domingo, 29 de enero de 2017

DE LETUR A LA ALDEA ABANDONADA DE ALMAZARÁN. ALBACETE.

Recorriendo el paisaje de Letur me viene a la memoria una frase de Blake: "En tiempo de siembra, aprende; en tiempo de cosecha, enseña; en invierno, goza".
Letur es por encima de todo agua, de tradición árabe son sus sistemas de regadío que hacen de sus huertas un paraíso. Si además te sumerges en el intrincado laberinto de sus calles, el pasado aquí sigue siendo el presente.
En esta entrada rompo momentáneamente con lo que iba haciendo hasta ahora, es solo un paréntesis necesario para mostrar una colaboración entre amigos.
En esta ruta hasta Almazarán me acompañó Miguel Felguera, excelente fotógrafo y realizador de maquetas de edificios de una precisión exquisita. Como buen observador que es de la naturaleza, no pude tener mejor compañero de viaje. Esta ruta algo larga, unos 15 km, se me hizo corta con sus enseñanzas sobre este mágico entorno. Le había llevado hasta allí porque siento predilección por Letur, bellísimo pueblo que he visitado varias veces.
En realidad la excursión debía tener como objetivo alguna montaña, pero recordé que no hay nada más hermoso que la silueta de la Peña San Blas cuando te encaminas hacia Letur. Para otra ocasión dejaríamos pendiente su ascensión. Además me pareció que llegar hasta Almazarán era un subida especial, como de cimas a las que te diriges,  algunas veces dura pero con ese regalo que brinda el entorno donde se oculta.
Al llegar a la aldea doy paso a las sabias palabras del poeta Antonio Maldonado García, que ejerce de amigo mío desde hace ya 8 años, gracias a su sabiduría y afabilidad, me aproveché de uno de sus poemas en el que el protagonista,  su padre, narra lo que es la vida diaria de un gañán. Antonio le toma el relevo y hace suyas sus palabras descubriéndonos este relato del pasado, enriquecedor y entrañable, con sus penurias y alegrías, pero siempre duro como la tierra que se niega a ser arada.  El lugar donde podría discurrir la acción me venía perfecto, Almazarán.
Difícil se me hace transcribir las impresiones de este lugar, es cierto que para llenarme de lo que veo tengo que ir sola pero a veces una buena compañía es necesaria.



                       

El charco de los Canales se nutre del río Segura, es una piscina natural en el centro de esta bella localidad.



Saliendo de Letur por el camino de la Artezuela se llega a la cascada, es una ruta de unas 3 horas.



Volver la vista atrás para quedarse con la imagen de Letur, es algo que haré demasiadas veces.



"El huerto de los sueños". Romántico nombre para un entorno lleno de verdor y agua.




Me dejo llevar siempre por las ventanas y ésta con ese intenso color azul no quiere pasar desapercibida.




Puente sobre el arroyo de Letur.




Caminamos junto a acequias que muestran hasta donde llega la sabiduría del hombre.




Se va abriendo el día para hacer lucir de blanco las paredes de esta central eléctrica abandonada.




Hay dibujos que juegan hábilmente con la mente del que observa. 




Aquí vemos el mecanismo de apertura de una compuerta. Engranajes, piezas perdidas que dieron luz a mucha gente.




Es una interesante parada para ir aprendiendo...




...para evocar un pasado que no debería perderse.




Visto desde aquí cuesta creer que algún día apenas quedará nada en pie, ni siquiera el palomar.




El arroyo de Letur nos acompaña durante todo el trayecto.




Impresiona bastante encontrarse con la siguiente construcción abandonada a su suerte...




...una gran edificación junto a un molino para fabricar papel.




Visitar sus ruinas puede que fuese de lo más interesante de esta jornada.




Sentir el vacío del derrumbe, el silencio que se agolpa en rincones que antes acapararon sonidos de la rutina diaria.




E imaginar los hornos en pleno funcionamiento con la cercanía de los niños esperando la hogaza de pan caliente.




Y los pilones para abrevar los mulos llenos de agua limpia.




Ese azul que me retrotrae a mi infancia cuando pintábamos las paredes mezclando blanco de España, agua y azulete. A mi me tocaba hacer las rayas delimitando colores para el zócalo.




Reinventar la funcionalidad de las acequias llenándolas de agua sería ahora perfecto.




Volver a oir la sonoridad de la corriente, solo eso quiero.




Abajo quedan los restos del molino con un número junto a la puerta, señal inequívoca de que el valle estuvo poblado.



Continúo mirando hacia atrás, me atrae lo que dejo más si cabe que lo que me espera.




Ahora hay que desviarse a la derecha, entre pinos, jaras...nos espera la cascada.




Un puente nos conduce hasta una estrecha senda entre cantiles.




Siento siempre la necesidad de fotografiar agua por si puedo atrapar su dulce discurrir.




Senda encantada entre una vegetación muy cerrada.



    Foto cedida por Miguel Feguera.

La cascada es en realidad una presa, la de los Vadillos.




Vamos en un ascenso continuo. Se agradece que el día esté nublado.
En toda su grandeza, el paraje del molino y al fondo,  Letur.




Tengo la certeza de que Almazarán debe encontrarse cerca. El paisaje así lo indica, con esa mezcla de espectáculo que deviene a abrirse en cualquier momento.




Creo que se trata del Cortijo de los Pradillos. Una nueva excusa para volver a este paraje.




Un camino serpenteante que nos introduce por el alma de estas sierras.




Otras ruinas que hacen aumentar mi interés por la zona.




Creo que la sensación debe ser semejante a cuando un barco avista tierra, a mi me sucede igual.



    Foto cedida por Miguel Felguera.

Almazarán se presenta como preámbulo de un anfiteatro de montañas. El enclave es magnífico.




El encanto de las aldeas que se asoman a precipicios, que son parte de ellos, que comparten su vértigo y su equilibrio.




Sería ideal desenterrar la historia de este bello lugar. Solo sé que en los años 60 contaba con 70 habitantes.
Que aquí se producía un arroz de buena calidad. 




Antes he visto almendros, ahora son higueras las que asoman sus ramas por encima de las tapias.




Muros de tapial sobre piedra para resistir las inclemencias del tiempo.



    Foto cedida por Miguel Felguera.

Y una sensación enorme de soledad en un paraje que, a pesar de tener cerca la presencia del río Segura, aparece demasiado seco en primavera.




Siempre son puertas las que me reciben, abiertas como para estrechar lazos de amistad.




"Duermo en el poyo de la cocina gañanera,
en una saca de farfolla,
me levanto a echar un pienso a las mulas,
de paja y cebá,
me asomo al corral para ver si llueve,
pero, que va,
me calzo las albarcas, los leguis y almuerzo,
un cacho tocino y cebolla.




Saco la yunta, el remental, la sarrieta y la toza,
de mantas hago los rollos,
le pongo la albarda a la mula torda,
cargo el arao y el timón,
aparejo a la negra y saco la cuadra,
con la basura, lleno el serón,
cojo los ramales y me voy andando
por caminos y arroyos.




Llego al peazo, descargo la basura
y todos los aperos,
amadrino las mulas y les pongo el bozal
para que no coman siembra,
dejo el ato en la linde, a la sombra del chaparro
con un nido, engüerando la hembra,
calzo el arao, con la esteva, el pescuño,
la reja y los orejeros.




Doy arando las dos primeras vueltas
y está duro,
si no inca la reja, no hago barbecho,
cargaré el ato,
con el gravan en la dehesa vieja,
echaré un hato,
terminaré antes del mediodía,
casi seguro.



En una costilla de la toza llevo la bota,
en la otra el búcaro,
saco la petaca y de picao lio un cigarro
y lo enciendo,
se pone la cosa fea, antes de una hora
está lloviendo,
tendré que pillar camino del pueblo
y esta tarde no aro.




Esta tarde con esparto haré pleita
para hacer espuerta,
porque aunque ya tengo los capachos,
me falta una,
para cuando pasen Año Nuevo y Reyes
coger aceituna,
me asomo de nuevo a ver si llueve,
al quicio de la puerta.



      
Preparo los dediles, los ataeros y la hoz,
se acerca la siega,
también los amugues y al lado está el camal
para colgar el gorrino,
que está en la zaurda comiendo salvao
y pulpa del molino,
le echo que coma bien, que la matanza
muy pronto llega.




Después con las rejas me iré a la fragua
para éstas abuzar,
cojo el número de la barbería
donde voy y me afeito,
lleno la pajera de paja y de cebá el costal,
las albarcas me quito.
Veo a mis padres y luego a casa a cenar,
tras la calle cruzar".




Hay dos Almazarán, el de las hermosas vistas y el que le han arrancado de cuajo el alma.




Por suerte ni interesaban los techos, ni alcanzaban a ellos. 




Doy por sentado que las calles vacías son lo más hermoso de los pueblos. Las que dan mejor cuenta del abandono por ese desasosiego al no sentir la voz de nadie.




Me fascinan los números sobre las puertas, me hacen ver que el lugar era bastante más amplio de lo que muestra ahora. Y ese delicado trazo en su forma.




Ventanas de amplias paredes para detener el frío. No solo hay tapial en la aldea, también la piedra tiene presencia.




Siempre que veo una higuera me viene presto la rima de Miguel Hernandez:" Volverás a mi huerto y a mi higuera: por los altos andamios de las flores pajareará tu alma colmenera". Insuperable.




Visito cada rincón de tu pequeño laberinto.




Encuentro un horno, un pozo...pero, ¿ y la fuente?



Tejados de higueras que beben de la humedad del subsuelo, que cohabitan con paredes en perfecta sintonía.




Los corrales están hambrientos de mulas agotadas y del calor de los corderos.




Aquí me reencuentro con Miguel que sabiamente ha entendido mi elección de visitar la aldea a solas.




Entre esbeltos chopos desciende el camino hacia el vado de las Tobillas.




El Segura que nace en Jaén y que se alimenta del río Mundo, el Zumeta, el Taibilla y de arroyos como el de Letur.



    Foto cedida por Miguel Felguera.

Es aquí donde pararemos a comer, la mejor de las elecciones.




Regresaremos a Almazarán pero esta vez siguiendo una senda que nos muestra otra bella estampa.




Caminando entre huertos  se adivinan los recursos que contaba la aldea.




Son estos sencillos puentes los que incrementan el encanto de los senderos.



    Foto cedida por Miguel Felguera.

Esta aldea tiene hechizo, nuestro objetivo se dispara por cada esquina de su fisonomía.




Nos acercamos hacia un cortijo abandonando la senda que aparece marcada.




Entre escombros una puerta resiste para mostrar más vacío.




Y un granado en la linde anuncia la primavera. Algo permanece vivo.




Ya de vuelta nos encontramos que ha crecido considerablemente el arroyo.
El ingenio de Miguel nos permite salir a flote.




Ya muy cerca de Letur la vida se manifiesta con la presencia de estos bellos ejemplares.




Parece que la primavera se haya  estado removiendo  mientras hemos estado fuera.




Un merecido descando para merendar en el "huerto de los sueños".




Nos incorporamos a este espacio mágico donde conviven diversos tipos de árboles.




Entre olivos destacan unos bellos nísperos.




Letur con sus granados y huertas escalonadas.




Regresamos de nuevo al punto de partida. El agua es la protagonista principal.




El blanco de sus casas brilla intentando restar importancia a la naturaleza.




Por la ruta de los Cantalares se disfruta el paseo por un antiguo camino de herradura durante unos 2 km.




El charco Pataco es una parada obligada. 




Todo el recorrido merece la pena. Sendas estrechas," la cueva del frescor", las vistas...




Nueva parada junto a una gran noguera.



Me quedo mirando hacia el horizonte, esta ruta enlaza con la de la cascada. Allí a lo lejos sé que duermen entre hermosas montañas los restos de una aldea llamada Almazarán.



Abril 2016.



El poema de Antonio se llama "Diario de un gañán", valga la dedicatoria tan emocionante que hace para comprender lo que escribe, ese sentimiento que le pone: Por mi padre y tantos otros que dejaron parte de su vida detrás de una yunta de mulas, sufriendo las inclemencias del tiempo y trabajando de sol a sol, haciendo bueno el refrán: "Mientras descansas, machaca las granzas".
Su blog de poesía es:"Memorias de un niño de 60 años"

Para deleitarse con las fotografías de Miguel Felguera buscarlo en la página de Flickr.

En la página "Pueblos sin vida" pueden encontrar más información sobre Almazarán.

Esta entrada se la dedico a este ilustre gañán llamado Francisco Maldonado, abuelito entrañable que con sus 92 años nos devuelve al pasado con sus recuerdos.

10 comentarios:

  1. Rosa, enhorabuena por este nuevo reportaje. Aunque no lo creas, mi condición de técnico me hace ver tus fotografías de otra manera, pues gracias a ti, estoy viendo el tipo de construcción tan sencilla que empleaban en la construcción de sus viviendas, utilizando materiales que tenían en su entorno. En este caso en concreto: tierra y piedra suelta para el tapial, pino y cañas para las cubiertas y forjados, cemento con cal para los pavimentos, así como el típico encalado de las paredes con el color añil de la mancha. Gracias de nuevo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias a ti por tus enseñanzas. Siempre que voy a un lugar abandonado observo con atención las construcciones. A veces no encuentras techos, pero si paredes con restos interesantes, suelos, patios...Si apenas queda nada me acerco al pueblo más cercano y así me hago una idea de cómo debió ser.
      Ahora sé que cuando tenga alguna duda podré preguntarte. Muchas gracias.

      Eliminar
  2. Preciosa entrada que enlaza la figura de tres grandes hombres a un hermoso paseo con mucho arte, al que ya nos tienes acostumbrados. Gracias por compartir lo que ves y sientes.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Qué te puedo decir de tu padre y de tu abuelo que tú no sepas. Para mí son extraordinarios y disfruto mucho con ellos. Y de Miguel, que a su vez también es amigo de tu padre, creo que tiene por delante un buen futuro como fotógrafo. Un abrazo.

      Eliminar
  3. Enhorabuena rosa, por este y por todos los reportajes que nos ayudan a ver y entender mejor las rutas de senderismo que haces. Un placer haber compartido esta ruta contigo. Un saludo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. El placer también ha sido mío. Se ven de distinta forma los lugares cuando se va en compañía, se comparten opiniones y se aprende del otro.
      Gracias. Un saludo.

      Eliminar
  4. Hay muchas clases de rosas, espléndidas todas ellas, pero como mi Rosa, ninguna.
    Que tengass un gran día, feliz cumpleaños.

    Por cierto, la entrada de mi tierra muy bonita.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Tu tierra siempre es bonita, tiene esa acertada mezcla de una naturaleza exultante, pueblos encantadores y ruinas distinguidas. Pero lo más importante es tu amistad. Muchas gracias.

      Eliminar
  5. Me causa cierta desilusión las menciones que haces a la gran cortijada junto al molino que te encuentras en el camino:
    "Visitar sus ruinas puede que fuese lo más interesante de esta jornada" "Continúo mirando hacia atrás, me atrae lo que dejo más si cabe que lo que me espera", anteponiéndolo en belleza a la aldea de Almazarán, un lugar que tengo en mi mente conocer desde hace bastantes años. Quizá pueda ser que yo la tenga sobrevalorada y no sea tanto como yo pueda imaginar.
    Si en tu opinión Almazarán no es la estrella en esta jornada senderista ya me entran dudas.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Por fin me hacen un comentario no adulador. Me extrañaba mucho que alguien no estuviese de acuerdo conmigo.
      Pero me halaga lo que me dices. No es lo mío debatir, ésto es solo un blog personal al que te acercas, le echas un vistazo y si te gusta, lo lees. Por regla general, imagino que no todo el que entra, lo hace. Me cuelo escribiendo. Me alegro que tú si te detengas en hacerlo. Sacas unas conclusiones, por supuesto personales, de lo que doy a entender. Pero yo veo la naturaleza, las ruinas..puede que de una manera distinta a tí. Lo que para tí pueda ser más importante, para mí no necesariamente. Mi forma de observar, de entender es lógicamente particular. Aunque tu y yo fuésemos juntos caminando, puede que no coincidiésemos en determinadas apreciaciones. Presupones que Almazarán no es la estrella pero te equivocas, por delante hay un título en la entrada que lo reafirma. Digo "puede" que significa duda. Escribo "continúo mirando...", refiriéndome a que lo que me espera es esa larga y empinada subida que se nos hizo bastante dura. Ambos coincidimos en que si hubiese sido en verano tendríamos que habernos dado la vuelta. Se trata de una ruta de algo más de 5 horas que se puede alargar todo lo que uno quiera.
      Me dices que no has ido aun a Almazarán, debes hacerlo, pero camina desde Letur y cuando te acerques a la central y al molino, si te gustan las ruinas, me entenderás. Si solo te interesa la aldea, quedarás prendado de ella, sobretodo del emplazamiento. Pasear por ella es algo que nunca alcanzaré a explicar, solo hago una aproximación. A veces es muy difícil expresar los sentimientos. Pero eso sí, tú lo harás a tu manera y puede que coincidas conmigo.
      No dejes que la desilusión te alcance. No permitas que nada disuada tu objetivo.
      Fui hasta Almazarán por igual motivo que tú y se convirtió en la estrella de esta entrada.
      Muchas gracias por tu comentario. Un cordial saludo.

      Eliminar