sábado, 2 de diciembre de 2017

RUTA DEL HAYEDO DE LA COTORRA. ARCERA. VALDEPRADO DEL RÍO. CANTABRIA.

Por dónde empezar, por Arcera, por la Cotorra, por San Pantaleón o por Aroco. Además para ir al hayedo se puede partir del Barrio de Arriba o del Barrio de Abajo.
Disyuntivas que se me plantean a la hora de comenzar esta nueva entrada. Aquí me ocurrió como anécdota que me despisté a la hora de seguir la ruta, en lugar de adentrarme por un hayedo lo hice por un pinar. Sobre mediodía me encontré por suerte de nuevo en Arcera. Al cobijo de su bella iglesia estaba cuando se me acercó un hombre, luego se nos unió otro y la conversación fue virando hacia diversos temas. Al final me encontré compartiendo mesa y charla animada con un grupo de personas que aman Arcera por encima de todo, que me trasmitieron su entusiasmo, que me enseñaron que una antigua escuela, hoy centro de ocio, es el mejor lugar para reunirse, para hablar, para destapar nostalgias, todo ello aderezado por unas brillantes fotografías de varios artistas, compartiendo espacio con fotos antiguas de las que despiertan nostalgias, de las que lanzan dardos al destino para que retroceda en el largo camino que te devuelve a casa.
Como ando acostumbrada a los desamparos, a las pérdidas, a los inequívocos pensamientos que irrumpen en la vida diaria, hoy doy paso al acercamiento, a la mejor de las compañías, a los que te reciben sin conocerte y te abren la puerta de su casa.





Arcera, pequeña población de Valdeprado del Río, sí, del Ebro. Con sus dos barrios, cada uno con su propia iglesia.





"En Arcera de Arriba se encuentra la iglesia de San Miguel, edificada a finales del XII o principios del XIII, con ábside rectangular, pórtico y espadaña de tres cuerpos y tres troneras de arco apuntado y molduras en el hastial; sobre el arco triunfal lleva otra pequeña espadaña, con una tronera; las cornisas tienen sencillos canecillos y el ábside se cubre con una bóveda de cañón apuntado y nave con bóvedas".
Hay lugar para aprender, mientras copio estas palabras, recuerdo a mi profesora de Historia como nos enseñaba a través de las imágenes, luego pasábamos a la práctica. Es lo que hago ahora.






Apunto como siempre a lo mal llamado vulgar, a éso que acaba por definirse como sencillo, para mí, grandilocuente.




Como en Arcera hubo un tercer templo, San Pantaleón, del cual durante muchos años solo quedaba como muestra su preciosa espadaña, apunto, mejor divago, en que bien podría ser la segunda y esbelta espadaña que veo aquí la misma de la ermita derruida, imaginar que la piedra se recompone para poner freno al destino es solo una ilusión pasajera.  Caprichos de la historia, ensoñaciones de una caminante en una mañana de septiembre. Pero me equivoco, ambos templos contaban con dos espadañas.





Es la hiedra silenciosa la que arremete caprichosamente contra los muros, despacio, lentamente sugiere que aquí nunca debe dar el sol.





Al ir enumerando las fuentes, tu serás la primera y la única que mane agua en este verano tan desgarrador.





Aunque el lavadero, también incluído en ese catálogo de espejos del agua,  mana con fluida constancia.





Hoy en uso para tarabillas y alcaudones, lavanderas, petirrojos  y caracoles que buscan entre la menta su alimento.




Para el ganado siempre queda su estancia abierta, verde hondo de dispersas algas, la mejor medida de que no hay contaminación.





Me gusta la elegancia de los carteles en esta Cantabria del sur.
Al alto de La Cotorra hay 2 km, en total durante 10 km, más o menos, unas tres horas, disfrutaré de esta preciosa ruta.




Ahora caminaré entre escaramujos,  espinos,  robles, groselleros,  brezos, ...o ya que estoy en Arcera, debería decir escalambrojos, majuetos, rebollas, raspanillas, berezos...





 Es siempre la distracción la que me desventura porque los indicadores están bien señalizados.





Los brezales tejen la tierra, le salen escobas, multiplica la miel y despliega un soberbio colorido en busca de estación.





En mi segunda incursión por estas tierras, ya con las ideas claras, asciendo a las tres de la tarde, con un calor asfixiante, pero decidida a desfallecer ante la magna visión de un hayedo.





La subida por la "pista del gas" me deja exhausta, pero al llegar al alto de la Cotorra, 1.132 m, creo que el cielo se puede tocar sin conjeturas.





La tierra engendra hayas como los poetas versos.
Ahora en un precipitado descenso, pesa más el silencio que el aire.





El azafrán silvestre o quitameriendas o narciso de otoño o mataperros, cuántos nombres para distinguir una sencilla y hermosa flor.





Un tropiezo me detiene, dejo de mirar las copas, el camino se abre para, ya una vez reiniciado, encerrarme entre sus brazos-ramas como solo lo saben hacer los hayedos.





En un hayedo siempre me asaltan diálogos que enlentecen aún más el trasiego por ellos, la locura pasajera que inspira la incomunicación, el sentimiento de extravío, induce a comunicarse con las ramas:





-Despliégate.
-Hay silencios que entorpecen, que simulan ser sinceros. ¿Duermes cuando en realidad ya estás muerto?.
-Prodígate al destino, el te servirá, la suerte no está echada, la opción está en elegir, no temas, los sueños son inconstantes, nosotros somos el verdadero camino.
-No hay ilusión que no calme, no hay decisión que no se acabe, no hay mentira que no se engendre.
-No creas que los caminos se diversifican, se miden, se desnivelan, se dificultan, se viabilizan.
El tiempo se mide con paradas.




-No solo vuelan por Arcera el azor, el abejero, el aguilucho...No, también lo hacemos nosotras.




-Igualar senderos, es solo el principio de un sueño inagotable.




"El médico acudía de Cadaveo a través del hayedo, venía en carro de bueyes, tardaba unos tres cuartos de hora".




La soledad, injustamente infravalorada, es la manera fiel de entrometerse en el espacio de lo demás. Una se doblega ante la incapacidad que siente bajo la magnitud de ese mundo-tronco que escapa del roce de mi mano, perecedero, como el tránsito cadencioso de cada estación. Mira que tener que aguardar un año para posar los sentidos allí donde el silencio se llama abrazo.





Algo me duele cuando dejo de ver el hayedo y es la duda de si conseguiré regresar para no interrumpir esa serie de senderos que recomponen el indescifrable camino de sombras que se ciernen sobre la vida de cada cual.
Entrar para engrandecerse y salir empequeñecidos.





Un rincón donde rejuvenecer el alma, donde consumir los últimos minutos entre la fuente del ermitaño.





Descifrar el sonido del agua, la quietud de unas hojas, lo que nunca seremos.





Salgo del bosque y me encuentro con la ermita de los Remedios. De cabecera cuadrada románica y de sillería bien labrada, con ventanas abocinadas. Poseía un hermoso arco ojival con guardapolvos que fue robado antes de su restauración.




Ahora toca un poco de historia y apunto que  la Hermandad de los Carabeos se reunía aquí para tratar asuntos de importancia para varios pueblos. Para entender ésto sería preciso retroceder hasta los siglos XIV y XV,  en el extenso territorio de Valdeprado hay numerosos concejos, ahora se agrupan en dos Hermandades, los Carabeos y Valdeprado. El de Arcera-Aroco pertenecía al primero, según las ordenanzas contaba con 3 regidores, un fiel o diputado, nueve "nombrados"  y una serie de jueces que  se reunían anualmente.
Hoy mi sombra y yo dejamos constancia de lo escrito.





En descenso hacia la carretera que va de Barruelo de los Carabeos a Aldea del Ebro, un encuentro con los pastizales o como la escasez de agua acuerda palidecer la tierra.





"En los trabajos comunales, pese a la cantidad de tareas diarias del hombre del campo, debían de participar al menos uno de cada casa. La realización de estos trabajos comunales y el compartir de la bota y la comida daban unión al pueblo"






"El correo venía por tren hasta Mataporquera, de ahí a Reocín de los Molinos, desde aquí se desplazaba caminando al pueblo"






Un desvío a la derecha para emprender un último viaje entre robles y pinos.





El monte Bigüenzo, Aldea del Ebro, Loma Somera...Tanta soledad para mí sola.





La espadaña de San Miguel me mira. Ambas nos miramos. Sus armas son la inmortalidad y el nostálgico atardecer al abrigo de un denso robledal. 





"Su cementerio también es románico, con inscripciones y leyendas y un elevado ciprés"







"La última noche de febrero los mozos del pueblo, pedían las marzas por las casas del pueblo entonando canciones tradicionales. Los mozos que entraban aquella noche en comunidad eran los encargados en cargar con el saco de las limosnas. Al llegar a la casa los saludaban diciendo: "¿Cantamos o rezamos? Lo que nos manden haremos" Si les decían cantar, entonaban las marzas y sino rezaban un responso por los difuntos de la casa"







"El 14 de septiembre se celebraba la fiesta de la Cruz, había verbena con músicos que tocaban el acordeón, pandereta, guitarra y el ravel.
En la actualidad se sigue celebrando y además la "fiesta del verano", el 15 de agosto, una grata oportunidad para reunirse los que partieron"






"Marchábamos a estudiar a Montes Claros.
El cura, Matías vivía en el pueblo. Ahora ya no tenemos".





Allí disfruté de las fotografias antiguas, aquellas que devuelven nostalgias de antaño. Además compartían espacio en la escuela con las maravillosas impresiones tomadas de la naturaleza de Javier Alonso, Manuel Estébanez, Jon Maeso y José Miguel Martínez.





Hoy se sigue jugando a los bolos, antes entre los juegos tradicionales, nombres tan curiosos tan desconocidos para mí, como el rigurumento, los gallos, la machambra...
Pero la bolera sigue a la sombra de unos tilos.




"La iglesia parroquial de la Santa Cruz, situada en Arcera de Abajo, es una iglesia del siglo XVI, aunque aún conserva restos del antiguo edificio románico tardío.







La portada está formada por una única arquivolta de arco ligeramente apuntado, decorada con dos boceles, uno de los cuales es de menor tamaño. Tras este aparece un arco doble, prismático y sin decoración, y otro, el de la entrada, liso y prismático. La primera arquivolta carga sobre capiteles.
El arco de entrada presenta los cimacios adornados con un tallo serpentiforme punteado en cuyos nodos aparecen grabadas palmas. Una cruz patada se inscribe en un círculo, bien resaltada, en el primer sillar de la jamba derecha.
El idealismo me lleva a creer que tanto su nombre como el hecho de que tenga una cruz patada guarde relación quizás con los templarios. Es solo una conjetura.






El capitel izquierdo presenta el cimacio biselado y el propio capitel es angular, con los dos lados tallados con un molinillo que surge de las barbas de una cabeza masculina situada en el ángulo.





El capitel derecho es similar, pero las barbas presentan una flor de cuatro pétalos.





La fuente lavadero del Barrio de Abajo, hoy sufre la desgana del agua que no llega.




Contemplo tu factura, quizás de piedras reutilizadas. Dónde mejor para quedarse que en el mismo pueblo y para uso de todos.





"La casa normalmente tenía tres plantas. En la planta baja estaban además del portal, la bodega, donde se guardaba el grano, los sacos de trigo,de pienso...Al fondo del portal se encontraba la cuadra de las vacas y normalmente sobre ésta el pajar, que ocupaba la parte trasera de la casa. Al pajar se metía la paja, hierba y lo tardío por el bocarón...En la primera planta estaba la cocina y las habitaciones...Junto al tejado estaba el tercero o desván en el que se dejaban secar los frutos del huerto y también servía de trastero"






Pienso que si la vida nos diera otra oportunidad quizás desearíamos no haber sido personas. Ya que casi todo es perecedero, que la ignorancia es una cualidad que intentamos ocultar, que carecemos de sentimientos como la sinceridad, la ingenuidad, la simplicidad...,atributos que dejamos escapar cuando agotamos los años de la infancia, deberíamos poder elegir nuestro destino, eso creo desde la distancia, desde la pena que marca el confín de cada día. Nos hacemos viejos y no hemos aprendido apenas nada.





Nos agotamos como una fuente, apuntalando la última gota a la fatalidad de la indiferencia.




Pero escapando de la realidad hacia la nostalgia. Qué recuerdos me traes de cántaros a la espera de ser llenados.




Apunto, porque lo he leído,  que hay ausencia de gorriones debido a que el pueblo no está habitado de continuo.




Y vuelvo a apuntar que he encontrado otra fuente, destino de hierbas, anaquel de sombras de derrota.





"...En el siglo XX se construyen el cementerio, los lavaderos, aún en uso, y otras infraestructuras importantes, como la carretera, o el depósito del agua, la luz, las farolas, el teléfono. La guerra civil no afectó mucho a la zona, aunque causó división entre las gentes y en la postguerra se pasó hambre. En los años 60, Arcera, como otros pueblos de la zona, se despobló casi por completo  por la emigración de sus vecinos a las ciudades cercanas en busca de un nivel de vida mejor"
Hoy en el concejo Arcera- Aroco están censadas 40 personas.






A 500 metros de San Miguel existió una ermita, la de San Pantaleón. En 1978 caía el último y bellísimo vestigio de su existencia, su esbelta espadaña:
"Aún se conservan las ruinas de la vieja ermita románica de San Pantaleón, muchos de cuyos restos fueron aprovechados para las tapias de este lugar de Arcera; edificada a finales del XII o principios del XIII, tenía doble arcadura de troneras de arco apuntado con guardapolvos de baquetón y una puerta de arco apuntado con arquivoltas en el hastial sobre el que también existió una espadaña.
Debió ser importante por su ubicación estratégica en una loma, que la hacían visible desde puntos muy lejanos.
A principios del siglo XX  aún conservaba la nave, que tras un incendio, desapareció y sus piedras se reaprovecharon  para hacer el lavadero del Barrio de Arriba, el cementerio y algunos canecillos que adquirió Fontaneda, el de las galletas. A finales de los 70, la espadaña que aún permanecía en pie, se vino abajo por ser pararrayos y por la dejadez de que había sido objeto"






Me parecería que este viaje estaría incompleto si no mencionase que el año anterior visité Aroco. El y Arcera unidos en un concejo, igualmente en esta entrada.





Me trajo hasta aquí el GR 99. Gracias a él,  Loma Somera o Bárcena del Ebro quedan comunicadas con esta pequeña localidad. Mejor dicho, los antiguos caminos quedan recuperados gracias a este gran sendero.




Su bonita fuente a la sombra de grandes chopos.




Por pequeño que sea un pueblo siempre tendrá su glesia, aquí se llama de San Bartolomé y es del S XVI.





De origen rural, consta de una sola nave,cabecera abovedada y espàdaña sobre el hastial con tejado protegiendo la escalera de acceso a las dos troneras.





Podría dejar  un verso para cada despedida, podría mirar hacia atrás pero la memoria es frágil y la distancia por ello nunca se acorta.





Siempre me acabo por ir, ahora entre robles (quercus pyrenaica), sauces, alamos y chopos...y el Ebro enloquecido, me parece, ya que solo entiendo de arroyos y charcos. Es nuestro cauce idéntico, ahora somos árboles, a veces senderos, otras agua que pasa sin quedarse. La huella la dejan aquellos que saben hacerse querer.
Un apunte más, esta vez para volver, no ví las tumbas medievales que hay junto a los escasos restos de San Pantaleón ni el "roble de tres pies".


Septiembre del 2017 y del 2016.



Bibliografía:

-ARCERA, Asociación para la Recuperación y Conservación de los Espacios Rurales Abandonados, asociación cultural sin ánimo de lucro, descendientes de Arcera. La gran mayoría de anotaciones que hay aquí son de esta interesante página web.
-Asturnatura.com.



Mi más sincero agradecimiento a: Mari Paz, Margarita, Avelino, Miguel y Chuchi. Gracias por descubrirme vuestro pueblo, los datos que aportásteis a esta entrada aparecen en cursiva. Gracias por vuestra amabilidad.






6 comentarios:

  1. Cada vez haces mejores fotos, un saludo Rosa

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  2. En esta entrada las fotografías no están a la altura de la gran belleza de Arcera y más aún del hayedo. Sabes que prefiero los días nublados, grises, o con densas nubes, pero el día trascurrió así e intento que os hagáis una idea de como es esta preciosa ruta. Muchas gracias por tu comentario. Un saludo.

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  3. Rosa ya lo sabes todo, no tengo que decir nada tanto como escritura, fotgrafias,los sitios tan bonitos que gracias a ti los conocemos,y que tanto nos entretienes lellendo que me tienes pillada,bueno nos tienes que ahora también te sigue Juan Antonio, sigue que me encanta un abrazo.

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  4. La sencillez de vuestro gesto reside en la lectura, me acompañáis en cada paso, conmigo véis cada tramo de esta ruta de la Cotorra. Aprendéis conmigo lo que yo, gracias a los de Arcera, he aprendido. Y acabamos sacando la conclusión de que Cantabria es infinita. Un abrazo para los dos. Muchas gracias.

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  5. Un nuevo encuentro con tu poética alma, hecha imagen y palabra. Menlancolía y nostalgia del pasado, expresadas sin embargo en un presente al que le cuesta contener la esperanza y la vida, que no quieren dejarse ver, que no se atreven a derramarse, se esconden detras de los troncos y los muros, ignorantes de que hay miradas que traspasan los troncos y los muros. Un abrazo.

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  6. Confundiendo términos, comparando la esperanza con la espera, puedo decirte que de la vida no espero nada, es lo que he aprendido. Que sigo siendo la misma niña que compartía clase contigo en dibujo artístico pero a su vez, la misma que acudía sola a clases de dibujo lineal. Me escondo tras los troncos cuando viajo sola porque así lo decido, porque lo necesito, puesto que para atender lo que descuidamos, nada mejor que la soledad. Y sin embargo, en el trabajo diario sabes que me rodeo de mucha gente, a los que tengo la precisión de ayudar, porque también los necesito.
    La nostalgia va conmigo a todas partes. La melancolía es mi estado de ánimo, lo sabes tú bien. Es esencial que a nuestro paso por la vida nos acompañe siempre lo que vamos dejando en el camino, única forma que conozco de seguir caminando hacia adelante. Que tras tantos años sigamos siendo amigas es de las pocas cosas que han merecido la pena, por éso lo dejo escrito aquí. Un abrazo.

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