sábado, 5 de noviembre de 2016

DESDE LOS HUECOS DE BAÑARES.JAÉN.

Intenta demostrarme que el cielo no cobija estrellas cuando los ojos se han cerrado. Intenta comprender por qué Jaén limita al norte con mis pupilas, al este con mi corazón, al oeste con una breve despedida y al sur con la tinta de mis dedos.
Veo a Jaén como una mera necesidad de ser otra provincia pero estas montañas, valles, ríos, cortijadas...no tienen nada que envidiar a otras regiones. Es por ésto por lo que no encuentro el momento de partir de aquí.
 Estos lugares por los que ahora transitamos, antes vieron el trabajoso deambular de los arrieros con el transporte de sus mercancías, de los niños a la escuela, de hombres que con urgencia iban a buscar al médico, del cura que acudía solo en fechas señaladas... Se lidiaba con el hambre, se disfrutaba con las fiestas, se trabajaba con esfuerzo una tierra dura y los caminos recopilaban un archivo sin igual de historias emotivas. Era una auténtica odisea partir desde Segura la Vieja por sendas que la conectaban con este núcleo. Incluso hoy en día es necesario invertir muchas horas para acceder a estos recónditos lugares, es un largo paseo desde el apeadero que hay cerca del cortijo de Nava del Espino o los 13,5 km que te encuentras desde Alcantarilla de Arriba (Albacete) hasta Prado de Juan Ruiz. Imprescindible verlo en primavera cuando el colorido estalla entre el deshielo de las nieves que aún permanecerán un tiempo en sus elevadas cumbres. En otoño e invierno habrá que caminar con cuidado por las cacerías.
Hay algo en un hombre llamado Miguel Mesa que contagia, puede que sea esa capacidad para movilizar hasta las piedras a su paso. Contacté con él para pedirle información sobre Prado de Juan Ruiz. El inicio del hilo se convirtió en ovillo, los datos fueron creciendo como cuando reconstruyo las paredes de unas ruinas.
Esta entrada es hoy un cuaderno abierto, no he podido visitar todas las cortijadas de Los Huecos de Bañares porque hay algo en esta ruta de juego laberíntico, lo que en un principio comienza con una larga pista que une los términos de Segura de la Sierra y Siles con Yeste, conforme te introduces en ella van surgiendo senderos que a su vez se bifurcan para conectar algunas cortijadas entre sí.
Cuesta entender hoy en día que aquí viviesen durante los años 50 más de 70 familias o cómo compartían una misma ermita o un único cementerio o una pequeña tienda. Cuesta comprender cómo todos se unían para celebrar las fiestas y cuesta entender cómo se puede ser feliz con tan poco.
Permítame el lector de esta página que juegue con su desconocimiento; que habilite donde no es, un cementerio o una ermita; que construya donde no lo hay, ese mundo que se dobla como un mapa para poder salvaguardarlo a mi manera.
Esta entrada es en gran parte de Miguel, los datos en cursiva son suyos, obra la magia que surge de la memoria de sus amigos de Segura, de la adorable Matilde nacida en Los Huecos, de Esperanza, de Julia y de Javier, solitario pastor que no duda en quedarse en esta tierra, que sueña y vive en su sueño como último guardián de la tierra a la que tanto quiere.




Me viene a la memoria unos bellísimos versos de Miguel Hernández:"...temprano madrugó la madrugada..."
Para iniciar este viaje siempre llevo a la ilusión por compañera. 
Segura de la Sierra surge, en un día gris, acicalada para recibir a la Navidad.




Una mirada hacia los Huecos de Bañares que se tornan azules con las primeras horas del día.




Morillas tiene un encanto especial, su ubicación, la luz que intensifica el blanco de sus paredes y el hecho de que aún esté habitada.




Morillas de Abajo me tuerce el gesto, no encuentro como poder acceder a ella. Y el paraje donde duerme es tan airoso.




El núcleo más grande era el Prado de Juan Ruiz, contaba con una decena de viviendas. Cuando llegaban los carboneros acompañados por toda su familia, eran hospedados en las casas de esta cortijada. Se adecentaban las cuadras, blanqueando con cal su interior incluso el empedrado del suelo. Los animales eran sacados al sereno mientras duraba la campaña de obtención del carbón vegetal y el alquitrán, que eran envasados en odres o pellejos de animales, por lo general de cabras, que se hacían para este uso.




Sus ruinas están bien protegidas por un pinar que cohabita dichoso con encinas, nogales, espinos, rosales silvestres...y esas montañas que detienen la altura del cielo.




En las fiestas de San Isidro y en los banquetes de bodas, las vecinas se unían y preparaban pan que amasaban y corderos que asaban en los hornos árabes que solía haber en cada casa o al menos en cada cortijada para uso de todos los vecinos.




Las puertas, acogedoras entradas a estancias hoy vacías y tristes, recogen silencios largos y entrecortados.




Duermen los sueños atrapados entre los espacios de estas piedras, son la mejor de las argamasas.




Imita la piedra a la montaña, quiere ser cima para elevar sus paredes y cubrirse de nuevo con tejados de íntima ternura.




Ya no humean las chimeneas, ni se encienden las estancias de animadas conversaciones entre vecinos.




Dejaré tu puerta abierta para que la mano que la hizo pueda cerrarla desde ese lugar donde descansas escondido.




Encalar tus paredes entre risas y acertijos, será uno de esos momentos que nunca caerá en el olvido.




Por ti ya no corren los niños para alcanzar la fuente.
Resistes los azotes del tiempo con la cautela del que sabiéndose frágil, encuentra donde esconderse.




El lavadero me irá contando anécdotas que ha ido recogiendo entre el rumor del arroyo y los bancales sembrados de hortalizas.




Subiré a verte porque tu luz encendida de amarillos refleja al sol como un espejo.




El padre de Matilde tenía una pequeña tienda, una estantería de madera donde almacenaba los productos que vendía a los vecinos. Este hombre iba a Siles, tardaba unas 5 horas en días buenos por senderos de caballería, con su mulo y compraba en las tiendas de allí víveres: sardinas en escabeche, bacalao seco, arroz, semillas, trigo...y unas latas grandes de atún que luego vendía a los vecinos por gramos según el poder económico de cada uno.
Había otro personaje, "el Recobero" que practicaba el trueque. Iba a las aldeas con sus borricos en donde llevaba telas, artículos de limpieza y aseo, hilos de coser y otros utensilios que cambiaba por huevos, patatas y otras hortalizas. Las mozas juntaban huevos para estar preparadas para la llegada de este buen hombre.




De nuevo una estrofa rasga el silencio en mi mente:"...volverás a mi huerto y a mi higuera; por los altos andamios de las flores pajareará tu alma colmenera..."




Las bodas tenían un encanto muy especial. Se casaban entre los vecinos, en realidad se rejuntaban, a la espera del cura, el cual no podía acudir hasta alguna fecha importante dada la lejanía y los malos caminos por recorrer.
La novia no vestía de blanco, eran trajes de color oscuro que ellas mismas confeccionaban.
Las fiestas duraban tres días, colaborando todos los vecinos. Las mujeres elaboraban los manjares, amasaban y cocían el pan. Cocinaban gallinas, asaban corderos.
A la novia se le regalaba utensilios para el hogar. Por lo general se quedaban a vivir en casa de los padres en una habitación que adecentaban para la pareja.




Los Huecos de Bañares están formados por dieciséis cortijadas o núcleos de población:
El Centenar, El Recodo, La Tiná, Cañada Chica, La Espinea de Abajo, La Espinea de Arriba, Las Lagunillas, El molino del Rubial, Los Centenarejos, El Horcajuelo, La Caña, El Toconal, Morillas de Arriba, Morillas de Abajo, El Collao y la más grande de todas, Prado de Juan Ruiz.




El sitio más cercano donde había un médico era  Segura o Siles. Se tardaba en caballería por lo menos 5 horas en llegar a través de senderos. En las aldeas existía la medicina tradicional a base de hierbas naturales.
Una mujer hacía de comadrona en las casas. Paradójicamente, las gentes llegaban a una edad avanzada, era normal ver ancianos de más de 90 años.




Hoy se abre entre estas cortijadas una pista, no apta para turismos pero sí para senderistas. 
Un sendero de límites ambiguos, de huecos que son valles, de arroyos que son ríos.




Me asomo a la pared del cortijo del Centenar. Se abre al encinar sobrevolando los surcos que el hombre arañó a la tierra.




El Toconal se oculta en un entorno mágico y sorprendente. Hoy no puedo alcanzarlo pero la mente se recrea buscando su fuente y alberca.




En el Collao se encontraba la escuela, aquí acudían todos los niños de las dieciséis cortijadas. Los de Prado de Juan Ruiz tardaban en llegar casi hora y media. Así sucedió que las familias de Prado llamaron a un maestro "ciruela", era un hombre bajito con minusvalía, según decían "más listo que el hambre". Enseñaba casa por casa. Su salario era la comida y cama y algo de dinero.
Aquí también hubo herrería y tienda de comestibles.




"Podrás cortar la luna en trocitos para después amasarla y hacer pan que perdure mientras tengas hambre".
Las palabras se quiebran y enlentecen el ritmo durante la noche.
Siempre pienso en como la oscuridad borra lo que el día nos regala.




Para todos los Huecos había un cementerio en Cañada Chica, justo al lado de la ermita.
Hoy está oculto por un pinar pero se pueden ver algunas cruces.
 Era un vecino el encargado de fabricar los ataúdes. Por lo general no se hacía ningún rito religioso hasta que llegaba el cura de Segura, que podía tardar días o meses. Se le decía una misa al difunto acudiendo todos los vecinos.




Tras tu ventana se cierran las miradas que no echaste, los cuencos que no se llenaron, las manos que no se unieron.




Atraídos por la fuente jugábamos a ser barqueros con la esquina de un papel repleto de malos versos.




Lavabas la ropa blanca y colgabas de una encina. Se adornaba con la flor de la manzanilla, con el aroma de la mejorana y con coloridas semillas.
La Taína es una gran cortijada arropada por un centenario encinar.




Las encinas no se estremecen, aguardan no ser vencidas. 
Acompañan al caminante y ofrecen su sombra. Cercanas a la fuente, el mejor asiento para la comida.




Para todas las cortijadas había una sola ermita ubicada en Cañada Chica con la imagen de San Isidro, patrón de los Huecos de Bañares. Además contaba con las imágenes de la Virgen Milagrosa, San José y un Sagrado Corazón de Jesús. Al marcharse los vecinos todas fueron trasladadas a la iglesia de Segura. La fiesta patronal era pués el 15 de Mayo. Allí se juntaban los vecinos durante tres días. El día principal se sacaba el santo en procesión. Los vecinos a la puerta de la iglesia hacían apuestas a la voz de:"¡santo para adentro!" (del interior de la ermita); "¡dos duros!", por ejemplo y otro decía:"¡el santo para afuera!", "¡tres duros!". Y así iban por las puertas de las casas subastando, unos daban dinero para que se quedara el santo dentro de su casa por un rato y otros para llevárselo a la suya. Así compraron la imagen del Sagrado Corazón.




La fiesta también tenía un caracter solidario. Había un vecino que se dedicaba a ir casa por casa a pedir víveres que luego juntaba y ayudado por una bestia con un serón se acercaba a las viviendas de los que menos posibles tenían y los repartía.
También se celebraban las cruces de Mayo. En Prado se colocaban dos o tres.




Los vecinos llamaban a músicos de Segura, a Quisco "el Rateta" y a Valeriano para animar los bailes. Tenían un laúd y una guitarra y para cuando tenían más dinero, les acompañaba uno con acordeón que era de Cabeza la Mora. Bailaban jotas serranas hasta altas horas de la noche alumbrados por candiles, velas y fogatas.





Este manto vegetal tan amplio y variado intenta eclipsar a las montañas que emergen desde el horizonte.




El espino ejerce su poder de atracción, rompe y rasga con sus púas el aire que transporta el olor a tomillo.
El otoño toma como base su corteza.




Es ésta la zona más abrupta y escarpada de los Huecos de Bañares, aquí la vista pierde el equilibrio cuando se asoma a sus perfiles.




Las familias se alimentaban fundamentalmente de lo que producían los hortales y de los cereales que cosechaban. Hacían conservas de tomate y pisto, mermeladas...Y gallinas, corderos y cabras para así obtener huevos, leche y carne.
El pescado que comían era de conservas:sardinas, atún y bacalao que traían de Siles y Segura.




Tus dorsales descienden con precipitación hacia el arroyo de Prado de Juan Ruiz que a partir de ahora cambiará su nombre por el de la Espinea.




Venir aquí es hacerlo sin prisas. Hacen falta más de dos días para recorrer estos caminos, para saborear su esencia, para descubrir cada rincón que aparece velado por las siluetas de miles de pinos.




Y la sorpresa llega contigo, a tu altura estoy cuando me viene a la memoria esa imagen de Los Centenares desde un mirador de ensueños. Por algo te llamarían Los Centenarejos.




Los Centenarejos se agarran a la tierra para no ser devorados por el barranco.
No hay palabras para explicar cómo el corazón se encoge, cómo la mirada se pierde, cómo la dicha te embarga cuando ves esta panorámica.
Quedas derrotada por la suerte de imágenes que durante el trayecto por estos Huecos de Bañares terminan desafiando al mejor de los arquitectos. Y te preguntas cómo sin apenas medios estas gentes obraron la maravilla de construir sus vidas entre este increíble espacio.




Cuando llegaban los Santos en el mes de noviembre se celebraban las Fiestas de Ánimas, volvían a llamar a los mismos músicos, su salario era la manutención, la cama y algo de dinero que recogían los vecinos. Su misión era tocar en los bailes que se hacían en las casas. Si llegaban vecinos de otra cortijada ofreciéndoles mejores condiciones laborales, se los llevaban y así los músicos podían tirarse casi un mes en los Huecos de Bañares.




Tu casa que se desploma entre requiebros, a solas. La brisa aquí es de nube verde, de viento que estremece hasta los cimientos. Tu casa tiene por escombros el desaliento; por puertas, tu osadía.




Necesito ver que el mundo sigue ahí abajo, confinado entre elevadas paredes que dan miedo.
Las piedras ruedan a mi paso mientras el cielo agarra con firmeza estas casas.
Las horas pasan lentas entre sus paredes. Mi tiempo es ahora su tiempo.




Frente a tí, Royoseco, al otro lado del barranco, desafiando a la cordura.
Para ir a verte hay que recorrer más de 50 km.
Me marcho no sin antes recitar:"...volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores."


Diciembre 2015.



Mi agradecimiento y admiración a este buen hombre, Miguel Mesa, autor de dos blogs muy interesantes:
"El chilanco Elías" y "rutassierrasegura.org". Es precisamente en este último donde pueden encontrar información detallada  de los Huecos de Bañares.
Y a sus amigos Matilde, Esperanza, Eusebio, Javier...que han compartido con él su tiempo y sus historias para que pudieran tener cabida en esta entrada.



8 comentarios:

  1. Primero leí de forma aturullada esta nueva entrada que nos regalas, después de una forma más tranquila, y la verdad que me he quedado sorprendido de cómo eres capaz de sacar de la contemplación de unas ruinas, tanta belleza, sensibilidad, dulzura…….; Con tus palabras nos transportas a otra época y nos haces sentir a la vez: nostalgia y alegría de la vida de antaño. Como no quiero caer en la pedantería, pues no se usar las palabras adecuadas, te doy las gracias por este encanto de narración de tu viaje a los Huecos; espero como bien dices, que esto sea el inicio de una aventura que te llevará de nuevo a este escondido paraje de Segura de la Sierra y nos sigas contando tus vivencias. Por cierto para las personas que no lo sepan, este enclave de Segura se ubica dentro del término municipal de Siles. Gracias de nuevo.

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    1. Sí que sabes usar las palabras adecuadas y te agradezco tu sensible comentario.
      Siento nostalgia de la vida de antaño porque crecí escuchando emotivas historias sobre cortijadas. Antes, cuando entre padres e hijos había mucha más comunicación y el único entretenimiento era una vieja radio, se prestaba mucha más atención a lo que ellos nos decían y aconsejaban. Nos sorprende ahora que tenemos todo tipo de comodidades que antes con tan poco, ni se agobiaban y además eran felices. He conocido de primera mano lo que es tener pocos recursos y coincido con las personas con las que me voy encontrando en que no necesitábamos más, nos apañábamos con lo poco que teníamos y nos sentíamos bien, mejor que ahora. Aunque retroceder en el tiempo no nos gustase en este momento, te aseguro que sobreviviríamos. Es una ventaja haber comenzado de cero, te hace apreciar lo que tienes, lo que ves, lo que sientes, de una manera especial.
      Gracias por la puntualización sobre Siles y gracias por haber hecho posible que esta entrada viera la luz por fin.
      Volveré a los Huecos todas las veces que haga falta, allí me siento muy bien. Es curioso que busque en otras provincias algo que se encuentra aquí tan cerca y que siempre ha estado ahí, delante de mis ojos.
      Un abrazo.

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  2. He vuelto a leer el blog de Rosa que cuando lo descubrí me gustó mucho y no me ha defraudado, continúa con sus estupendas caminatas, captando y escribiendo los detalles con la sensibilidad que ella sabe hacerlo y yo envidio, pero ella es una poeta y a mí no me han adornado con ese Don. Querida Rosa, sigue así de activa física y mentalmente que eres un regalo para los que te seguimos

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    1. Gracias amiga mía por tus palabras. A mi me da envidia tu vitalidad y tu sentido del humor.
      La mente corrige a veces los defectos que físicamente se nos presentan, me refiero a esos "achaques" que intentan detener nuestro tiempo. Sé que contigo no pueden, conmigo tampoco. Un abrazo.

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  3. Gracias por un reportaje tan bonito y tan cuidado, yo naci en Cañada Chica, con estas imgenenes acompañados de tus comentarios he vuelto ha revivivr toda mi infancia, te agradezco infinito la publicacion de este trabajo, gracias mil.

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    1. Gracias a ti por dejarte emocionar. Soy yo quien tiene que dar las gracias a todos los que de una forma o de otra habéis sabido mantener en vuestro corazón el recuerdo de vuestra infancia en estas remotas cortijadas.
      Será en primavera cuando vuelva de nuevo a los Huecos, quisiera partir desde Alcantarilla y alcanzando Los Centenarejos poder llegar a Cañada Chica y buscar entre el pinar los restos de vuestro cementerio, de la ermita y de las viviendas que conformaron tu añorada aldea.
      Esta entrada está abierta para vosotros, para los que podéis revivir la nostalgia tantas veces nombrada.
      Un cordial saludo.

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  4. Precioso este poético viaje que invita a disfrutarlo al igual que colma ese ansia de viaje con tus palabras. Un abrazo.

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    1. Gracias Antonio. Una vez más me dejo atrapar por mi tierra, la llevo conmigo allá donde vaya.
      La poesía la da el paisaje, solo capto una ínfima parte, estoy aprendiendo. Un abrazo.

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