces mal evocado, la Carcosa de Chambers, en realidad la Carcosa de Bierce, ese escritor que desapareció de la faz de la tierra sin dejar rastro alguno. Dicen que quizás lo fusilaron en la pared de un cementerio allí en México. A mi me gustaría imaginar que viajó y llegó a España y que ese aviador sin nombre que está enterrado aquí es él. La literatura es la única que puede salvar distancias, la única que puede hacernos soñar.




Hablar de San Carlos del Valle no es válido si no se sitúa uno ante su iglesia y su plaza.
Hay que venir hasta aquí e intentar averiguar qué ocurrió para que en este pequeño pueblo se hiciera tan magnífico monumento.




Construída como atrio de la iglesia. Es un enorme rectángulo de 53 x 21m. A un lado, el ayuntamiento de balcón voladizo sobre ménsulas de madera y al otro, la Casa Grande, hospedería con patio de carros al que se abren una galerías de madera.
Le llaman el Vaticano manchego.




Todo comenzó en la Edad Media,con una ermita bajo la advocación de Santa Elena donde se veneraba un Santo Cristo pintado, el Cristo de Santa Elena. Una suerte de milagros y un camino muy transitado, el Camino Real de Andalucía y comenzó a crecer gracias a las muchas donaciones que les hicieron los peregrinos. En 1729 se acaban las obras de esta ingente iglesia. En 1800 San Carlos se emancipa de Membrilla.
Es muy curioso lo que a partir de una ermita se fue creando, pasó a ser la parroquia del Santísimo Cristo del Valle de Santa Elena. Los gobernantes decidieron que a partir de las donaciones hechas se dotara a la aldea de sacerdote, maestro para niños, maestra para niñas, un médico, un cirujano, un sacristán, un pósito, un Monte Pío y  un reparto equitativo de tierras, en fin, se creó un nuevo lugar donde básicamente funcionara la equidad y todo a partir de una estrecha y prolongada devoción.




MOLINOS DE SAN CARLOS DEL VALLE:
Es un río, el Azuer, el protagonista de esta breve reseña, a pesar de su escaso caudal, seco en verano, movió un elevado número de molinos harineros. Funcionaron durante siglos, desde la Edad Media hasta mediados del siglo XX.
En el término municipal de San Carlos del Valle se localizan cuatro:
El de los Moros, Chico, Santa Elena y el del Blanquillo.
Recibían su caudal a partir de azudes o canales, pero en verano no funcionaban o si lo hacían era gracias a presas que recogían el agua.
Con el Catastro de Ensenada (1752) aparecen por primera vez citados con su nombre actual. Anteriormente en las Relaciones topográficas de Felipe II  los que se citan,  lo hacen bajo el nombre del propietario.
Veamos su estado actual:




Molino de Santa Elena, de balsa con dos muelas. Planta rectangular y alzado de mampostería caliza. La techumbre perdida. Puede observarse su distribución con distintas dependencias para el molinero, pajar, animales...
Este molino se halla enclavado en el valle de igual nombre. Parece ser que en las Relaciones se citaba como de Lope Ruiz.
Se encuentra en la margen derecha del río Azuer. Cultivada por vides y cereal su terraza fluvial. Tiene un caz de 830 m.




No es la mejor de las fechas para intentar descubrir los restos de un molino, el paso a menudo obstaculizado por esa hierba amarilla que crece con desorden, que te llena sin piedad de abrojos.




Es fácil retroceder en el tiempo e imaginar a un burro como el de ahora transportando hasta tres sacos de cereal en grano para su posterior molienda. El molinero se quedaba con la maquila, la cantidad que este acordaba por su trabajo, y el resto volvía cargado de nuevo sobre los albardas del borrico a su lugar de origen para ser o vendido o consumido.
El pasado a veces permanece con nosotros con esta tierna imagen.




Esta quintería se sostiene aún por el uso constante de los años, el cereal sigue siendo la base de la agricultura en esta zona, pero también hay viñas.




Continúo recordando aquellas historias que me contaban mi padre y mi abuelo. En las noches desapacibles era cuando los estraperlistas transportaban el cereal a los molinos maquileros para así esquivar la vigilancia de las autoridades. Aunque también lo hacían de día, por caminos, intentando evitar carreteras. A veces les cogían, les quitaban la carga y vuelta a empezar.




Este molino tenía delante dos cárcavos de salida, detrás los de entrada, la balsa y el caz.
Era de dos piedras y su dueño según consta en el Catastro de Ensenada era Cristobal Salazar.
Entre los años 40-50 paró su actividad molinera.
Conserva casi todos sus muros, los cárcavos de salida, la balsa y ladrón y caz y dependencias como cuadras, pajar, vivienda.




Abandono la Vega de Santa Elena y me dirijo cruzando la carretera a la siguiente parada, al fondo las viñas tiñen de verde la tierra.



Más ruinas de tapial, colosales muros que ya se construían hace miles de años, económica factura con lo que ofrecía el terreno, arena y arcillas, paja, ramas, incluso estiércol.




Molino del Blanquillo. El "camino de los contrabandistas" llega hasta aquí y comienza a llamarse "del Blanquillo".




Molino de balsa con dos muelas. La base del molino está construida con mampostería caliza. Sobre la misma descansa el alzado de tapial de tierra. Los arcos de salida de los cárcavos son de medio punto a base de ladrillo. En las Relaciones se le nombra como Molino de Alonso de Mora.





En la margen derecha del Azuer en terraza fluvial cultivada por cereal y vid. Caz de 750 m.
De piedra y argamasa. Delante presenta sus dos cárcavos de salida, detrás los de entrada, balsa y caz.
Conserva parte de sus muros, cárcavos de salida, balsa,ladrón, caz y otras dependencias.
Ensenada dice que posee dos piedras y es de Manuel Fernández.
En 1926 para su actividad, sus últimos dueños son Juan Manuel y Angel Simón de La Solana.





Hoy en día riñen los campos que amarillean por lucir con ese dulce y amargo desliz que permite que lo que se hunde se desintegre con la tierra yerma hasta que en otoño, con las primeras lluvias, el adobe continúe su lento deterioro.




Hoy los caminos que sí que tienen nombre nos acercan a estos despojos que aparecen ilustrados para un libro de espejismos. La Carcosa de Bierce es una ciudad extinguida en ruinas, la imagino integrada por edificios de tapial, antiquísimos, donde el tiempo se ha detenido como los cuervos que sobrevuelan los cielos plomizos que auguran unas acertadas cabañuelas.




Las puertas entreabiertas dejan paso al silencio espectral de una habitación diáfana donde un extinto palomar implora ser realojado de nuevo.




Los cardos, únicos habitantes de la nada, cenizos y siniestros a mi paso, levantan esquirlas por el dolor de lo inevitable.




Y no puedo remediar seguir intercalando mis sueños con los de otros, me hago con la idea de que el paisaje en verano o te hace sentir la pesada carga de un tejado hundido sobre tus hombros o el alivio por escapar de tanta devastación.




Y tras intentar dar esquinazo a esa angustia que a veces te imprimen los paisajes cuando tu espíritu se encuentra a su vez en horas bajas, es cuando surgen las palabras de Bierce: "...Observé con asombro que todo me resultaba ajeno. A mi alrededor se extendía una desolada y yerma llanura, cubierta de yerbas altas y marchitas..."




"...Por encima del lúgubre paisaje se cernía una bóveda de nubes bajas y plomizas, suspendidas como una maldición visible..."




Ahora cruzo de nuevo la carretera quisiera llegar hasta el molino de Los Moros, quizás el más antiguo de los cuatro.




Frente a mí,  intentando conseguir que rivalicen el amarillo con el verdor de una alameda , se encuentra esta antigua edificación.




Los molinos apenas eran diferentes al resto de quinterías y casas de campo de los alrededores.





Desde dentro el camino es otro, el del retroceso, el que intenta atrapar los sonidos que permanecen escondidos en los ángulos perdidos de habitaciones que muestran indelebles signos en sus paredes.




Situado en la vega de los Moros su caz es de unos 1000 m.
Hay álamos, viñas, almendros, paraísos, tarayes...




Y hay verano que limita la vista. Aquí necesito regresar en primavera e ir al encuentro de las flores, la corriente del Azuer, la piedra y el tapial, los sonidos y los recuerdos...




Los molinos del Azuer eran molinos de sencilla construcción, integrados en el cauce del propio río y con sólidos muros de mampostería trabada con argamasa en el nivel hidráulico y con tapiales de tierra realizados con materiales procedentes del entorno donde eran construidos. Estaban cubiertos  con sencillas cubiertas de teja curva y normalmente integraban en su construcción otras habitaciones como almacenes, la vivienda del molinero y su familia, al igual que otras dependencias para guardar animales.
El Catastro de Ensenada sobre Alhambra dice que tiene dos piedras y su dueño es Luis Camero.





Complejo molinero distribuido en tres espacios con diferentes dependencias, con forma longitudinal y planta rectangular. Aparecen delimitadas la sala de máquinas, viviendas y sótano, cuadras, pajar, cochineras y horno.
Materiales de construccion: mampostería, ladrillo y piedra labrada.
Su caz nace de una presa situada a 700 metros.




Aún podemos observar las dos plantas y su fábrica a base de zócalos y cimientos de mampostería de cuarcita trabada con barro.





El desplome ya no se puede detener, aquí las dependencias del molinero.




A la izquierda se pueden observar restos del patrón para el repicado de las muelas. Representaban las piedras de moler sobre las que aparecen las estrías que había que tallar sobre las piedras durante los trabajos de mantenimiento que se hacían periódicamente.




Está en el Camino de las Carretas que une también el molino del Paso y el de Los Álamos y el del Comendador,  ya en Membrilla.




Molino del Chico o de Juan Salazar.
Molino de balsa con dos muelas. Construido con mampostería caliza trabada con barro. Tenía planta rectangular. Se pueden observar aún los arcos de los cárcavos, su planta y distintas dependencias (almacenes, pajares, sala de máquinas, vivienda del molinero...)
Situado en la margen izquierda del río Azuer, en terraza fluvial cultivada por vides. Caz de unos 600 metros.





Ensenada dice que tiene dos piedras y que Antonio de Castro es su dueño.
En la descripción de la Encomienda se dice que su dueña es Antonia Antolinez de Castro y Ferrer.




Entre los años 30 y 40 para su actividad molinera, sus últimos propietarios fueron  los Jarava.
Se conoce también por el "de las Monjas"
Prácticamente desaparecido conserva muros, dos cárcavos de salida y entrada, la balsa y el caz.
Cada molino tenía su caz, pero a partir del embalse del puerto de Vallehermoso, cambia el patrón constructivo, surge un caz más extenso,con varios kms y que surte de agua a más de un molino. El agua que mueve un molino llega al siguiente y así sucesivamente hasta volver al cauce del río. En su inicio, en una presa de mampostería,  se recogía el agua para derivarla al caz. De las tres presas que se conservan, una es la del molino de los Moros y el Chico, y la de Santa Elena y el Blanquillo.




Y de vuelta a casa, hago una parada en el cementerio viejo de Pozo de la Serna, pedanía de Alhambra.




Descansa junto al Camino de Cuenca a Andalucía o Cañada Real Conquense o de los Chorros o Vereda de los Serranos.
Tiene una superficie rectangular de 374 m. Cercado por una tapia fabricada de tapial y pilares de mampostería bastarda o de ladrillo macizo típico de los tejares del Campo de Montiel.




Ese vacío que reina en los cementerios cuando se abandonan solo se puede volver a llenar con ramos de crisantemos, claveles, rosas, lirios...Con el respeto como aliado del silencio reinante. O con el ejercicio de la memoria sobre los nombres de aquellos que descansaron sobre la tierra. Acercarse a un cementerio es una señal de aceptación, la afirmación de que lo que somos tiene caducidad.
Decía Machado: "La muerte es algo que no debemos temer porque, mientras somos, la muerte no es y cuando la muerte es, nosotros no somos"





Contaba con una sola puerta de entrada que tendría en su momento una verja de forja de hierro.
No existían nichos, se enterraban en la tierra, a excepción de los dos mausoleos.





Junto al ciprés seco existió un panteón, menos ornamental que el de la derecha. Perteneció a  Dª Eugenia, maestra nacida en Anchuricas, sin hijos, aquí fue enterrada. Frente a la tumba existió un Santo Cristo.




Busco otro día gris de hace 9 años y me encuentro que el ciprés aún vivía, con esa vitalidad que mana de abril cuando la primavera despliega sus colores sobre la tierra.




Este era el panteón de Dª María, maestra que fue en el Pozo de la Serna, no era de allí pero aquí fue enterrada.



De estilo cercano al neogótico, se yergue solitario este bello panteón como sutil monumento para dejar constancia de que la vida se duerme mientras la muerte entra en vigilia.




Cuando dejó de usarse los restos fueron trasladados al cementerio nuevo, cercano.
Parece ser que fácilmente se empantanaba, con lo que se cerró para siempre.




A ambos lados del altar tenía dos ángeles.
Esta bóveda de cañón era algo inusual, lo normal habría sido de medio punto. Parece ser que hubo un esfuerzo en que no se hundiera dicha bóveda, los nervios adosados con posterioridad así lo demuestran. 
Un panteón, sin duda, hecho con mucho gusto.




En el 2006 aún se podían observar detalles arquitectónicos que han ido derrumbándose.




Mi amigo Miguel Mesa aporta sus conocimientos para detallar lo siguiente: Mausoleo de superficie rectangular con cubierta de medio punto sobre paredes de ladrillo macizo enfoscadas interior y exteriormente, con una puerta de entrada y tres claraboyas de ventilación, que tenían sendas rejas de forja labrada (aún queda una de ellas).
En su interior el enterramiento se haría en el foso existente en el suelo donde se podrían depositar al menos 4 sepulturas. El foso tendría probablemente  una losa de mármol para su cerramiento. También hay indicios de la existencia en la pared del fondo de una mesa de altar de fábrica de obra. Todo el conjunto estaba terminado con un enfoscado de mortero de cemento, revestido de pintura a la cal. Las jambas de la puerta tienen una formación curva que sigue el diseño de la cubierta.





María me contó que encontraron en la calle muerto a un hombre apodado " el aviador" y lo enterraron aquí. Me pregunto si ésta es su tumba.



No quisiera que pueda llevar a confusión el hecho de mezclar imágenes de años distintos. Dicen que morimos físicamente pero nuestro espíritu nunca. Platón escribió: "Cuando la muerte se precipita sobre el hombre, la parte mortal se extingue; pero el principio inmortal se retira y se aleja sano y salvo"
Al igual que una fotografía nos puede devolver el pasado o nos podrá herir en el presente, siempre quedará para la posteridad en el futuro. De niños no temíamos a la muerte, en la adolescencia vamos tomando conciencia de que esta podría alcanzarnos pero contínuamente la esquivamos porque la juventud derrocha vida pero ya en la madurez cuando nos asaltan las enfermedades, las flaquezas se alían con las dudas y llega ese momento en que tememos que todo pueda acabar, el miedo ya no es solo por el sufrimiento, es la desazón que nos oprime ante el desconocimiento de lo que habrá después. Y sin embargo conforme pasan los años vas olvidando que la muerte es tu enemiga. "Después de todo la muerte es sólo un síntoma de que hubo vida" Benedetti.




Hoy quisiera que fuese ayer. Y ayer que fuese mañana.
¿Cuántas veces hemos de morir?




En "El rey de Amarillo", Chambers escribió:

"A lo largo de la orilla rompen olas turbulentas,
los soles gemelos se hunden tras el lago,
las sombras se alargan
                                      en Carcosa.
Extraña es la noche donde brotan las negras estrellas,
y extrañas lunas orbitan a través de los cielos
pero aún más extraña es
                                                 la perdida Carcosa.
Las canciones que las Híades han de entonar,
donde flamean los andrajos del Rey,
deben morir sin haberse escuchado
                                                    en la sombría Carcosa.
Canción de mi alma, mi voz está muerta,
muere tú, sin ser cantada, como lágrimas derramadas
se secará y perecerá en
                                              la perdida Carcosa"





Agosto 2015.
                                  


Bibliografía: "San Carlos del Valle de Santa Elena y su emancipación de Membrilla" de Antonio Romero Velasco.
"Los molinos harineros del río Azuer" de Tomás Torres González, Diego Lucendo Díaz, Luis Alejandro García García y Manuel Melero Serrano.
"Ciudad Real, tierra de molinos de agua" de Domingo Melero Cabañas.




Mi agradecimiento a Miguel Mesa capaz de reconstruir cualquier edificio a pesar de su estado ruinoso.
A Sebas por su capacidad creativa, a mi hermano y a mi padre por sus aportaciones.
Y sobre todo a María, de Pozo de la Serna,  por dar ese toque indispensable de humanidad que ha devuelto la esencia a ese cementerio viejo de su localidad. Gracias.







14 comentarios:

  1. Enhorabuena Rosa una vez mas por tu estupendo trabajo, que mas que trabajo es un placer para ti, bien ilustrado y bien documentado. Se nota que pones todo en cada momento, así es como se vive intensamente

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    1. Si no viviésemos intensamente, ésto no tendría sentido. Cada uno debe buscar ese algo que le haga feliz. En mi caso son los caminos y lo que en ellos me encuentro. En el tuyo, la fotografía. Sonríe, cada mañana que te levantes, a la vida...y vuelve a coger la cámara. Un saludo.

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  2. Buenas tardes Rosa, ya hemos comentado varias veces que lo que tenemos cerca, es lo que más tardamos en descubrir
    Yo personalmente después de pasar mil veces o más por el pueblo,y hace unos diez años que entré en él.
    En cuanto a tú entrada, envidiable y admirable, como siempre hay muy pocas personas que superen tu entrada, si es que hay alguna, un abrazo y las fotos espectaculares.

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    1. Cuando quieras hacemos una excursión por San Carlos. He sacado pocas fotografías del pueblo para así tratar de conseguir que la curiosidad permita que los que apenas lo conocéis, acabéis por ir a verlo. Nunca defrauda, además cerca hay otros lugares muy interesantes. Ya ves, hazte viajero de nuevo y disfruta de esos días en los que tu salud te lo permita. Y si estás "en horas bajas", viaja igualmente, debería ser prescripción facultativa el viajar a diario. Un abrazo.

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  3. Es una suerte seguir tus pasos que desempolvan al tiempo y a la tierra a la vez. Disciplinas como la historia, literatura, historia del arte y geografía cristalizan en esta entrada para formar una piedra preciosa, ya anunciada en las dos primeras líneas que bien podrían ser versos.

    Enhorabuena, un abrazo.

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    1. Gracias Antonio por tus palabras. Lo importante de todo esto es que estoy aprendiendo temas que ya tenía olvidados. Intentar mostrar esos lugares del Campo de Montiel que aúnan historia y singularidad en su paisaje, añadiendo un toque de literatura, es un objetivo que me planteo en este verano que me tiene abstraída de mis viajes habituales. Un abrazo.

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  4. Rosa que envidia sana Medas, de esa capacidad que tienes para exponer las palabras tan bonitas,y como no lo explicas todo, gracias a ti todo lo que vamos a ver y aprender de todos los sitios y las foto preciosas me encanta Rosa un abrazo.

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    1. Paqui, todo ésto que muestro lo tienes relativamente cerca. Incito a viajar porque la medida del tiempo es mucho más corta cuando nos dejamos atrapar por lo que nos rodea. Así que aprovecha y escápate para redescubrir esta tierra. Muchas gracias amiga. Un abrazo.

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  5. Si a mí me dicen que en la llanura de los Campos de Montiel existían molinos harineros movidos por agua, me costaría trabajo creerlo, y te diré el porqué. Yo he tenido la suerte en el año 1987 de ver en plena faena de molienda, incluido presenciar el cierre del trato de la “maquila” entre el maestro molinero y un paisano de la Sierra de Segura, en concreto en cauce del río Madera, justo antes de su desembocadura en el río Segura, muy cerca de la Huelga Utrera y que aquí se hace muy caudaloso, mover la piedra del molino que se “las pelaba”, y salir harina más “blanca que la leche” y más suave que el “culo de un zagalillo”, pero figurarme que en la Mancha existían numerosos cauces de 700, 800 o más metros alimentando muelas de molino ¡ni por asomo!. Siempre había pensado en los molinos de viento. Así que gracias a ti por trasladarnos a otras épocas, dedicarnos tu tiempo, tu buen hacer, no te digo que eres un primor, pues me da vergüenza. Gracias por todo lo que nos regalas. Por ciento hoy ha tocado el color amarillo ¿o no?

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    1. Había unos 38 molinos harineros solo en el río Azuer y éso que es de poco caudal y además de mediana longitud. A mí también me sorprendió la primera vez pero el ingenio siempre ha ido de la mano de estas gentes. Es una pena que se hayan perdido tantos. Por suerte en la gran obra de Domingo Melero quedan todos bien detallados.
      Sí, esta vez dediqué la entrada al color amarillo, este color predominante del verano en estos campos, monótono la mayoría de las veces, pero con una tonalidad única al amanecer y al atardecer y por supuesto cuando surgen tormentas, el contraste es muy bello.
      Gracias, una vez más por tu ayuda. Esta entrada tiene un especial protagonista y ese es el pequeño cementerio de Pozo de la Serna. Han pasado varios años y se pierde inexorablemente, se desvanece como en un espejismo, quedando atrapado por el amarillo del paisaje. Ahora, gracias a ti y a María, sabemos algo de él, ya tiene historia. Un abrazo.

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  6. De lo más interesante Rosa.
    Creo que lo inefable es la verdadera vida, la verdadera muerte.

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    1. He de reconocer que siempre llevas razón o por lo menos, me lo haces creer con esa pasión con la que defiendes todos tus argumentos. Espero que con la entrada que publiqué ayer, acierte, o por lo menos me aproxime, con el sentido que das a la palabra inefable. Un saludo.

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  7. Hace un tiempo tuve la oportunidad de desayunar en la terraza de una cafetería que hay en la maravillosa plaza de San Carlos del Valle. Fue en primavera, aunque recuerdo que hacía calor, tanto que apenas pasaba gente y un bello silencio me acompañaba mientras degustaba mi café. Descubrí su original y bella iglesia, encuadrada dentro de un conjunto arquitectónico singular, que me fascinaba. Me gusta el nombre de San Carlos del Valle, y tu nueva entrada hace referencia a este pueblo, que pese a no haberlo visitado más que una vez, me cautivó tanto como tu reportaje. Por supuesto no tenía ni idea de que existieran los molinos, esos de los que con tanto rigor y pasión nos hablas. Me ha maravillado tu nueva entrada, siempre logras sorprenderme y hacerme aprender. La belleza de estos viejos molinos junto con la secreta y emocionante historia que guardaban, nos la has contado con sencillez y a la vez haciendo gala, como siempre, de tu gran capacidad investigadora y de tu especial sensibilidad. Entroncar la entrada con Bierce, me ha parecido genial, bello y misterioso, y atrae pensar si en este lugar de la Mancha, en ese pequeño cementerio no estuviera enterrado "el aviador", como lo llamaban. El color amarillo del estío acompaña las soledades de estos campos manchegos entre molinos y caseríos, un color amarillo tan potente como esta nueva entrada tuya, que me fascina, así como tu trabajo y tu talento. Un abrazo, Rosa y gracias por regalarnos tus saberes, investigaciones, y tu prosa, extraordinariamente poética.

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    1. A mí también me sorprendió bastante la primera vez que vi estas maravillas de plaza e iglesia. De hecho he vuelto en otras ocasiones pero nunca he estado dentro del templo. Me cautivó desde el principio la historia que hay detrás de todo, por éso la añadí a la entrada. Por otra parte, los molinos son siempre interesantes, pero en verano apenas puedes traspasar ningún límite. Aproveché una mañana gris y espléndida para acercarme, pero tengo que regresar para verlos más detenidamente en primavera.
      Leí hace bastante tiempo "El Rey de Amarillo", sé que se hizo famoso este libro a raíz de una serie, "True detective", que por cierto no he visto. Me gusta relacionar de alguna forma la literatura con la fotografía. Pensé que al citar el amarillo, tan predominante en esta entrada, no podía dejar escapar la ocasión de nombrar este libro tan interesante. En él no solo aparece en varias ocasiones la referencia al "libro maldito", también surge Carcosa, ciudad fantasma. Lo primero que me vino a la mente, en esta rueda de casualidades, fue que el pequeño cementerio parecía un espejismo y que en cualquier momento la tierra se lo tragaría, el tapial y la tierra yerma dan esa sensación. Luego recordé que Bierce fue el primero en nombrar esta ciudad en su cuento: "Un habitante de Carcosa". Aquí es muy fácil que descubras la relación con lo que he escrito, gracias a internet puedes leerlo. Si a todo ésto le unes que a Bierce jamás se le encontró y que para ciertos autores murió fusilado junto a la tapia de un cementerio, podría cerrar este ficticio círculo en el que me había introducido. La historia que me contó María sobre el aviador hizo el resto. Con los años he perdido muchas facultades, ¡quién pudiese volver hacia atrás!, pero a la hora de imaginar, creo que ahí aún me queda camino. Aunque puestos a fantasear me habría encantado que este hombre anónimo fuese Saint-Exupéry. Muchas gracias por tu comentario, hoy los dos nos hemos extendido. Un abrazo.

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